SANTA TERESA DE CALCUTA

09.09.2021

1.- Orar siempre sin desanimarse. (15 ene 2013)

Ama orar. Siente a menudo la necesidad de orar a lo largo del día. La oración dilata el corazón hasta que éste sea capaz de recibir el don de Dios que es él mismo. Pide, busca y tu corazón se ensanchará hasta el punto de recibirle, de tenerle en ti como tu bien.

Deseamos mucho orar, pero después fracasamos. Entonces nos desanimamos y renunciamos. Si quieres orar mejor, debes orar más. Dios acepta el fracaso, pero no quiere el desánimo. En la oración quiere que seamos como niños, cada vez más humildes, cada vez más llenos de agradecimiento. Quiere que tengamos presente que todos pertenecemos al cuerpo místico de Cristo, en el que la oración es perpetua.

En nuestra oración debemos ayudarnos unos a otros. Liberemos nuestros espíritus. No hagamos largas oraciones que no se acaban nunca, si no más bien breves, llenas de amor. Oremos por los que no oran. Acordémonos de que el que quiere poder amar debe poner orar.

2.- La buena semilla son los ciudadanos del reino (30 Jul 2013).

No hay dos mundos: el físico y el espiritual; no hay más que uno: el reino de Dios en la tierra como en el cielo.

Muchos de entre nosotros dicen al orar: Padre nuestros que estás en los cielos. Piensan que Dios está allá arriba, lo que da lugar a tener la idea de una separación entre los dos mundos. A muchos occidentales les gusta hacer una distinción entre la materia y el espíritu. Pero cualquier verdad es una y la realidad también. Si admitimos la encarnación de Dios, que para los cristianos se da en la persona de Jesucristo, entonces empezamos a tomar las cosas en serio.

3.- Lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo (08 agt 2013)

La confesión es un magnífico acto, un acto de un gran amor. A él sólo podemos llegarnos como pecadores, portadores del pecado, y sólo de él podemos marcharnos como pecadores perdonados, sin pecado.

La confesión es siempre la humildad puesta en acto. Hace años lo llamábamos penitencia, pero verdaderamente se trata de un sacramento de amor, del sacramento del perdón. Cuando entre Cristo y yo se abre una brecha, cuando mi amor se resquebraja, cualquiera puede venir a llenar esta brecha. La confesión es un momento en que yo permito a Cristo llevarse de mí todo lo que divide, todo lo que destruye. La realidad de mis pecados debe ser prioritaria. A la mayoría de nosotros nos acecha el peligro de olvidar que somos pecadores y que debemos acercarnos a la confesión como lo que somos. Debemos ponernos ante Dios para decirle lo desolados que estamos por todo lo que hecho y que le ha herido.

El confesionario no es un lugar de conversaciones banales o de charlatanerías. Sólo hay un sujeto importante: mis pecados, mi dolor, mi perdón, cómo vencer las tentaciones, cómo predicar la virtud, cómo crecer en el amor de Dios.

4.- Jesús subió a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. (10 sept 2013).

Los contemplativos y los ascetas de todos los tiempos, de todas las religiones, han buscado siempre a Dios en el silencio, la soledad de los desiertos, de los bosques, de los montes. Jesús mismo vivió cuarenta días en perfecta soledad, pasando largas horas hablando de corazón a corazón con el Padre, en el silencio de la noche. También nosotros estamos llamados a retirarnos, de manera intermitente, en un profundo silencio, en la soledad con Dios. Estar a solas con él, no con nuestros libros, nuestros pensamientos, nuestros recuerdos, sino en una perfecta desnudez interior: permanecer en su presencia, de forma silenciosa, vacíos, inmóviles, en actitud de espera.

No podemos encontrar a Dios en medio del ruido, la agitación. Fijémonos en la naturaleza: los árboles, las flores, la hierba de los campos crecen en silencio; las estrellas, la luna, el sol se mueve en silencio. Lo esencial no es lo que podamos decir a Dios, sino lo que él nos dice, y lo que dice a los demás a través de nosotros. En el silencio él nos escucha: en el silencio, habla a nuestras almas. En el silencio nos concede el privilegio de oír su voz:

Silencio de nuestros ojos.

Silencio de nuestros oídos.

Silencio de nuestras bocas.

En el silencio del corazón, Dios hablará.

5.- Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar. (09 oct 2013).

Para llegar a ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseña a orar e igualmente nos enseña a ser mansos y humildes de corazón. Nada de todo esto llegará a término si no sabemos qué es el silencio. La humildad y la oración serán tanto más profundas en la medida en que el oído, el espíritu y la lengua hayan vivido en silencio con Dios, porque Dios habla en el silencio del corazón.

6.- Orar siempre sin desanimarse. (20 oct 13).

Ama orar. Siente a menudo la necesidad de orar a lo largo del día. La oración dilata el corazón hasta que éste sea capaz de recibir el don de Dios que es él mismo. Pide, busca, y tu corazón se ensanchará hasta el punto de recibirle, de tenerle en ti como tu bien.

Deseamos mucho orar, pero después fracasamos. Entonces nos desanimamos y renunciamos. Si quieres orar mejor, debes orar más. Dios acepta el fracaso, pero no quiere el desánimo. En la oración quiere que seamos como niños, cada vez más humildes, cada vez más llenos de agradecimiento. Quiere que tengamos presente que todos pertenecemos al cuerpo místico de Cristo, en el que la oración es perpetua.

En nuestra oración debemos ayudarnos unos a otros. Liberemos nuestros espíritus. No hagamos largas oraciones que no se acaban nunca, sino más bien breves, llenas de amor. Oremos por los que no oran. Acordémonos de que el que quiere poder amar debe poder orar.

7.- Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo. (03 feb 14).

Estamos llamados a amar al mundo. Y tanto amó Dios al mundo que le dio a Jesús. Hoy ama tanto al mundo que nos da al mundo, a ti y a mí, para que seamos su amor, su compasión, su presencia a través de una vida de oración, de sacrificio, de abandono. La respuesta que Dios espera de ti es que llegues a ser contemplativo, que seas contemplativo. Tomémosle la palabra a Jesús y seamos contemplativos en el corazón del mundo, porque, si tenemos fe, estamos perpendicularmente en su presencia. El alma, a través de la contemplación, saca directamente del corazón de Dios las gracias que la vida activa tiene el encargo de distribuir. Nuestras existencias deben estar unidas a Cristo, que nos habita. Si no vivimos en la presencia de Dios, no podemos perseverar.

¿Qué es la contemplación? Vivir la vida de Jesús. Es así como yo la comprendo. Amar a Jesús, vivir su vida en el seno de la nuestra, vivir la nuestra en el seno de la suya. La contemplación no es encerrarse en una habitación oscura, sino dejar que sea Jesús quien viva su pasión, su amor, su humildad en nosotros, que ore con nosotros, que esté con nosotros, y santifique a través de nosotros. Nuestra vida y nuestra contemplación son una misma cosa. No se trata de hacer, sino de ser. De hecho, se trata del gozo pleno de nuestro espíritu por el Espíritu Santo, que insufla en nosotros la plenitud de Dios y nos envía a toda la creación como su personal mensaje de amor.

8.- Alumbre así vuestra luz a los hombres. (09 feb 2014).

Los cristianos son para los demás, para todos los hombres del mundo entero, como la luz. Si somos cristianos, debemos asemejarnos a Cristo. Si aprendéis el arte de la deferencia, cada día os asemejaréis más y más a Cristo, cuyo corazón era humilde y estaba siempre atento a las necesidades de los hombres. Una santidad grande empieza por esa atención a los demás; nuestra vocación, si queremos que sea bella, debe estar del todo llena de esa atención. Allí por donde ha pasado Jesús, ha hecho el bien. Y la Virgen María, en Caná, sólo ha pensado en las necesidades de los demás y en comunicarlas a Jesús.

Un cristiano es un sagrario del Dios vivo. Él me ha creado, me ha escogido, ha venido a habitarme, porque tenía necesidad de mí. Ahora que habéis aprendido cuánto os ama Dios, ¿hay algo que sea más natural para vosotras que pasar el resto de la vida irradiando este amor? Ser verdaderamente cristiano es acoger plenamente a Cristo y llegar a ser otro Cristo. Es amar como somos amados, como Cristo nos ha amado en la cruz.

9.- Nuestro Padre. (11 mar 2014).

Sólo hay una voz que se eleva sobre la tierra: la de Cristo. Esta voz reúne y agrupa en sí misma todas las voces que se elevan en oración. Mucha gente no sabe orar: muchos no saben hacerlo y muchos no quieren hacerlo. Por la comunión de los santos, nosotros hacemos y oramos en su nombre.

Nosotros rezamos en nombre de aquellos que nunca rezan. La oración tendrá que ser como nuestro "negocio". Los apóstoles comprendieron esto a la perfección: cuando ellos se dieron cuenta de que corrían el riesgo de perderse en multitud de actividades, decidieron dedicarse a la oración al ministerio de la Palabra.

Dios quiere que seamos cada día más como los niños, más humildes, más agradecidos en nuestra oración y no se trata de orar sólo porque pertenecemos al Cuerpo místico de Cristo, que está siempre en oración. No hay duda de que "yo rezo", pero en mí y conmigo Jesús ora y, en consecuencia, es el Cuerpo de Cristo el que ora.

10.- Un pobre estaba acostado delante del portal. (20 mar 2014).

Cristo ha dicho: Estaba hambriento y vosotros me habéis alimentado. Estaba hambriento no solamente de pan, sino también del afecto bondadoso que le hace sentirse amado, reconocido, sentirse alguien a los ojos de otro. Ha estado desnudo no solamente de todo vestido, sino también de toda dignidad y consideración, ya que la mayor injusticia cometida hacia el pobre es despreciarle porque es pobre. Estuvo privado no sólo de un techo, sino también de todas las privaciones que soportan los encarcelados, los rechazados o excluidos, errando por el mundo sin que haya nadie que se preocupe por ellos.

Baja por la calle sin más propósito que éste. Mira a este hombre, allí, en el rincón, y ve hacia él. Quizás se irrite, pero estarás allí, frente a él, físicamente. Debes manifestar amor yatención a este hombre. ¿Por qué? Porque, para ti, se trata de Jesús. Jesús, sí, pero que no puede recibirte en su casa; he aquí la razón por la que debes saber ir hacia él. Jesús, sí, pero oculto en la persona que está allí. Jesús, en el más pequeño de nuestros hermanos, no está solamente hambriento de un trozo de pan, sino también de amor, de reconocimiento, de ser tenido en cuenta.

11.- Os he dicho esto para que... reboséis de alegría. (22 may 2014).

La alegría es una necesidad y una fuerza para nosotros, también psíquicamente. Una hermana que cultiva el espíritu de alegría siente menos la fatiga y está cada día dispuesta a hacer el bien. Una hermana rebosante de alegría predica sin predicar. Una hermana alegre es como el rayo de sol del amor de Dios, la esperanza de la alegría eterna, la llama de un amor ardiente.

La alegría es una de las mejores garantías contra la tentación. El diablo es portador de temor ybarro, toda ocasión para lanzárnoslo es buena para él. Un corazón alegre sabe cómo se ha de proteger.

12.- No juzguéis y no seréis juzgados. (23 jun 2014).

El amor deja de ser amor si no es compartido. Se tiene que traducir en la acción. Tenéis que amar sin esperar nada a cambio, actuar sólo por amor y no por las ventajas que reporta. Si esperáis algo a cambio, no amáis de verdad, porque el amor auténtico ama sin condición ni segundas intenciones.

Si urge una nueva necesidad, Dios os guiará como ha guiado a aquellos de entre nosotros que cuidan de los enfermos de sida. No juzgamos a estos enfermos, los cuidamos sin preguntar qué es lo que les pasó ni cómo han contraído la enfermedad. Creo que Dios nos transmite un mensaje insistente a propósito del sida: quiere que no veamos en ello nada más que la ocasión de manifestar nuestro amor. Los enfermos de sida quizás despierten un amor de ternura entre muchos de aquellos que habían eliminado la ternura de sus vidas.

13.- Feliz el servidor que, al regresar su dueño, lo encuentra trabajando.(28 ago 2014).

Si a veces tenemos la impresión de que el Maestro se ha ido, ¿no será porque yo me he alejado de una u otra hermana? Una cosa nos garantiza siempre el cielo: los actos de caridad y la gentileza que hayamos tenido en nuestra vida.

Nunca sabremos el bien que puede provocar una simple sonrisa. Decimos a los hombres lo grande que es Dios, lo comprensivo e indulgente: y ¿somos nosotros la prueba viviente de ello? ¿Pueden realmente darse cuenta de esa grandeza, comprensión, indulgencia viéndola viva en nosotros?

14.- Todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo: el sacramento de perdón. (07 sep 2014).

El otro día un periodista me hizo una curiosa pregunta: -¿Incluso usted tiene que confesarse? -Sí, -le dije-. Me confieso cada semana. -Entonces Dios tiene que ser muy exigente si hasta usted tiene que confesarse. -Seguro que su hijo a veces se equivoca, -le dije-. Y ¿qué ocurre cuando viene y le dice "papá lo siento"?, ¿qué hace usted? Lo rodea con sus brazos y lo besa. ¿Por qué? Pues porque ésa es su manera de decirle que lo ama.

Dios hace lo mismo. Nos ama tiernamente. Por lo tanto, cuando pecamos o cometemos un error, lo que debemos hacer es servirnos de eso para acercarnos más a Dios. Digámosle humildemente: "Sé que no debería haber hecho esto, pero incluso esta falta te la ofrezco". Si hemos pecado o cometido un error, digámosle: "¡Lo siento! Me arrepiento". Dios es un Padre que perdona. Su clemencia es mayor que nuestros pecados. Él nos perdonará.

15.- ¿Quién soy yo para vosotros? 26 sep 2014).

¿Quién es Jesús para mí?

Para mí, Jesús es el Pan de Vida,

Para que sea mi sustento.

El hambriento para ser alimento.

El sediento para ser saciado.

El desnido para ser vestido.

El desamparado para ser recogido.

El enfermo para ser curado.

El solitario para ser amado.

El indeseado para ser querido.

El leproso para lavar sus heridas.

El mendigo para darle una sonrisa.

El alcoholizado para escucharlo.

El pequeñín para abrazarlo.

El ciego para guiarlo.

El mudo para hablar con él.

El tullido para caminar con él.

El drogadicto para ser comprendido en amistad.

La prostituta para alejarla del peligro y ser su amiga.

El preso para ser visitado.

El anciano para ser atendido.

Para mí, Jesús es mi Dios.

Jesús es mi Esposo.

Jesús es mi Vida.

Jesús es mi único Amor.

Jesús es mi Todo.

16.- Entra en el banquete de tu Señor. (16 nov 2014).

Tengo siempre presente al Señor: con él a mí derecha, no vacilaré. Si algo me pide Jesús, es que me apoye en él, que me abandone a él sin reservas. No debemos intentar controlar las acciones de Dios. No debemos contar las etapas del viaje por las que nos quiere llevar. Incluso si me siento como un barco a la deriva, me entrego totalmente a él.

Cuando esto parece difícil, acuérdate de que no estamos llamados a tener éxito, pero sí a ser fieles. La fidelidad es importante, incluso en las pequeñas cosas, no por la cosa en sí, que sería de un espíritu mezquino; la grandeza está en hacer la voluntad de Dios. San Agustín dijo: "Las pequeñas cosas siguen siendo pequeñas, pero ser fiel en las pequeñas cosas es una gran cosa. ¿Acaso nuestro Señor no es el mismo con un pequeño que con un poderoso?"

17.- Puesto que has sido fiel en lo poco, recibe autoridad sobre diez ciudades. (19 nov 2014).

Hagamos lo que hagamos, aunque sólo sea ayudar a alguien a atravesar la calle, se lo estamos haciendo a Jesús. Incluso ofrecer a alguien un vaso de agua es dárselo a Jesús. Ésta es una pequeñísima enseñanza, pero cada vez más importante. No hemos de tener miedo de proclamar el amor de Cristo ni de amar como él amó.

El trabajos que hagamos, por pequeño y humilde que sea, convirtámoslo en un acto de amor a Cristo. Pero por hermoso que sea el trabajo, no nos apeguemos a él, debemos estar dispuestos a dejarlo. El trabajo no es nuestro. Los talentos que Dios nos ha dado no son nuestros, nos han sido dados para que los usemos para la gloria de Dios. Seamos generosos y usemos todo lo que tenemos para el buen Maestro.

¿Qué tenemos que aprender? A ser mansos y humildes: si somos mansos y humildes, aprenderemos a orar. Si aprendemos a orar. Perteneceremos a Jesús. Si pertenecemos a Jesús, aprenderemos a creer; y si creemos, aprenderemos a amar; y si amamos, aprenderemos a servir.

18.- Sintiendo lástima, Jesús extendió la mano y lo tocó. (15 ene 2015).

Los pobres tienen sed de agua, pero también de paz, de verdad y de justicia. Los pobres están desnudos y necesitan vestidos, pero también dignidad humana y compasión por los pecadores. Los pobres no tienen hogar y necesitan un refugio hecho de ladrillos, pero también un corazón alegre, compasivo y lleno de amor. Están enfermos y necesitan atención médica, pero también una mano caritativa y una sonrisa acogedora.

Los marginados, los que son rechazados, aquellos que no son amados, los presos, los alcohólicos, los moribundos, los que están solos y abandonados, los marginados, los intocables y los leprosos, los que viven en la duda y la confusión, los que no han sido tocados por la luz de Cristo, los hambrientos de la palabra y de la paz de Dios, las almas tristes y afligidas, los que son una carga para la sociedad, que han perdido toda esperanza y fe en la vida, los que olvidaron cómo sonreír y los que no saben lo que es recibir un poco de calor humano, un gesto de amor y de amistad: todos ellos se vuelven hacia nosotros para recibir un poco de consuelo. Si les damos la espalda, damos la espalda a Cristo.

19.- Es a mí a quien se lo habéis hecho. (23 feb 2015).

Jesús dice: Cualquier cosa que hagáis al último de vuestros hermanos, es a mí a quien me lo hacéis. Cuando acogéis a un niño, es a mí a quien me acogéis. Si en mi nombre ofrecéis un vaso de agua, es a mí a quien me lo ofrecéis. Con el fin de estar seguro de que habíamos comprendido bien lo que decía, afirmó que así es como seríamos juzgados a la hora de nuestra muerte: Tuve hambre, y me distéis de comer. Estaba desnudo, y me vestisteis. No tenía hogar, y me alojasteis.

No es simplemente hambre de pan de la que se trata; es de un hambre de amor. La desnudez no concierta; es de un hambre de amor. La desnudez no concierne sólo al vestido; la desnudez es también la falta de dignidad humana y de esta magnífica virtud como es la pureza, así como la falta de respeto de unos a otros. Estar sin hogar no es sólo no tener casa; estar sin hogar también es ser rechazado, excluido, no amado.

20.- El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

(24 abr 2015).

Jesús nos habla con ternura cuando se ofrece a los suyos en la santa Comunión: Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que como mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. ¿Qué más podría darme mi <Jesús, además de su carne como alimento? No, Dios no podría hacer más, ni mostrarme un amor más grande.

La santa Comunión, como la palabra misma implica, es la unión íntima de Jesús con nuestra alma y nuestro cuerpo. Si queremos tener vida y poseerla abundantemente, debemos vivir de la carne de nuestro Señor. Los santos lo comprendieron tan bien que podían pasar horas preparándose y más todavía en acción de gracias. ¿Quién podría explicar esto? ¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus juicios, exclamaba Pablo, qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? Cuando acogéis a Cristo en vuestro corazón después de partir el Pan vivo, acordaos de lo que nuestra Señora debió de sentir mientras el Espíritu Santo la envolvía con su sombra y ella, que estaba llena de gracia, recibió el cuerpo de Cristo. El Espíritu estaba tan fuerte en ella que inmediatamente se levantó de prisa para ir y servir.

21.-Permaneced en mí como yo en vosotros. (03 may 2015).

Amad la oración. A menudo, durante la jornada, tratad de sentir la necesidad de orar, y abandonad la tristeza en la oración. La oración agranda el corazón, hasta el punto de que podrá contener el don de Dios nos hace de sí mismo. Pedid, buscad, y vuestro corazón se ensanchará lo suficiente para recibirlo.

La siguiente oración, extraída del libro de oraciones de nuestra comunidad, escogida entre aquellas que recitamos cada día, puede ayudaros:

"Convirtámonos en ramas verdadera y fructíferas de la viña de Jesús, recibiéndole en nuestra vida como él quiera mostrarse:

Como la verdad, para ser dicha.

Como la Vida, para ser vivida.

Como la Luz, para ser iluminada.

Como el Amor, para ser amado.

Como el Camino, para ser andado.

Como la Alegría, para ser dada.

Como la Paz, para ser extendida.

Como el sacrificio, para ser ofrecido,

en nuestras familias y en nuestro barrio".

22.- Sed santos, porque yo soy santo. (16 jun 2015).

Todos sabemos que existe un Dios que nos ama, que nos ha creado. Podemos acudir a él y pedirle: "Padre mío, ayúdame. Deseo ser santa, deseo ser buena, deseo amar. La santidad no es un lujo para unos pocos, ni está restringida sólo a algunas personas. Está hecha para ti, para mí y para todos. Es un deber sencillo, porque si aprendemos a amar, aprendemos a ser santos.

El primer paso para ser santo, es desearlo. Jesús quiere que seamos tan santos como su padre. La santidad consiste en hacer la voluntad de Dios con alegría. Las palabras "deseo ser santo" significan: quiero despojarme de todo lo que no sea Dios; quiero despojarme y vaciar mi corazón de cosas materiales. Quiero renunciar a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis caprichos, a mi inconstancia y ser un esclavo generoso de la voluntad de Dios. Con total voluntad amaré a Dios, optaré por él, correré hacia él, llegaré a él y lo poseeré. Pero todo depende de las palabras "quiero" o "no quiero". He puesto toda mi energía en la palabra "quiero".

23.- Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. (16 jul 2015).

Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de esto a menos que conozcamos lo que es el oído, una mente y una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla él.

Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el amor y el servicio lo siguen inmediatamente. El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo echando miradas a nuestras miserias, sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine.

Si la persona es humilde, nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quien es. Si la acusan, no se desalentará, si alguien la llama santa, no se pondrá sobre el pedestal. Si eres santo, dale gracias a Dios; si eres pecador, no sigas siéndolo. Cristo nos dice que aspiremos muy alto, no para ser como Abrahán o David ni ninguno de los santos, sino para ser como nuestro Padre celestial. No me elegisteis vosotros a mí, fui yo quien os eligió a vosotros.

24.- Yo soy el Pan de vida. El que venga a mí nunca más tendrá hambre. (02 ago 2015).

En las Escrituras, se habla de la ternura de Dios por el mundo, y leemos que Dios amó tanto al mundo que le entregó a su Hijo Jesús para que sea como nosotros, y nos anuncie la buena noticia de que Dios es amor, de que Dios os ama y me ama. Dios quiere que nos amemos unos a otros, como él nos ha amado.

Todos nosotros sabemos, mirando la cruz, hasta qué punto Jesús nos ha amado. Cuando miramos la Eucaristía, sabemos cuánto nos ama ahora. Por eso, él mismo se hizo Pan de vida con el fin de satisfacer nuestra hambre con su amor, y luego, como si esto no fuera suficiente para él, se convirtió él mismo en hambriento, en indigente, en desalojado, con el fin de que vosotros y yo pudiéramos satisfacer su hambre con nuestro amor humano. Porque para esto hemos sido creados: para amar y ser amados.

25.- Pasó la noche orando a Dios. Al llegar el día, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos. (05 sep 2015).

Tenemos necesidad de encontrar a Dios, y no le vamos a encontrar ni en la agitación ni en medio del ruido. Dios es amigo del silencio. En medio del silencio crecen los árboles, las flores y la hierba. Y en medio del silencio se mueven las estrellas, la luna y el sol. Nuestra misión es dar a Dios a los pobres de las barracas. Pero no darnos a un Dios muerto, sino al Dios vivo y amante. Cuanto más lo recibamos en la oración silenciosa, más podremos darlo en nuestra vida activa. Tenemos necesidad de silencio para ser capaces de llegar a las almas. Lo esencial no es lo que decimos, sino lo que Dios nos dice y dice a través de nosotras. Todas nuestras palabras serán vanas si no salen de lo más íntimo, las palabras que no transmiten la luz de Cristo no sirven más que para aumentar las tinieblas.

Nuestro progreso en la santidad depende de Dios y de nosotros mismos, de la gracia de Dios y de nuestra voluntad de ser santos. Nos hace tomarnos en serio el compromiso vital de llegar a la santidad. "Quiero ser santo" significa que quiero desligarme de todo lo que no es Dios, quiero despojar mi corazón de todas las cosas creadas, quiero vivir en la pobreza y en el desprendimiento, quiero renunciar a mi voluntad, a mis inclinaciones, a mis caprichos y gustos, y hacerme servidor dócil de la voluntad de Dios.

26.- Fijaos bien en cómo escucháis. (21 sep 2015).

Escucha en silencio. Porque tu corazón está lleno de mil cosas, no puedes escuchar la voz de Dios. Pero desde el momento en que te pones a la escucha de la palabra de Dios en tu corazón pacificado, éste se llena de Dios. Esto requiere muchos sacrificios. Si pensamos, si queremos orar, es necesario prepararnos para ello. Sin darle largas. Aquí no se trata sino de las primeras etapas hacia la oración, pero, si no las llevamos a cabo con determinación, jamás llegaremos a la última etapa, la presencia de Dios.

Por eso el aprendizaje debe ser perfecto desde el comienzo: escucha a Dios en tu corazón; y en el silencio del corazón Dios habla. Después, de la plenitud de lo que hay en el corazón, la boca habla, Dios habla, y sólo tenemos que escucharle. Después, una vez que tu corazón entra en la plenitud porque se encuentra lleno de Dios, lleno de amor, lleno de compasión, lleno de fe, tiene la boca de qué hablar. Acuérdate, antes de hablar, de que es necesario escuchar, y solamente así, desde lo más profundo de un corazón abierto, puedes hablar y Dios te escucha.

27.- Orar siempre. (14 nov 2015).

Sólo mediante la oración mental y la lectura espiritual podemos cultivar el don de la oración. La simplicidad favorece enormemente la oración mental, es decir, olvidarse de sí misma trascendiendo el cuerpo y los sentidos y haciendo frecuentes aspiraciones que alimentan nuestra oración. San Juan de Vianney dice: "Para practicar la oración mental, cierra los ojos, cierra la boca y abre el corazón". En la oración vocal hablamos a Dios; en la oración mental él nos habla a nosotros; se derrama sobre nosotros. Nuestras oraciones deberían ser palabras ardientes que provinieran del horno de un corazón lleno de amor. En tus oraciones habla a Dios con gran reverencia y confianza. No te quedes remoloneando, no corras por delante; no grites ni guardes silencio, ofrécele tu alabanza con toda tu alma y todo tu corazón, con devoción, con mucha dulzura, con natural simplicidad y sin afectación.

28.- Escuchad lo que os digo. (03 dic 2015).

Hay que predicar tiempo a la contemplación y al silencio, sobre todo si vivimos en grandes ciudades, como Londres o Nueva York, donde todo es agitación. Por esto, he decidido abrir nuestra primera casa de hermanas contemplativas, cuya vocación es orar durante la mayor parte del día en Nueva York y no en el Himalaya, porque sentía que en las grandes urbes hay más necesidad de silencio y de contemplación.

Yo comienzo la oración siempre por el silencio, pues es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio y debemos escucharle porque lo que cuenta no son palabras, sino lo que él dice, y lo dice a través de nosotros. La oración nutre al alma: lo que la sangre es para el cuerpo la oración lo es para el alma. Nos acerca a Dios, purifica y limpia nuestro corazón. Una vez purificado el corazón, podemos ver a Dios, hablarle y descubrir su amor en la persona de cada uno de nuestros hermanos. Si vuestro corazón es puro, seréis transparentes en presencia de Dios, no disimularéis nada, y entonces le ofreceréis libremente lo que él espera de vosotros.

29.- María se puso en camino. (09 dic 2015).

Después de que María fuera visitada por el ángel, se puso rápidamente en camino a casa de su prima Isabel, la cual también esperaba un hijo. Y el niño que había de nacer, Juan Bautista, saltó de gozo en el vientre de Isabel. ¡Qué maravilla! ¡El Dios todopoderoso, para anunciar la venida de su Hijo, escogió a un niño que había de nacer!

María, a través del misterio de la anunciación y de la visitación, representa el modelo de vida que nosotras deberíamos llevar. Primero, acogió a Jesús en su existencia; seguidamente, compartió lo que había recibido. Cada vez que recibimos la Santa Comunión, Jesús el Verbo, se hace carne en nuestra vida: don de Dios al mismo tiempo bello, gracioso, singular. Ésta fue la primera Eucaristía: María ofrece a su Hijo en sí misma, en quien él había puesto el primer altar. María, la única que podía afirmar con una certeza absoluta: Esto es mi cuerpo, a partir de ese primer momento ofreció su propio cuerpo, su fuerza, todo su ser, para la formación del Cuerpo de Cristo. Nuestra Madre la Iglesia ha elevado, delante del rostro de Dios, a las mujeres a un gran honor proclamando a María Madre de la Iglesia.

30.- Ser luz del mundo. (28 ene 2016).

Es posible que no sea capaz de fijar mi atención totalmente en Dios durante mi trabajo. Dios no me lo pide de ninguna manera. Con todo, yo puedo desear plenamente y procurar cumplir mi trabajo con Jesús y por Jesús. Hermosa tarea. Ésta es la que Dios quiere. Quiere que nuestra voluntad y nuestro deseo se dirijan a él, a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestros hermanos y a los pobres.

Cada uno de nosotros somos un instrumento pobre. Si observas la composición de un aparato eléctrico, encontrarás un ensamblaje de hilos grandes y pequeños, nuevos y gastados, caros y baratos. Si la corriente eléctrica no pasa a través de todo ello, no habrá luz. Estos hilos somos tú y yo. Dios es ña corriente. Tenemos poder para dejar pasar la corriente a través de nosotros, dejarnos utilizar por Dios, dejar que se produzca luz en el mundo, o bien rehusar ser instrumentos y dejar que las tinieblas se extiendan.

31.- El mandamiento del amor. (04 mar 2016).

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Este es el mandamiento de Dios y él no puede pedir lo imposible. El amor es un fruto que madura en todas las estaciones y siempre está disponible. Todo el mundo lo puede coger. No hay límite que se imponga a nuestro deseo. La meditación y el espíritu de oración, el sacrificio y la intensidad de la vida interior son para todos nosotros los medios de alcanzar este amor.

Si no hay ningún límite es porque Dios es amor, y el amor es Dios. Lo que realmente nos une a Dios es una relación de amor. Y el amor de Dios es infinito. Y tener parte en este amor significa amar y darse hasta el sacrificio. Por esto, no se trata tanto de lo que hacemos como del amor con que lo hacemos, con que nos entregamos. Por esto, la gente que no sabe ni dar ni recibir amor son, aunque tengan muchas riquezas, las personas más pobres de los pobres.

32.- Yo soy el Pan de vida. (13 abr 2016).

Habéis pedido pasar tres meses a solas con Jesús (en retiro); eso os parece bien. Pero si durante ese tiempo el hambre de Jesús en el interior de los corazones de algunos de los miembros de su pueblo es un hambre mayor de los miembros de su pueblo es un hambre mayor que la vuestra, no deberéis quedaros a solas con Jesús todo ese tiempo. Debéis permitir a Jesús que os transforme en ese pan que alimente a aquellos con los que estáis en contacto. Sed alimento para la gente; mediante la palabra y vuestra presencia estáis proclamando a Jesús... Sólo Dios podría ofrecer un amor más grande que aquel de darse a sí mismo como Pan de vida para ser partido y comido con el fin mismo de que vosotros y yo podamos comer y vivir, que podamos comer y satisfacer de este modo nuestro anhelo de amor.

Él mismo no parecía estar saciado, porque también tenía hambre de amor. Se hizo el hambriento, el sediento, el desnudo, el forastero y no dejó de proclamar: Tuve hambre, estaba desnudo, fui forastero. A mí me lo hicisteis. El Pan de vida y el hambriento, pero un único amor: sólo Jesús.

33.- El que coma de este pan no morirá. (14 abr 2016).

La humildad de Jesús es realmente maravillosa. Puedo comprender su majestuosidad, su grandeza, porque él es Dios, pero su humildad sobrepasa mi comprensión, porque él se convirtió en Pan de vida para que incluso un ser tan pequeño como yo pudiera comerlo vivir.

Hace algunos días les estaba dando la santa comunión a nuestras hermanas en la Casa Madre y de repente me di cuenta de que tenía a Dios entre los dedos. La grandeza de la humildad de Dios. Realmente no hay amor más grande que el amor de Cristo. Estoy segura de que a menudo vosotros experimentáis esta sensación de que, tanto en vuestra predicación como entre vuestras manos, el pan se convierte en el cuerpo de Jesús y el vino en sangre de Jesús. ¡Qué grande debe ser vuestro amor por Cristo! No hay amor más grande que el amor de un sacerdote hacia Cristo, su Señor y su Dios.

34.- Para que vuestra alegría sea completa. (28 abr 2016).

Dios ama al que da con alegría, dice san Pablo. El mejor medio para manifestar nuestro agradecimiento a Dios y a los demás es aceptarlo todo con alegría. Un corazón alegre es el resultado lógico de un corazón ardiente de amor. los pobres se sentían atraídos por Jesús porque en él habitaba algo mayor que él, irradiaba esta fuerza a través de sus ojos, sus manos, por todo su cuerpo. Todo su ser manifestaba la entrega de sí mismo a Dios y a los hombres.

¡Que nada nos pueda preocupar de tal modo que nos llene de tristeza y de desánimo, que nos quite el gozo de la resurrección! La alegría no es una simple cuestión de temperamento cuando se trata de servir a Dios y a las almas; exige siempre un esfuerzo. Esta es una razón más para intentar adquirirla y hacerla crecer en nuestros corazones. Incluso si tenemos poco para compartir, siempre nos quedará la alegría que nace de un corazón enamorado de Dios. Por todas partes del mundo, la gente está sedienta y hambrienta del amor de Dios. Nosotros respondemos a esta necesidad cuando sembramos la alegría. Es una de las mejores fortalezas contra la tentación. Jesús puede tomar plena posesión de un alma que se abandona en él con alegría.

35.- Creados para amar y ser amados. (12 jul 2016).

Todos somos capaces de hacer el bien y hacer el mal. No hemos nacido como personas malvadas. Todo el mundo tiene en sí algo bueno. Unos esconden el bien, otros no le hacen caso, pero la bondad está en todos. Dios nos ha creado para amar y para ser amados. Dios nos envía una especie de test para escoger uno u otro camino. La negligencia en el amar nos puede conducir a decir "sí" a la maldad sin darnos cuenta de hasta dónde nos puede llevar... Por suerte, tenemos el poder de superarlo todo por medio de la oración.

Si nos volvemos a Dios, irradiaremos amor y alegría en torno nuestro a todos los que conviven con nosotros. Del mismo modo, si hacemos el mal, extenderemos alrededor nuestro el mal. Si estamos cerca de alguien que va por el camino del mal, hagamos todo lo posible para ayudarle y mostrarle que Dios se preocupa de él. Oremos intensamente para que redescubra la oración, que descubra a Dios dentro de sí y en los demás. Todos hemos sido creados por la misma mano amorosa de Dios. El amor de Cristo es siempre más fuerte que el mal en el mundo. Debemos, pues, amar y ser amados. Es muy simple.

36.- Dichoso aquel que, cuando llegue el amo, lo encuentre en su trabajo. (19 oct 2016).

Señor muy amado, haz que pueda verte hoy y cada día en la persona de tus enfermos y cuidándolos, pueda servirte. Si te escondes bajo la figura desagradable del colérico, del descontento, del arrogante, haz que aun así pueda reconocerte y decir: Jesús, tú mi paciente, qué dulce es servirte. Señor dame esa fe que ve con claridad, y entonces mi tarea jamás será monótona, siempre brotará en mí la alegría cuando responda a los deseos de todos los pobres que sufren.

Mi Dios, ya que eres mi Jesús paciente, dígnate ser también para mí un Jesús indulgente con mis con mis faltas y que tiene en cuenta la intención, que es quererte y servirte, querer y servir a cada uno de tus enfermos. Señor, aumenta mi fe, bendice mis esfuerzos y mi tarea, ahora y por siempre.

37.- Se marchó triste, porque tenía muchos bienes (27 feb 2017).

No tenemos ningún derecho a juzgar a los ricos. Por nuestra parte lo que buscamos no es una lucha de clases sino un encuentro de las clases, para que los ricos salven a los pobres y los pobres a los ricos.

Con respecto a Dios, nuestra pobreza es nuestro humilde reconocimiento y aceptación de nuestro pecado, impotencia y absoluta nada, así como el reconocimiento de nuestra indigencia ante él, expresado en forma de esperanza en él, en apertura para recibir todas las cosas de él como de nuestro Padre. Nuestra pobreza deberá ser la verdadera pobreza evangélica: amable, tierna, alegre y generosa, siempre dispuesta a dar la expresión de amor. La pobreza es amor ates de ser renuncia. Para amar es necesario dar. Para dar es necesario estar libre de egoísmo.

38.- Dejarlo todo para seguirle. (28 feb 2017).

Las riquezas, tanto las materiales como las espirituales, pueden ahogarnos si no las usamos bien. Porque ni siquiera Dios puede poner algo en un corazón que ya está lleno. Un día surge el deseo de tener dinero y todas las cosas que este puede proporcionar, las cosas superfluas, lujos en la comida, exquisiteces en el vestir. Las necesidades aumentan porque una cosa lleva a la otra, y la consecuencia es una insatisfacción incontrolable. Conservémonos todo lo vacíos que podamos `para que Dios pueda llenarnos.

Nuestro Dios nos da el ejemplo: desde el primer día de su existencia humana se crio en una pobreza que ningún ser humano podrá experimentar jamás, porque siendo rico se hizo pobre. Siendo rico se vació a sí mismo. En esto es donde está la contradicción. Si deseo ser pobre como Cristo, que se hizo pobre aún cuando era rico, yo debo hacer lo mismo. Sería vergonzoso ser más ricos que Jesús, quien soportó la pobreza para nuestro bien.

En la cruz Cristo no tenía nada. La cruz se la dio Pilatos; los clavos y la corona, los soldados. Estaba desnudo. Cuando murió le quitaron la cruz, los clavos y la corona. Lo envolvieron en un trozo de lienzo donado por un alma caritativa y lo enterraron en una tumba que no le pertenecía. Aunque podría haber muerto como un rey e incluso haberse librado de la muerte, eligió la pobreza porque sabía que ese era el auténtico camino para poseer a Dios y para traer su amor a la tierra.

39.- El que se humilla será enaltecido. (14 mar 2017).

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferrarnos a Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: la oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo... La gente está hambrienta de la palabra de Dios par que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.

Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y esta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y él me mira. Y en el momento en que te encuentras con él cara acara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

40.- El que venga a mí nunca tendrá hambre. (27 may 2017).

¿Dónde encontráis la alegría de amar? En la Eucaristía, la santa Comunión. Jesús mismo se hizo pan de vida para darnos vida. Noche y día está allí. Si vosotros realmente queréis crecer en el amor, volved a la Eucaristía, a su adoración. En nuestra congregación, teníamos la costumbre de tener la adoración una vez a la semana durante una hora; después en 1973, decidimos tener la adoración cada día durante una hora. Tenemos mucho trabajo; por todas partes nuestras casas para enfermos y moribundos indigentes están llenas. Pero desde el momento en que comenzamos la adoración cada día, nuestro amor por Jesús se volvió más íntimo, nuestro amor por cada hermano más benévolo, nuestro amor por los pobres más compasivo.

Mirad el tabernáculo y ved lo que significa ahora este amor. ¿Soy consciente de esto? ¿Mi corazón es lo bastante puro para ver allí a Jesús? Con el fin de que para vosotros y para mí sea más fácil ver a Jesús, él mismo se hizo pan de vida; con el fin de que pudiéramos recibir la vida, una vida de paz, una vida de alegría. Encontrad a Jesús y encontraréis la paz.

41.- Dejad a los niños, porque de los que son como ellos es el reino de los cielos. (19 ago 2017).

He aquí lo que dice el amor lleno de confianza:

-Entregarse de forma absoluta, incondicional e inalterable en manos de Dios, nuestro Padre, incluso cuando las cosas parecen condenadas al fracaso.

-No considerar a nada ni a nadie, fuera de Dios, como amparo y auxilio.

-Rechazar la duda y el desánimo, abandonar todas nuestras angustias y nuestras preocupaciones en el Señor, y continuar nuestro camino con plena libertad.

-Atrevernos a no tener miedo ante los obstáculos, sabiendo que nada es imposible para Dios.

-Contar en todo momento con Dios, nuestro Padre del cielo, en un movimiento espontáneo de abandono, como el del niño, convencidos de nuestra nada y, al mismo tiempo, seguros, con todo el ardor del corazón, de la bondad paternal de Dios.

42.- Regresaron a Galilea, a su pueblo de Nazaret. (31 dic 2017).

Padre nuestro que estás en el cielo,

tú nos has dado un modelo de vida

en la Sagrada Familia de Nazaret.

Ayúdanos, Padre amantísimo,

a hacer de nuestra familia

un nuevo Nazaret donde reinen la alegría y la paz.

Que sea profundamente contemplativa,

intensamente eucarística y vibrante de gozo.

Ayúdanos a permanecer unidos en los gozos

y en las penas gracias a la oración.

Enséñanos a reconocer a Jesús

en cada miembro de nuestra familia,

particularmente cuando sufre y está herida.

Que el Corazón eucarístico de Jesús

haga nuestros corazones suaves y humildes,

semejantes al suyo.

Ayúdanos a cumplir santamente

nuestra vocación familiar.

Ayúdanos, Padre amantísimo,

a coger todo lo que nos das con una amplia sonrisa.

Corazón inmaculado de María,

causa de nuestra alegría, ora por nosotros.

Santos ángeles de la guarda,

permaneced junto a nosotros,

guiadnos, protegednos. Amén.

43.- Enseguida, dejando allí sus redes, lo siguieron. (08 ene 2018).

Nuestra Señora estaba con san Juan y, estoy segura, María Magdalena fue la primera persona en oír el grito de Jesús: ¡Tengo sed! Ella conocía la intensidad y la profundidad de este ardiente deseo de Jesús. Os deseaba a vosotros y a los pobres. Pero nosotros ¿tenemos este deseo? ¿Lo oímos como ella? Tiempo atrás, nuestra Señora me lo pedía a mí, pero ahora soy yo quien, en nombre de María, os lo pido a vosotros y os suplico: "¡Oíd el grito de la sed de Jesús!" Que esto sea para cada uno una palabra de vida. ¿Cómo acercarnos a la sed de Jesús? El secreto es este: Cuanto más nos acercamos a Jesús, más conoceremos su sed.

¡Arrepentíos y creed en la Buena Nueva!, nos dice Jesús. ¿De qué hay que arrepentirse? De nuestra indiferencia, de nuestra dureza de corazón. ¿Y en qué hay que creer? En que Jesús tiene sed de vuestro corazón y de los pobres. Él conoce vuestra debilidad y, sin embargo, desea vuestro amor. Quiere simplemente que le deis una oportunidad para amaros. ¡Escuchadle pronunciar vuestro nombre! Y así, haced que mi alegría, y la vuestra, sea completa.

44.- La oración de los hijos de Dios. (20 feb 2018).

La oración para que sea fecunda, tiene que brotar del corazón y llegar al corazón de Dios. Mira cómo Jesús enseñó a sus discípulos a orar. Cada vez que recitamos el Padrenuestro, Dios dirige su mirada hacia sus manos, ahí donde nos tiene grabados: En las palmas de mis manos te tengo tatuado. Dios contempla sus manos y nos ve en ellas, acurrucados en ellas. ¡Qué maravilla, la ternura de Dios! ¡Oremos, digamos el Padrenuestro! ¡Vivamos el Padrenuestro y seremos santos! En esta oración está todo: Dios, yo misma, el prójimo. Si perdono, puedo ser santa. Todo procede de un corazón humilde. Si tenemos un corazón humilde, sabremos amar a Dios, amarnos a nosotros mismos y amar al prójimo. No es nada complicado y, no obstante, nosotros complicamos tanto nuestras vidas, cargándolas de tanto peso... Una sola cosa cuenta: ser humilde y orar. Cuanto más oréis, mejor lo haréis.

A un niño no le es nada difícil expresar su cándida inteligencia en términos simples que dicen mucho. ¿No dio Jesús a comprender a Nicodemo que hay que hacerse como un niño? Si oramos según el evangelio, Cristo crecerá en nosotros. Ora con amor, como los niños, con ardiente deseo de amar mucho y hacer amable al que no es amado.

45.-Os digo todo esto para que mi gozo esté en vosotros. (03 may 2018).

El gozo es la oración, el gozo es la fuerza, el gozo es el amor. Es como una red de amor que atrapa a las almas. Dios ama a los que dan con gozo. Aquellos que dan con gozo dan más. No hay mejor manera de demostrar nuestra gratitud a Dios y a los hombres que aceptarlo con gozo. Un corazón ardiendo de amor es, necesariamente, un corazón lleno de gozo. No permitáis jamás que la tristeza os invada hasta el punto de haceros olvidar el gozo de Cristo resucitado.

Todos experimentamos el ardiente deseo del cielo, allí donde se encuentra Dios. Pues bien, desde ahora está en poder de todos nosotros estar en el cielo con él, ser felices con él desde este mismo instante. Esta felicidad inmediata con él quiere decir: amar como él ama, ayudar como él ayuda, dar como él da, servir como él sirve, socorrer como él socorre, permanecer con él todas las horas del día, y tocar con su m ismo ser presente detrás del rostro de la aflicción humana.

46.-Jesús extendió la mano y lo tocó. (11 ene 2019).

En nuestros días, en Occidente, la peor enfermedad no es la tuberculosis o la lepra, sino el sentirse indeseable, abandonado, privado de amor. Sabemos cuidar las enfermedades del cuerpo por medio de la medicina, pero el único remedio para la soledad, el desconcierto y la desesperación es el amor.

Hay mucha gente que muere en el mundo por falta de un trozo de pan, pero hay muchos más que mueren por falta de un poco de amor. La pobreza de Occidente es una pobreza diferente. No es solo una pobreza de soledad, sino también de falta de espiritualidad. Existe un hambre de amor como existe un hambre de Dios.

47.- Conmovido, Jesús extendió la mano y lo tocó. (17 ene 2019).

Los pobres tienen sed de agua, pero también de paz, de verdad y de justicia. Los pobres están desnudos y necesitan vestidos, pero también dignidad humana y compasión por los pecadores. Los pobres no tienen hogar y necesitan un refugio hecho de ladrillos, pero también un corazón alegre, compasivo y lleno de amor. Están enfermos y necesitan atención médica, pero también una mano caritativa y una sonrisa acogedora.

Los excluidos, los que son rechazados, aquellos que no son amados, los presos, los alcohólicos, los moribundos, los que están solos y abandonados, los marginados los intocables y los leprosos, los que viven en la duda y la confusión, los que no han sido tocados por la luz del Cristo, los hambrientos de la palabra y de la paz de Dios, las almas tristes y afligidas, los que son una carga para la sociedad, que han perdido toda esperanza y fe en la vida, los que olvidaron cómo sonreír y los que no saben lo que es recibir un poco de calor humano, un gesto de amor y de amistad: todos ellos se vuelven hacia nosotros para recibir un poco de consuelo. Si les damos la espalda, damos la espalda a Cristo.

48.- Su corazón está lejos de mí. (12 feb 2019).

Dejad que el amor de Dios tome entera y absoluta posesión del corazón; que llegue a ser para el corazón como una segunda naturaleza; que no deje entrar en él nada que le sea contrario; que se afane continuamente en hacer crecer este amor de Dios buscando complacerle en todo y no rehusando nada de lo que le pida; que acepte como venido de la mano de Dios todo lo que le suceda.

El conocimiento de Dios produce amor, y el de sí mismo, humildad. La humildad no es otra cosa que la verdad. ¿Qué tenemos que no hayamos recibido?, nos pregunta sanPablo. Si todo lo he recibido ¿qué bien me pertenece? Si estamos convencidos de ello, jamás levantaremos la cabeza con orgullo. Si sois humildes, nada os afectará, ni la alabanza ni el oprobio, porque sabéis qué es lo que sois. Si alguien se burla de vosotros, no os vais a amilanar. Si alguien os proclama santos no os pondréis sobre un pedestal. El conocimiento de nosotros mismos nos hace caer de rodillas.

49.- Estaba acostado delante del portal. (21 mar 2019).

Cristo ha dicho: Estaba hambriento y vosotros me habéis alimentado. Estaba hambriento no solamente de pan, sino también del afecto bondadoso que hace que se sienta amado, reconocido, que se sienta ser alguien a los ojos de otro.Ha estado desnudo no solamente de todo vestido, sino también de toda dignidad y consideración, ya que la mayor injusticia cometida hacia el pobre es despreciarle porque es pobre. Estuvo privado no solo de un techo, sino también de todas las carencias que aguantan los que son encerrados, rechazados o excluidos errando por el mundo sin que nadie se preocupe por ellos.

Baja por la calle sin más propósito que este. Mira a ese hombre, allí, en el rincón, y ve hacia él. Quizás se irrite, pero estarás allí, frente a él, físicamente. Debes manifestar la presencia que esté en ti por el amor y la atención con los cuales te diriges a él. ¿Por qué? Porque, para ti, es Jesús, sí, pero no puede recibirte en su casa; he aquí la razón por la que debes saber ir hacia él. Jesús, sí, pero oculto en la persona que está allí. Jesús, en el más pequeño de nuestros hermanos, no está solamente hambriento de un trozo de pan, sino también de amor, de reconocimiento, de ser tenido en cuenta.

50.- El que ha mojado conmigo el pan en el plato, ese me entregará. (17 abr 2019).

Mirad cuánta compasión ha tenido Jesús con Judas, el hombre que ha recibido tanto amor y, sin embargo, ha traicionado a su propio Maestro, este Maestro que ha guardado un silencio sagrado sin traicionero a sus compañeros.

En efecto, Jesús fácilmente habría podido hablar abiertamente y decir a los demás las intenciones que Judas escondía y sus acciones; pero no lo hizo. Prefirió dar prueba de misericordia y caridad: en lugar de condenarle, le llama amigo. Tan solo con que Judas hubiera mirado a Jesús a los ojos como hizo Pedro, Judas habría sido el amigo de la misericordia de Jesús. Jesús ha dado siempre pruebas de misericordia.

51.- Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. (19 may 2019).

Yo digo siempre que el amor comienza en la propia casa. Primero está vuestra familia, luego vuestra ciudad. Es fácil pretender amar a la gente que está muy lejos, pero mucho menos fácil es amar a los que conviven con nosotros muy estrechamente. Desconfío de los grandes proyectos impersonales, porque lo que cuenta realmente es cada persona. Para llegar a amar a alguien de verdad, uno se tiene que acercar de veras. Todo el mundo tiene necesidad de amor. Cada uno de nosotros necesita saber que significa algo para los demás y que tiene un valor inestimable a los ojos de Dios.

Cristo dijo: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. También ha dicho: Cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis. Amamos a Cristo en cada pobre, y cada ser humano en el mundo es pobre en algún aspecto. Dijo: Tuve hambre y me disteis de comer, estaba desnudo y me vestisteis. Siempre recuerdo a mis hermanas y a nuestros hermanos que nuestra jornada está hecha de veinticuatro horas con Jesús.

52.- Dad buenos frutos. (26 jun 2019).

Nuestros actos transparentan la plenitud de nuestro corazón: según es mi comportamiento con este leproso, según es mi comportamiento con este agonizante. A veces es más difícil trabajar con los vagabundos que con los moribundos de nuestros hospicios, porque estos últimos están apaciguados ante la expectativa de que pronto se encontrarán con Dios. Podemos acercarnos al enfermo, al leproso y estar convencidos de que tocamos al cuerpo de Cristo. Pero cuando se trata de un borracho que chilla, es más difícil pensar que estamos delante de Jesús escondido en él. ¡Cuán puras y amorosas deben ser nuestras manos para hacer llegar a estos seres la compasión!

Ver a Jesús en la persona espiritualmente más pobre requiere un corazón puro. Cuanto más desfigurada esté la imagen de Dios en una persona, tanto más grandes deben ser la fe y la veneración en nuestra búsqueda del rostro de Jesús y nuestro ministerio de amor cerca de él. Hagámoslo con un sentimiento de profundo reconocimiento y piedad. Según lo repugnante que sea el trabajo que haya que realizar, esa será la medida del amor y el gozo de servir.

53.- Partió los panes y se los dio a los discípulos; y los discípulos se los dieron a la gente. (05 ago 2019).

La simplicidad de nuestra vida contemplativa nos hace ver el rostro de Dios en cada cosa, en cada ser, por todas partes y siempre. Y su mano, presente en cada acontecimiento, hace que todo lo llevemos a cabo -la meditación, el estudio, el trabajo y el recreo, comer y dormir- en Jesús, con Jesús, por Jesús y para Jesús, bajo la mirada amorosa del Padre, cuando permanecemos siempre dispuestas a recibirle bajo cualquiera que sea la forma en que viene revestido.

Estoy del todo cautivada por el hecho de que Jesús, antes de comentar la Palabra de Dios, antes de anunciar a las multitudes las Bienaventuranzas, movido de compasión por ellas, las cura y las alimente. Y es tan solo después cuando les comunica su doctrina. Date enteramente a Jesús y te tomará como instrumento para realizar sus maravillas con la sola condición de que tú seas infinitamente más consciente de su amor que de tu debilidad. Cree en él, ponte en sus manos en un impulso de confianza ciega y absoluta, porque él es Jesús. Cree en Jesús, solo Jesús es la vida; debes saber que la santidad no es otra cosa que este mismo Jesús viviendo íntimamente en ti.

54.- Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. (19 ago 2019).

Cada noche, antes de acostaros, debéis hacer vuestro examen de conciencia. Si habéis ofendido a alguien, procurad excusaros lo antes posible. Si es imposible repararlo, expresad a Dios vuestra pena y vuestro remordimiento. Es muy importante, porque debemos ser capaces de arrepentirnos para volvernos capaces de amor. Podrías decir, por ejemplo: "Señor, siento pena por haberte ofendido y te prometo hacerlo lo mejor que pueda para no recaer". Entonces, de inmediato, ¡qué impresión de bienestar, de liberación, de sentir el corazón purificado! Acordaos de que Dios es misericordia. Es nuestro Padre solícito, dispuesto a perdonar y olvidarlo todo, con la sola condición de que nosotros hagamos otro tanto con los que nos han hecho algún mal.

Examinad, pues, el fondo de vuestro corazón para ver si no hay en él algún resentimiento escondido hacia vuestro prójimo. En efecto, ¿cómo podríamos pedir a Dios que nos perdone si no quisiéramos perdonar a los demás? Acordaos, pues, de que si os arrepentís verdaderamente con corazón generoso, a los ojos de Dios vuestras faltas serán olvidadas. Él os perdonará siempre si vuestro arrepentimiento es sincero. Orad, pues, para perdonar a los que os han ofendido, para amar a los que no amáis, y sabed perdonar inmediatamente así como Dios os ha perdonado.

55.- Vete a tu casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo. (03 feb 2020)

Estamos llamados a amar al mundo. Y tanto amó Dios al mundo que le dio a Jesús. Hoy, ama tanto al mundo que nos da al mundo, a ti y a mí, para que seamos su amor, su compasión, su presencia a través de una vida de oración, de sacrificio, de abandono. La respuesta que Dios espera de ti es que llegues a ser contemplativo, que seas contemplativo. Tomémosle la palabra a Jesús y seamos contemplativos en el corazón del mundo, porque, si, tenemos fe, estamos perpetuamente en su presencia. El alma a través de la contemplación, saca directamente del corazón de Dios las gracias que la vida activa tiene el encargo de distribuir. Nuestras existencias deben estar unidas a Cristo que nos habita. Si no vivimos en la presencia de Dios, no podemos perseverar.

¿Qué es la contemplación? Vivir la vida de Jesús. Es así como yo la comprendo. Amar a Jesús, vivir su vida en el seno de la nuestra, vivir la nuestra en el seno de la suya. La contemplación no es encerrarse en una cabina oscura, sino dejar que sea Jesús quien viva su pasión, su amor, su humildad en nosotros, que ore con nosotros, que esté con nosotros, y santifique a través de nosotros. Nuestra vida y nuestra contemplación son una misma cosa. No se trata aquí de hacer, sino de ser. De hecho, se trata del gozo pleno de nuestro espíritu por el Espíritu Santo que insufla en nosotros la plenitud de Dios y nos envía a toda la creación como su personal mensaje de amor.

56.- Os he dicho todo esto, para que podáis encontrar la paz en vuestra unión conmigo. (25 may 2020).

Las obras del amor siempre son obras de la paz. Cada vez que compartís el amor con los demás acentuáis la paz en vosotros mismos y en los hermanos. Donde hay paz ahí está Dios. Dios nos muestra su amor y se hace presente en nuestras vidas inundando nuestros corazones de su paz y de su alegría.

Condúceme de la muerte a la vida,

del error a la verdad.

Condúceme de la desesperanza a la esperanza,

del temor a la confianza.

Condúceme del odio al amor,

de la guerra la paz.

Haz que la paz colme mi corazón,

llene el mundo y nuestro universo:

paz, paz, paz.

57.-Todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo (06 sep 2020).

El otro día un periodista me hizo una curiosa pregunta: "¿También usted tiene que confesarse?" Sí, le dije. Me confieso cada semana. "Entonces Dios tiene que ser muy exigente si hasta usted tiene que confesarse".

Seguro que su hijo a veces se equivoca, le dije. Y ¿qué ocurre cuando viene y le dice: "Papá lo siento"?, ¿qué hace usted? Lo rodea con sus brazos y lo besa. ¿Por qué? Pues porque esa es su manera de decirle que lo ama. Dios hace lo mismo. Nos ama tiernamente. Por lo tanto, cuando pecamos o cometemos un error, lo que debemos hacer es servirnos de eso para acercarnos más a Dios. Digámosle humildemente: "Sé que no debería haber hecho esto, pero incluso esta falta ter la ofrezco". Si hemos pecado o cometido un error, digámosle: "¡Lo siento! Me arrepiento". Dios es un Padre que perdona. Su clemencia es mayor que nuestros pecados. Él nos perdonará.

58.- Cada árbol se reconoce por sus frutos. (12 sep 2020).

Si hay algo que nos asegure el cielo, son los actos de caridad y de generosidad con los que hayamos llenado nuestra existencia. ¿Podremos saber algún día cuál es el bien que nos puede acarrear una simple sonrisa? Proclamamos que Dios acoge, comprende, perdona, pero ¿somos nosotros la prueba viviente de ello? ¿Ven en nuestras vidas que esta acogida, esta comprensión, este perdón son verdaderos? Seamos sinceros en nuestras mutuas relaciones; tengamos el valor de acogernos unos a otros tal como somos. No estemos sorprendidos ni preocupados por nuestros fracasos ni por los de los demás, sino que procuremos ver el bien que hay en cada uno de nosotros; busquémoslo, porque cada uno de nosotros ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

No olvidemos que todavía no somos santos, sino que nos esforzamos para llegar a serlo. Seamos, pues, extremadamente pacientes en lo que se refiere a nuestras faltas y caídas. No te sirvas de tu lengua si no es para hablar bien de los demás, porque de la abundancia del corazón, habla la boca. Es preciso que aquellos cuya misión es dar tengamos algo en el corazón antes de poder dar; debemos, primero, crecer en el conocimiento de Dios.

59.- Dad limosna de lo de dentro y así lo tendréis limpio todo. (13 oct 2020).

No podemos quedar satisfechos dando solo dinero; el dinero no es suficiente, pues se puede encontrar en otra parte. Los pobres tienen necesidad de nuestras manos para ser servidos y de nuestros corazones para ser amados. La religión de Cristo es el amor, el contagio del amor. Los que pueden llevar una vida cómoda sin duda tienen sus razones. Pueden habérsela ganado con su trabajo; yo solo monto en cólera ante el despilfarro, los que tiran a la basura lo que podría sernos de utilidad.

La dificultad está en que, muy a menudo, los ricos e incluso la gente que vive cómodamente no saben verdaderamente qué son los pobres; por eso podemos perdonarlos, porque el conocimiento solo puede conducir al amor, y el amor al servicio. Como no los conocen no se conmueven por ellos. Por amor procuro dar a los pobres lo que los ricos no podrían obtener con dinero. Ciertamente, no tocaré a un leproso ni por un millón, pero lo cuidaré gustosamente por el amor de Dios.

60.- Somos simples servidores. (10 nov 2020).

No os canséis de buscar la causa de los grandes problemas de la humanidad. Contentaos de hacer lo que está en vuestras manos para resolverlos aportando vuestra ayuda a los que tienen necesidad de ella. Algunos me dicen que haciendo caridad a los demás descargamos a los Estados de sus responsabilidades hacia los necesitados y los pobres. No me quiebro la cabeza por ella porque, generalmente, los Estados no ofrecen amor. Hago simplemente todo lo que puedo hacer, el resto no es de mi competencia.

¡Dios ha sido tan bueno con nosotros! Trabajar con amor es siempre un medio para acercarnos a él. ¡Mirad lo que Cristo hizo durante su vida terrena! Pasó haciendo el bien. Les recuerdo a mis hermanas que Cristo pasó los tres años de su vida pública curando enfermos, leprosos, niños y otros. Es exactamente lo que hacemos nosotras, predicando el evangelio con nuestras obras. Consideramos que servir a los demás es un privilegio. Intentamos en cada momento hacerlo de todo corazón. Sabemos bien que nuestra acción no es más que una gota en el océano, pero, sin nuestra acción, esta gota faltaría.

61.-Dejarlo todo para seguirte. (28 feb 2021).

Las riquezas, tanto las materiales como las espirituales, pueden ahogarnos si nos las usamos bien. Porque ni siquiera Dios puede poner algo en un corazón que ya está lleno. Un día surge el deseo de tener dinero y todas las cosas superfluas, lujos en la comida, exquisiteces en el vestir. Las necesidades aumentan porque una cosa lleva a la otra, y la consecuencia es una insatisfacción incontrolable. Conservémonos todo lo vacíos que podamos para que Dios pueda llenarnos.

Nuestro Dios nos da el ejemplo: desde el primer día de su existencia humana se crio en una pobreza que ningún ser humano podrá experimentar jamás, porque siendo rico se hizo pobre. Siendo rico se vació a sí mismo. En esto es donde está la contradicción. Si deseo ser pobre como Cristo, que se hizo pobre aun cuando era rico, yo debo hacer lo mismo. Sería vergonzoso ser más ricos que Jesús, quien soportó la pobreza para nuestro bien.

En la Cruz, Cristo no tenía nada. La cruz se la dio Pilatos; los clavos y la corona, los soldados. Estaba desnudo. Cuando murió le quitaron la cruz, los clavos y la corona. Lo envolvieron en un trozo de lienzo donado por un alma caritativa y lo enterraron en una tumba que le pertenecía. Aunque podría haber muerto como un rey e incluso haberse librado de la muerte, eligió la pobreza porque sabía que ese era el autentico camino para poseer a Dios y para traer su amor a la tierra.  

¡Crea tu página web gratis! Esta página web fue creada con Webnode. Crea tu propia web gratis hoy mismo! Comenzar