SAN PASCASIO RADBERTO

01.09.2021

1.- Vosotros debéis hacer lo mismo unos con otros. (29 0ct 2016)

Quien se humilla será ensalzado. Cristo no solo encargó a los discípulos no dejarse llamar maestros y no querer ocupar los primeros puestos en los banquetes ni aspirar a otros honores, sino que él mismo dio en su persona ejemplo de ello y es modelo de toda humildad. Aunque el nombre de Maestro no le corresponde por complacencia, sino por derecho de naturaleza, porque todo subsiste en él y para él, por su encarnación nos ha comunicado una enseñanza que nos conduce a todos a la verdadera vida y nos ha reconciliado con Dios. Igual que nos dijo: No aspiréis a honores, no dejéis que os llamen maestros, también dijo: Yo no vivo preocupado por mi honor. Hay uno que se preocupa de eso.

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescato por todos. Ciertamente, n este pasaje del evangelio, el Señor instruye no solo a los discípulos, sino también a los jefes de la Iglesia, encargándoles que no se dejen arrastrar por la avidez de los honores. Al contrario, que el que quiera ser grande entre vosotros sea el primero en hacerse siervo de todos, como él.

2.- ¡Quiero, queda limpio! (11 feb 2018)

Cada día el Señor purifica el alma de quien se lo suplica, lo adora y proclama con fe estas palabras: Señor, si quieres, me puedes purificar, sin mirar la cantidad de sus faltas. Porque el que cree de todo corazón queda justificado. Debemos dirigir a Dios nuestras peticiones con toda confianza, sin dudar de su poder. Esta es la razón por que el Señor responde al instante a la petición del leproso que le suplica y le dice: Quiero, queda limpio. Porque, a poco que el pecador ore con fe, la mano del Señor limpia la lepra de su alma. Este leproso nos da un buen consejo acerca de la manera de orar. No pone en duda la voluntad del Señor, como si no creyera en su bondad. Sino que, consciente de la gravedad de sus faltas, no quiere presumir de esta voluntad. Diciendo "si quieres", afirma que este poder pertenece al Señor, al mismo tiempo que confiesa su fe.

El apóstol Pedro habla de esta fe, sin duda alguna, cuando dice: Purificó sus corazones por medio de la fe. La fe pura, vivida en el amor mantenida por la perseverancia, paciente en la espera, humilde en la confesión, firme en la confianza, respetuosa en la oración, llena de sabiduría en lo que pide, escuchará con certeza en toda circunstancia esta palabra del Señor: Quiero.

3.- Gran misterio este, que yo relaciono con la unión de Cristo y de la Iglesia. (07 sep 2018)

Una unión extraña y extraordinaria se realizó cuando el Verbo se hizo carne en el seno de la Virgen y habitó entre nosotros. Así como todos los elegidos fueron resucitados en Cristo cuando él resucitó, así en él se han celebrado unas bodas: la Iglesia quedó unida a un Esposo por los lazos del matrimonio cuando el Hombre-Dios recibió en plenitud los dones del Espíritu Santo y cuando toda la divinidad vino a habitar en un cuerpo semejante al nuestro. Cristo se hizo hombre por el Espíritu Santo y, como un esposo que sale de su alcoba, él sale del seno de la Virgen que hizo de alcoba nupcial. Pero la Iglesia, renaciendo del agua y del Espíritu, se convierte en un solo cuerpo en Cristo, de manera que son una sola carne, lo cual, relacionado con Cristo y la Iglesia es un gran misterio.

Este matrimonio dura desde la encarnación de Cristo hasta el momento en que Cristo volverá, cuando todos los ritos de la unión nupcial se hayan cumplido las condiciones de esta unión tan sublime, entrarán con él, llenos de reverencia, en la sala de las bodas eternas. A la espera de esto, la Esposa prometida a Cristo camina hacia el Esposo, guardando fielmente la alianza con él en la fe y la ternura hasta que él vuelva.

4.- Estad preparados. (29 ago 2019).

Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora. Aunque el Señor habla para todos, se dirige a sus contemporáneos, como en muchos de sus discursos que se leen en las Escrituras. Sin embargo, estas palabras conciernen a todos los hombres, porque para cada uno el último día llegará, al igual que el fin del mundo, el día en que tenga que abandonar esta vida.

Que cada uno, pues, salga de esta vida como si tuviera que ser juzgado en aquel mismo día. Por esto, que cada uno vigile para no descarriarse, para que cuando venga el día del Señor no lo encuentre desprevenido. Porque aquel que el Señor encuentre sin estar preparado en el día de su muerte lo estará también para el fin del mundo.

5.- Uno solo es vuestro Señor, Cristo. (10 mar 2020).

Si alguno le parece bien desear un alto cargo en la Iglesia, que desee la obra que este le permite realizar y no el honor que le subsigue; que desee ayudar y servir a todo los hombres, más que ser ayudado y servido por todos: Porque el deseo de ser servido procede del orgullo, como el de los fariseos, y el deseo de servir nace de la sabiduría y de la enseñanza de Cristo. Los que buscan los honores por ellos mismos son los que se enaltecen, y los que se alegran de llevar su ayuda y servir son los que se abajan para que el Señor los eleve.

Cristo no habló de aquel que el Señor eleva, sino que dijo: El que se enaltece a sí mismo será humillado, evidentemente por el Señor: Tampoco habló de aquel al que el Señor. Tampoco habló de aquel al que el Señor humilla, sino que dijo: El que se humilla voluntariamente será enaltecido, en consecuencia, también por el Señor. Esta regla la expresó en otros términos: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Desde entonces, cualquiera que quiera ser su discípulo no debe tardar en aprender esta sabiduría de Cristo, porque un discípulo, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. Por el contrario, el que haya rechazado aprender la sabiduría enseñada por el Maestro, lejos de llegar a ser un maestro, no será ni siquiera un discípulo.

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