SAN PABLO VI
1.- Ser una lámpara sobre
el candelero.
(29
ene 2019).
Los laicos, a quienes su vocación específica coloca en medio del mundo y al frente de las tareas materiales más variadas, deben ejercer, en virtud de esta vocación, una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial, esto es el papel específico de los pastores, sino la puesta en marcha de todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero ya presentes y activas en las cosas del mundo.
El campo propio de su actividad evangelizadora es el vasto mundo completo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y del arte, de las relaciones internacionales, de los medios de comunicación, así como ciertas realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y adolescentes, el trabajo profesional, el sufrimiento. Cuantos más laicos estén impregnados del espíritu evangélico... tanto más estas realidades serán caminos al servicio de la edificación del reino de Dios y, por lo tanto, de la salvación en Jesucristo, sin perder o sacrificar nada de su potencial humano, sino manifestando la dimensión trascendente a menudo desconocida.
2.- Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de los cielos. (17 feb 2019).
El gozo de permanecer en el amor de Dios comienza ya aquí abajo. Es el del reino de Dios. Pero se concede dentro de un camino escarpado, que pide una total confianza en el Padre y en el Hijo, una preferencia por el reino. El mensaje de Jesucristo promete ante todo el gozo; este gozo exigente ¿no se abre con las bienaventuranzas? Misteriosamente, el mismo Cristo, para arrancar de raíz del corazón del hombre el pecado de suficiencia y manifestar al Padre una total obediencia filial, aceptó morir a manos de los impíos, morir en una cruz. Pero desde entonces Jesús está vivo para siempre en la gloria del Padre y por eso los discípulos se llenaron de un gozo imperecedero al ver al Señor al atardecer de Pascua.
Ahora, aquí abajo, el gozo del reino realizado solo puede brotar de la celebración conjunta de la muerte y de la resurrección del Señor. Es la paradoja de la condición cristiana que ilumina de manera singular la condición humana: ni la prueba ni el sufrimiento se eliminan de este mundo, pero cobran un nuevo sentido con la certeza de participar de la redención obrada por el Señor y de participar en su gloria. Por eso el cristiano, sometido a las dificultades de la existencia común, no por ello queda reducido a ver en la muerte el final de sus esperanzas. Tal como lo anunció el profeta: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras, y una luz les brilló. Acreciste su alegría, aumentaste su gozo.
3.- Y vosotros ¿ quién decís que soy¿ (21 feb 2019).
Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda criatura, es en el que todo se mantiene. Es el Señor de la humanidad y su redentor; nació, murió y resucitó por nosotros.
Es el centro de la historia del mundo; nos conoce y nos ama; es el compañero y amigo de nuestra vida, el hombre de dolores y de la esperanza; es el que ha de venir y que, al final, será nuestro juez, y es nuestra confianza, nuestra vida plena y nuestra bienaventuranza.
No acabaría nunca de hablar de él; es la luz, es la verdad; mucho más, es el camino, la verdad y la vida. Él es el pan, la fuente de agua viva que sacia nuestra hambre y nuestra sed. Es nuestro pastor, nuestro jefe, nuestro modelo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros y más que nosotros ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, oprimido, sufriente.
4.- Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. (28 abr 2019).
La alegría pascual no es solamente la de una transfiguración posible: es la de una nueva presencia de Cristo resucitado, dispensando a los suyos el Espíritu, para que habite en ellos. Así el Espíritu Paráclito es dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegría de esposa de Cristo glorificado. Él lo envía de nuevo para recordar, mediante el ministerio de gracia y de verdad ejercido por los sucesores de los apóstoles, la enseñanza misma del Señor. Él suscitó en la Iglesia la vida divina y el apostolado. Y el cristiano sabe que este Espíritu no se extinguirá jamás en el curso de la historia. La fuente de esperanza manifestada en pentecostés no se agotará,
El Espíritu que procede del Padre y del Hijo, de quienes es el amor mutuo viviente, es pues comunicado al Pueblo de la nueva Alianza y a cada alma que se muestre disponible a su acción íntima. Él hace de nosotros su morada, dulce huésped del alma. Con él habitan en el corazón del hombre el Padre y el Hijo. El Espíritu Santo suscita en el corazón humano una plegaria filial impregnada de acción de gracias, que brota de lo íntimo del alma, en la oración, y se expresa en la alabanza, la acción de gracias, la reparación y la súplica. Entonces podemos gustar la alegría propiamente espiritual, que es fruto del Espíritu Santo. La tristeza de los discípulos, que es según Dios y no según el mundo, se trocará pronto en una alegría espiritual que nadie podrá arrebatarles.
5.- Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo? (27 sept 2019).
¡Cristo! Siento la necesidad de anunciarlo, no puedo callarlo: ¡Pobre de mí si no anuncio el evangelio! Para esto he sido enviado; soy apóstol, soy testigo. Cuanto más lejos está el objetivo y más difícil es la misión, más me siento apremiado por el amor. Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, el primer nacido de toda criatura, es el fundamento de toda cosa. Es el Señor de la humanidad y el Redentor: nació, murió y resucitó por nosotros; es el centro de la historia y del mundo. Él es el que nos conoce y nos ama; es el compañero y el amigo de nuestra vida. Es el hombre del dolor y de la esperanza; es el que ha de venir y un día será también nuestro juez, nosotros le esperamos, es la plenitud eterna de nuestra existencia, nuestra bienaventuranza.
Nunca acabaría de hablar de él: él es la luz, es la verdad; mucho más es el camino, la verdad y la vida. Es el pan, la fuente de agua viva que sacian nuestra hambre y nuestra sed. Es el Pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros, y más que nosotros, ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador desdichado y paciente. Para nosotros habló, hizo milagros, y fundó un reino nuevo en el que los pobres serán dichosos, en el que la paz es el principio de la vida de todos juntos.
6.- Importancia primordial del testimonio. (10 oct 2019).
La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio. Supongamos un cristiano o un grupo de cristianos que, dentro de la comunidad humana donde viven, manifiestan su capacidad de comprensión y de aceptación, su comunión se vida y de destino con los demás, su solidaridad en los esfuerzos de todos en cuanto existe de noble y bueno. Supongamos además que irradian de manera sencilla y espontánea su fe en los valores que van más allá de los valores corrientes, y su esperanza en algo que no se ve ni osarían soñar. A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira? ¿Por qué están con nosotros?
Pues bien, este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero también muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización. Son posiblemente las primeras preguntas que se plantearán muchos no cristianos. Surgirán otros interrogantes, más profundos y más comprometedores, provocados por este testimonio que comporta presencia, participación, solidaridad y que es un elemento esencial, de la evangelización.
7.- Necesidad de un anuncio explícito. (30 oct 2019).
El más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado -lo que Pedro llamaba dar razón a vuestra esperanza-, explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. La Buena Nueva proclamada por el testimonio de vida deberá ser, pues, tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios.
La historia de la Iglesia, a partir del discurso de Pedro en la mañana de Pentecostés, se entremezcla y se confunde con la historia de este anuncio. En cada nueva etapa de la historia humana, la Iglesia, impulsada, continuamente por el deseo de evangelizar, no tiene más que una preocupación: ¿a quién enviar para anunciar este misterio? ¿Cómo lograr que resuene y llegue a todos aquellos que lo deben escuchar? Este anuncio -Kerygma, predicación o catequesis- adquiere un puesto tan importante en la evangelización que con frecuencia es en realidad sinónimo. Sin embargo, no pasa de ser un aspecto suyo.
8.- Los seglares. (31 oct 2019)
Los seglares, cuya vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales, deben ejercer por lo mismo una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial -esa es la función específica de los pastores-, sino el poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc.
Cuantos más seglares haya impregnados del evangelio, responsables de estas realidades y claramente comprometidos en ellas, competentes para promoverlas y conscientes de que es necesario desplegar su plena capacidad cristiana, tantas veces oculta y asfixiada, tanto más estas realidades estarán al servicio de la edificación del reino de Dios y, por consiguiente, de la salvación en Cristo Jesús.
9.- Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz. (21 nov 2019).
¡Nunca más la guerra, nunca más la guerra! Es la paz, la paz, la paz que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad... La paz, ustedes lo saben, no se construye únicamente por medio de la política y el equilibrio de las fuerzas y de los intereses. Se construye con el espíritu, las ideas, las obras de la paz.
Ustedes trabajan en este gran empeño. Pero están todavía en los comienzos de sus esfuerzos. ¿Llegará el mundo a convertirse de su mentalidad particularista y belicosa que, hasta el momento, ha tejido una enorme parte de su historia? Es difícil preverlo; pero es fácil afirmar que hay que ponerse resueltamente en camino hacia la nueva historia; la historia pacífica, aquella que será verdadera y plenamente humana, aquella que Dios ha prometido a los hombres de buena voluntad.
10.- A cada uno lo llaman por su nombre. (3 may 2020)
Cuando Jesús se presenta como el buen Pastor, se sitúa en una larga tradición bíblica familiar a sus discípulos y a sus oyentes. El Dios de Israel, en efecto, se había manifestado siempre como el buen Pastor de su pueblo. Había escuchado sus súplicas, los había liberado de la tierra de la esclavitud, los había conducido por su bondad en la dura marcha por el desierto hacia la tierra prometida... Siglo tras siglo, el Señor seguía conduciendo al pueblo, más aún, lo llevaba en brazos como el pastor lleva a los corderos. Lo había conducido después del castigo del exilio, llamándolo de nuevo y reuniendo a las ovejas perdidas para llevarlas a la tierra de sus antepasados.
Por este motivo, los que nos han precedido en la fe se dirigían a Dios filialmente como a su pastor: El Señor es mi pastor nada me falta. Cuando, en la plenitud del tiempo, vino Jesús, encontró a su pueblo como un rebaño sin pastor y le dio lastima. En él se cumplieron las profecías y se concluyó la espera. Con las mismas palabras de la tradición bíblica, Jesús se presenta como el buen Pastor que conoce a sus ovejas, las llama a cada una por su nombre y da la vida por ellas. Y así habrá un solo rebaño y un solo pastor.
11.- Cuando venga el Paráclito, él dará testimonio sobre mí. (18 may 2020)
Estamos actualmente en la Iglesia en un momento privilegiado del Espíritu. Por todas partes se busca conocerlo mejor, tal como lo revela la Escritura. Se experimenta una felicidad al exponerse a sus influjos. La gente se reúne en torno al Espíritu. Se quiere dejar conducir por él. Ahora bien, el Espíritu de Dios tiene un lugar eminente en la vida de la Iglesia en cuanto a su misión evangelizadora. No es casualidad que la gran tarea misionera de la Iglesia tomara su inicio justamente en la mañana de Pentecostés, bajo el impulso del Espíritu Santo.
Se puede afirmar que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización... Pero con el mismo derecho se puede decir también que es el fin de la evangelización: únicamente él suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que nos conduce la evangelización quiere provocar en la comunidad cristiana. A través de ella, la evangelización penetra en el mundo, leyendo los signos de los tiempos, signos de Dios, que la evangelización descubre y descubre su valor en la historia del mundo.
12.- Mirando a sus discípulos, Jesús dijo: "Dichosos los pobres, vuestro es el reino de los cielos". (09 sep 2020).
Es importante captar bien el secreto del gozo insondable que es propio de Jesús y del cual está lleno... Si Jesús irradia una paz, una seguridad, una alegría, una disponibilidad así, es por el amor inefable que siente al ser amado por su Padre. En el momento de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde el primer instante de su encarnación, se manifestó: Tú eres mi Hijo, el amado el predilecto. Esta certeza es inseparable de la conciencia de Jesús. Es una presencia que jamás le deja solo. Es un conocimiento íntimo que le llena: El Padre me conoce y yo conozco al Padre. Es un intercambio incesante y total: Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío.
Hay ahí una relación incomunicable de amor que se confunde con la existencia de Hijo y que es el secreto de la vida trinitaria: en ella, el Padre aparece como el que se da al Hijo sin reserva ni intermitencia, en un impulso de generosidad gozosa; y el Hijo, el que se da al Padre de la misma manera, con un impulso de gratitud gozosa, en el Espíritu Santo. Y he aquí que los discípulos y todos los que creen en Cristo son llamados a participar de este gozo. Jesús quiere que lleven en sí mismos su gozo y plenitud: Les he dado a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos.
13.- Y vosotros, ¿ quién decís que soy? (25 sep 2020).
Debo proclamar su nombre: Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda criatura, todo se mantiene en él. Es el Señor de la humanidad y su Redentor; nació, murió y resucitó por nosotros. Es el centro de la historia del mundo; nos conoce y nos ama; es el compañero y amigo de nuestra vida, el hombre de dolores y de la esperanza; es el que ha de venir y el que, al final, será nuestro juez; y también es nuestra confianza, nuestra vida plena y nuestra bienaventuranza.
No acabaría nunca de hablar de él; es la luz, es la verdad; aún más, es el camino, la verdad y la vida. Él es el pan, la fuente de agua viva que sacia nuestra hambre y nuestra sed. Es nuestro pastor, nuestro jefe, nuestro modelo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Igual que nosotros y más que nosotros ha sido pequeño, pobre, humillado, trabajador, oprimido, sufriente.
14.- Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. (29 jun 2021).En este Año santo, nos os hemos invitado a cumplir, materialmente o en espíritu y por la intención, un peregrinaje a Roma, al corazón de la Iglesia católica... Para los apóstoles Pedro y Pablo, Roma ha sido ese término donde los santos derramaron su sangre como último testimonio. La vocación de Roma procede de los apóstoles; el ministerio que nos toca ejerce desde aquí es un servicio a favor de la Iglesia universal e incluso de toda la humanidad. Es un servicio irremplazable, ya que, según el beneplácito de su sabiduría, Dios colocó Roma, la ciudad de Pedro y de Pablo, en el itinerario que conduce a la Ciudad Eterna, porque confió a Pedro las llaves del reino de los cielos.
Pedro unifica en su persona el colegio de todos los obispos. Lo que queda aquí en Roma, no por la voluntad del hombre, sino por una providencia libre y misericordiosa del Padre, del Hijo y del Espíritu, es la "solidez de Pedro", como la define san León Magno: Pedro no cesa de ocupar su sede; conserva una participación plena en el ministerio de Cristo, Soberano Pontífice. La estabilidad propia de la piedra que él ha recibido de la piedra angular que es Cristo, una vez establecido como Pedro-Piedra, la transmite a todos sus sucesores.
15.- La lámpara sobre el candelero. (30 ene 2014).
El fervor de los grandes predicadores y evangelizadores cuya vida se entregó al apostolado inspira nuestra llamada a evangelizar hoy. Ellos supieron sobrepasar muchos obstáculos a la evangelización; también nuestra época conoce numerosos obstáculos entre los cuales nos limitamos a mencionar la falta de fervor. Tanto más grave porque viene de dentro, se manifiesta en el cansancio y desencanto, la rutina y el desinterés y sobre todo la falta de gozo y esperanza. Exhortamos, pues, a los que, por cualquier título o escalafón, tienen la tarea de evangelizar que alimenten en ellos el fervor de espíritu.
Conservemos el fervor de espíritu. Mantengamos el dulce y reconfortante gozo de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Que para nosotros sea un impulso interior que nunca nadie ni nada pueda apagar. Que sea el gran gozo de nuestras vidas entregadas. Y que el mundo de nuestro tiempo, que busca tan pronto en la angustia, tan pronto en la esperanza, pueda recibir la Buena Noticia, no de evangelizadores tristes y descorazonados, impacientes o ansiosos, sino de ministros del Evangelio cuya vida irradia fervor, que son ellos mismos los primeros en recibir el gozo de Cristo, y aceptan poner en juego su vida para que el reino sea anunciado y la Iglesia implantada en el corazón del mundo.
16.- San Cirilo y el alfabeto cirílico. (14 feb 2014).
Nos sentimos muy dichosos por el hecho de poder conmemorar al gran Cirilo, quien, con su hermano Metodio, es honorado como apóstol de los eslavos y fundador de la literatura eslava. Cirilo fue un gran apóstol que supo llevar a cabo, de forma destacada, el equilibrio entre las exigencias de la unidad y la legítima diversidad. Para ello, se apoyó sobre un principio tradicional e inmutable: la Iglesia respeta y asume todas las virtualidades, todos los recursos, todas las formas de vida de los pueblos, a los cuales anuncia el Evangelio del Señor, purificándolas, fortificándolas, elevándolas. Es así como los santos Cirilo y Metodio pudieron hacer que la revelación de Cristo, la vida litúrgica y la vida espiritual de los cristianos se encontraran "en su propia casa" dentro de la cultura y la vida de los grandes pueblos eslavos.
Pero ¡cuantos esfuerzos ha tenido que hacer Cirilo para ser capaz de llevar a cabo una obra de tal magnitud! Su penetración de la lengua y la cultura de los pueblos eslavos fueron el fruto de largos y perseverantes estudios, de una continua abnegación, llevados a cabo por un genio poco común que supo dar el primer alfabeto a esa lengua y a esa cultura. Que san Cirilo, el hombre de la tradición, permanezca siempre como ejemplo para los hombres de nuestros días en sus esfuerzos por adaptarse a los cambios que se producen, y nos inspire en nuestros esfuerzos para la concordia y la paz entre los pueblos de diversas culturas y tradiciones.
17.- La sal de la penitencia. (27 feb 2014).
Todo cristiano debe seguir al Maestro, renunciando a sí mismo, llevando su cruz y participando en los sufrimientos de Cristo. Así transfigurado a imagen de su muerte, se vuelve capaz de meditar la gloria de la resurrección. Igualmente seguirá a su Maestro no viviendo ya más para sí, sino por aquel que le amó y se entregó a sí mismo tanto por él como por sus hermanos, completando en su carne lo que falta a los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo, que es la Iglesia.
Además, estando la Iglesia íntimamente unida a Cristo, la penitencia de cada cristiano tiene igualmente una relación propia e íntima con toda la comunidad eclesial. En efecto, no es tan sólo a través del bautismo en el seno de la Iglesia como recibe el don fundamental de la metanoia, es decir, del cambio y renovación del hombre entero, sino que este don es restaurado y reafirmado por el sacramento de lo penitencia en los miembros del Cuerpo de Cristo que han caído en pecado. "Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen el perdón de la ofensa hecha a Dios por la misericordia de éste, y al mismo tiempo se reconcilian con la iglesia, a la que, pecando, ofendieron, la cual, con caridad, con ejemplos y con oraciones, les ayuda en su conversión" (Lumen Pentium 11). Es, en fin, en la Iglesia, donde la pequeña obra de penitencia que se impone a cada penitente en el sacramento participa, de manera especial, en la expiación infinita de Cristo.
18.- Se volvieron a galilea, a su ciudad de Nazaret. (30 dic 2014).
Nazaret es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde, y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende incluso, quizá de una manera insensible, a imitar esta vida ¡Cómo quisiéramos ser otra vez niños y volver a esta humilde pero sublime escuela de Nazaret!
¡Cómo quisiéramos volver a empezar junto a María nuestra iniciación a la verdadera ciencia de la vida y a la más alta sabiduría de la verdad divina!
Su primera lección es el silencio. Cómo desearíamos que renovara y fortaleciera en nosotros el amor al silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros, que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y agitada vida moderna. Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros: enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve.
19.- Os digo esto para que mi alegría esté en vosotros. (10 may 2015).
Desde hace veinte siglos, la fuente de alegría no ha cesado de manar en la Iglesia y especialmente en el corazón de los santos. En la vida de los hijos de la Iglesia, esta participación en la alegría del Señor es inseparable de la celebración del misterio eucarístico, en donde comen y beben su Cuerpo y su Sangre. Así sustentados, como los caminantes, en el camino de la eternidad, reciben ya sacramentalmente las primicias de la alegría escatológica.
Puesta en esta perspectiva, la alegría amplía y profunda derramada ya en la tierra dentro del corazón de los verdaderos fieles no puede menos de revelarse como diffusivum sui, lo mismo que la vida y el amor de los que es un síntoma gozoso. La alegría es el resultado de una comunión-divina cada vez más universal. De ninguna manera podría incitar a quien la gusta a una actitud de repliegue sobre sí mismo. Procura al corazón una apertura católica hacia el mundo de los hombres, al mismo tiempo que los que los hiere con la nostalgia de los bienes eternos. Los hace encaminarse con premura hacia la consumación celestial de las Bodas del Cordero.
20.- La paz esté con vosotros. (31 mar 2016).
Fijémonos en el saludo inesperado, tres veces repetido por Jesús resucitado cuando se apareció a sus discípulos, reunidos en la sala ala por miedo a los judíos: Paz a vosotros. He aquí un saludo que resonaba en Navidad: Paz en la tierra, un saludo bíblico ya anunciado como promesa efectiva del reino mesiánico. Pero ahora es comunicado como una realidad que toma cuerpo en este primer núcleo de la Iglesia naciente: la paz de Cristo victorioso sobre la muerte y sobre las causas próximas y remotas que tienen como terrible efecto la muerte.
Jesús resucitado anuncia, pues, y funda la paz en el alma descarriada de sus discípulos. Es la paz del Señor, entendida en su sentido primero, personal, interior, aquella que Pablo enumera entre los frutos del Espíritu, después de la caridad y el gozo, y que se funde con ellos. ¿Qué hay de mejor para un hombre consciente y honrado? La paz de la conciencia ¿no es el mejor consuelo que podamos encontrar? La paz del corazón es la felicidad auténtica. Ayuda a ser fuerte en la adversidad, mantiene la nobleza y la libertad de la persona, incluso en las situaciones más graves, es la tabla de salvación, la esperanza en los momentos en que la desesperación parece vencernos. Es el primer don del resucitado, el sacramento de un perdón que resucita.
21.- La juventud perenne de la Iglesia. (14 may 2016).
Hoy fijamos nuestro pensamiento en un aspecto propio de Pentecostés: la animación sobrenatural producida por la efusión del Espíritu Santo en el cuerpo visible, social y humano de los discípulos de Cristo. Este efecto es la perenne juventud de la Iglesia está bajo los influjos del tiempo, está encerrada, sepultada en la muerte; pero esta realidad no suspende ni interrumpe el testimonio de la Iglesia en la historia a lo largo de los siglos. Jesús lo anunció y lo prometió: Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
Uno puede objetar en seguida, como tanta gente de hoy día: Quizá sí, la Iglesia es permanente, ya que existe desde hace dos mil años, pero, justamente por ser tan antigua, está envejecida. Para los espíritus abiertos a la verdad, sin embargo, bastaría con decir que esta perennidad de la Iglesia es sinónimo de juventud. Es obra del Señor y es realmente admirable. La Iglesia es joven. El secreto de su juventud es su persistencia inalterable en el tiempo. El tiempo no hace envejecer a la Iglesia, la hace crecer, la estimula hacia la vida y la plenitud. Ciertamente, todos sus miembros mueren como todos los mortales, pero la Iglesia, como tal, no sólo tiene un principio invencible de inmortalidad más allá de la historia, sino que posee también una fuerza incalculable de renovación.
22.- Zaqueo quería ver Jesús. (30 oct 2016).
Hoy en día los hombres tienden a no buscar a Dios. Lo buscan todo, menos a Dios. Dios ha muerto, dicen. Pero Dios no murió; para tantos hombres de hoy, está perdido. ¿Entonces, no valdría la pena buscarlo? Lo buscamos todo: lo que es nuevo y lo que es antiguo; lo que es difícil y lo que es inútil; lo que es bueno y lo que es malo. Podríamos decir que esta búsqueda es lo que caracteriza la vida moderna. ¿Por qué no buscar a Dios? ¿No es un "valor" que merece nuestra búsqueda? ¿No es una realidad que requiere un conocimiento mejor que el puramente nominal de uso general?
¿No es mejor que la de ciertas expresiones religiosas supersticiosas y extravagantes que debemos o bien rechazar porque son falsas o bien purificar porque son imperfectas? ¿Dios no es acaso, como se dice, un "problema" que nos interesa personalmente, que pone en juego nuestro pensamiento, nuestra conciencia, nuestro destino, e inevitablemente un día tendremos un encuentro personal con él? ¿Y no será que Dios se ha escondido para que tengamos que buscarlo por un camino apasionante que para nosotros es decisivo? ¿Y si es el mismo Dios el que nos busca?
23.- Desdichadamente, esto está escondido a tus ojos. (17 nov 2016).
Es del todo evidente que ninguna ciudad de aquí abajo constituye el término de nuestro peregrinar en el tiempo. Dicho término está escondido en el más allá, en el corazón del misterio de Dios que todavía es invisible para nosotros; porque nuestro caminar es todavía en fe, no en la clara visión, y no se nos ha manifestado todavía lo que seremos. La nueva Jerusalén, de la cual somos ya ciudadanos e hijos, desciende de arriba, de junto a Dios. Todavía no hemos podido contemplar el esplendor de esta única ciudad definitiva, más que como en un espejo, de manera confusa, manteniendo firme la palabra de los profetas. Pero ya desde ahora somos ciudadanos de ella, o estamos invitados a serlo; todo el peregrinar espiritual recibe su sentido interior de este último destino.
Esta es la Jerusalén que han celebrado los salmistas. El mismo Jesús, y María, su madre, han cantado en esta tierra los cánticos de Sion al subir a Jerusalén: Belleza perfecta, alegría de toda la tierra. Pero desde ahora la Jerusalén de arriba recibe todo su atractivo solo de Cristo, es hacia él que hacemos un camino interior.
24.- Vosotros lo conocéis (21 may 2017).
Para los que quieren captar las ondas
sobrenaturales del Espíritu Santo, hay una regla, una exigencia que se impone
de modo ordinario: la vida interior. Dentro del alma es donde uno se encuentra
con este huésped indecible: "dulce huésped del alma", dice el maravilloso himno
litúrgico de Pentecostés. El hombre se hace templo
del Espíritu Santo, nos repite san Pablo. El hombre de hoy, y también el
cristiano muy a menudo, incluso los que están consagrados a Dios, tienden a
secularizarse. Pero no podrá, jamás deberá olvidar esta exigencia fundamental
de la vida interior si quiere que su vida sea cristiana y esté animada por el
Espíritu Santo. El silencio interior es necesario para oír la palabra de Dios,
para sentir su presencia, para oír la llamada de Dios.
Hoy nuestro espíritu está demasiado volcado hacia el exterior; no sabemos meditar, no sabemos orar; no sabemos acallar todo el ruido que hacen en nosotros los intereses exteriores, las imágenes, los humores. No hay en el corazón un espacio tranquilo y consagrado para recibir el fuego de Pentecostés... La conclusión es clara: hay que darle a la vida interior un sitio en el programa de nuestra ajetreada vida; un sitio privilegiado, silencioso y puro; debemos encontrarnos a nosotros mismos para que pueda vivir en nosotros el Espíritu vivificante y santificante.
25.- Dios creó al hombre a su imagen... hombre y mujer los creó. (16 jun 2017).
La dualidad de sexos ha sido querida por Dios, para que juntos el hombre y la mujer sean imagen de Dios, y como él, fuente de vida: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y dominadla. Una lectura atenta de los Profetas, de los libros sapienciales, del Nuevo Testamento, nos muestra la significación de esta realidad fundamental, y nos enseña a no reducirla al deseo físico, sino a descubrir en ella el carácter complementario de los valores del hombre y de la mujer, la grandeza y las debilidades del amor conyugal, su fecundidad y su apertura al misterio del designio de amor de Dios. Esta enseñanza conserva hoy día todo su valor y nos defiende contra las tentaciones de un erotismo destructor...
Muchas parejas han encontrado realmente en su vida conyugal el camino de la santidad, en esta comunidad de vida que es la única que puede fundarse sobre un sacramento. La regeneración bautismal obra del Espíritu Santo nos convierte en criaturas nuevas, llamadas a vivir una vida nueva. Esta gran empresa de renovación de todas las cosas en Cristo, el matrimonio, también él, purificado y renovado, es una realidad nueva, un sacramento de la nueva alianza. Pero, mientras que el de Adán y Eva fue la fuente del mal que se ha desencadenado en el mundo, el de José y María es la cima de donde desciende la santidad por toda la tierra.
