SAN PAULINO DE NOLA

01.09.2021

01.- El que tome su cruz que me siga. (05 ago 2016).

Al cumplirse el misterioso designio de su bondad, el Señor tomó la condición de esclavo y se dignó rebajarse hasta la muerte de cruz para realizar en nuestro corazón, por medio de una humillación visible, aquella celestial sublimación invisible para nosotros. Considera, pues, de qué altura nos precipitamos desde el principio, y comprenderás que por voluntad de la divina sabiduría y por su bondad somos restituidos a la vida. Con Adán caímos en la soberbia; por eso, somos humillamos en Cristo para poder cancelar la antigua culpa con el remedio de la virtud contraria, de modo que los que con la soberbia ofendimos a Dios le aplaquemos poniéndonos a su servicio.

Alegrémonos y gocemos en aquel que nos ha hecho objeto de su lucha y de su victoria, diciéndonos: Tened valor, yo he vencido al mundo. El Invencible peleará por nosotros y vencerá en nosotros. Entonces el príncipe de las tinieblas será echado fuera, aunque no ciertamente fuera del mundo, sino fuera del hombre, cuando, al penetrar en nosotros la fe, sea obligado a salir fuera y dejar libre el puesto a Cristo. Que los oradores guarden su elocuencia, los filósofos, su sabiduría, los reyes, sus reinos. Para nosotros, la gloria, las riquezas y el reino es Cristo; nuestra sabiduría es la locura del evangelio; la fuerza es la debilidad de la carne, y la gloria es el escándalo de la cruz.

02.- Esta ha echado todo lo que tenía para vivir. (27 nov 2017)

Acordémonos de esta viuda que se olvidaba de sí misma para socorrer a los pobres, hasta dar todo lo que le quedaba para vivir, pensando solo en la vida futura, como lo dice el mismo Señor. Los otros habían dado de lo que les sobraba, pero ella, más pobre quizá que muchos pobres -ya que su fortuna se reducía a dos piezas de moneda-, en su corazón era más rica que todos los ricos. Ella solo miraba las riquezas perdurables. Deseosa de los tesoros celestiales, renunciaba a todo lo que ella poseía como bienes que vienen de la tierra y a ella vuelven. Daba lo que tenía para poseer lo que no tenía. Daba de los bienes perecederos para adquirir bienes inmortales. Esta pobre mujercilla no había olvidado los medios previstos y dispuestos por nuestro Señor para obtener la recompensa futura. Por esto, el Señor tampoco la olvida, y como juez del mundo ha pronunciado por adelantado la sentencia: hace el elogio de aquella que será coronada en el día del juicio.

03.- ¿Qué tienes que no lo hayas recibido? (31 ago 2019)

¿Qué tienes que no lo hayas recibido?, nos dice san Pablo. No seamos, pues, avaros de nuestros bienes como si nos pertenecieran. Solo nos han sido confiados; usamos de ellos como de una riqueza común, pero no de su posesión eterna como si fueran un bien propio. Si reconoces que este bien no te pertenece y solo lo tienes para usarlo aquí por un tiempo, adquirirás en el cielo un bien que no tendrá fin. Acuérdate de los servidores del evangelio que recibieron de su amo unos talentos: depositar tu dinero sobre la mesa del Señor para qué fructifique es mucho más provechoso que conservarlo con una fidelidad estéril.

Prestemos, pues, al Señor los bienes que de él hemos recibido. En efecto, no poseemos nada que no sea un don del Señor, y si existimos es porque él quiere. ¿Qué es lo que podríamos considerar como nuestro, puesto que, en virtud de una deuda enorme y privilegiada, ni nosotros mismos nos pertenecemos? Porque Dios nos ha creado, pero también nos ha rescatado. Démosle gracias pues, rescatados pagando un gran precio, el precio de la sangre del Señor, somos para siempre cosa de gran valor. Devolvamos al Señor lo que él nos ha dado. Demos a Aquel que recibe en la persona de cada pobre. Demos con gozo para recibir de él con alegría, tal como lo ha prometido.

04.- Esta ha echado todo lo que tenía para vivir. (06 jun 2020)

Acordémonos de esta viuda que se olvidó de sí misma para socorrer a los pobres, hasta dar todo lo que le quedaba para vivir, pensando solo en la vida futura, como dice el mismo Señor. Los demás habían dado de lo que les sobraba, pero ella, más pobre quizá que muchos pobres -ya que su fortuna se reducía a dos piezas de moneda- , en su corazón era más rica que todos los ricos. Ella solo miraba las riquezas perdurables.

Deseosa de los tesoros celestiales, renunciaba a todo lo que ella poseía como bienes que vienen de la tierra y a ella vuelen. Daba lo que tenía para poseer lo que no tenía. Daba de los bienes perecederos para adquirir los bienes inmortales. Esta pobre mujer no había olvidado los medios previstos y dispuestos por nuestro Señor para obtener la recompensa futura. Por esto, el Señor tampoco la olvidaba y, como juez del mundo, pronuncia por adelantado la sentencia: hace el elogio de aquella que será coronada en el día del juicio.

05.- Esta ha echado todo lo que tenía para vivir. (07 ago 2020)

Al cumplirse el misterioso designio de su bondad, el Señor tornó la condición de esclavo y se dignó rebajarse hasta la muerte de cruz. Con Adán , caímos en la soberbia; por eso somos humillados en Cristo para poder cancelar la antigua culpa con el remedio de la virtud contraria, de modo que los que con la soberbia ofendimos a Dios, le aplaquemos poniéndonos a su servicio.

Alegrémonos, y gocemos en aquel que nos ha hecho objeto de su lucha y de su victoria, diciendo: Tened valor yo he vencido al mundo. El invencible peleará por nosotros y vencerá en nosotros. Entonces el príncipe de las tinieblas será echado fuera, aunque no ciertamente fuera del mundo, sino fuera del hombre, cuando al penetrar nosotros la fe, es obligado a salir fuera y dejar libre el puesto a Cristo, cuya presencia pone en fuga al pecado y significa el destierro de la derrotada serpiente. Que los oradores guarden su elocuencia; los filósofos, su sabiduría; los reyes, sus reinos; para nosotros, la gloria, las riquezas y el reino es Cristo; nuestra sabiduría es la locura del evangelio; la fuerza es la debilidad de la carne y la gloria es el escándalo de la cruz.

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