VIDA DE TEODORETO DE CIRO

09.09.2021

El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser entregado a manos de los hombres. (27 sept 2013)

Jesús acude espontáneamente a los sufrimientos anunciados por la escritura. Por eso se presentó él mismo a los que venían a prenderle, diciendo: Soy yo a quien buscáis. Fue abofeteado, escupido, injuriado, torturado, flagelado y finalmente crucificado. Aceptó que dos bandidos, fueran asociados a su mismo suplicio, siendo así contado entre los homicidas y malhechores, gustando también el vinagre y la hiel de una viña perversa; se burlaron de él golpeándole con una caña, fue atravesado por la lanza en el costado y, finalmente fue sepultado. Fue abierto su costado, pareciéndose con ello a Adán. Pero en lugar de salir de él una mujer que, por su extravío, engendró la muerte, brotó una fuente de vida, de la cual nacen dos arroyos para el mundo. Uno nos renueva y nos viste con el vestido inmortal en el bautismo; el otro, después del nacimiento, nos alimenta en la mesa de Dios tal como la leche alimenta a los recién nacidos.

Con la corona de espinas puso fin al castigo de Adán, porque éste, después del pecado, escuchó esta sentencia: Maldito el suelo por tu culpa: brotarán para ti cardos y espinas. Con la hiel, cargó sobre sí la amargura y molestias de la vida mortal y dolorosa de los hombres; con el vinagre, asumió la naturaleza degradada del hombre y la reintegró a su estado primitivo. La púrpura significó su realeza; la caña fue indicio de lo débil y frágil que es el poder del diablo.

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