CHIARA LUBICH

21.08.2021

     1.- Su Misa, nuestra Misa. (05 nov 2013)

Si sufres, y tu sufrir es tal que te impide toda actividad, acuérdate de la Misa. En la Misa, hoy como entonces Jesús no trabaja, no predica: Jesús se sacrifica por amor. En la vida se pueden hacer muchas cosas, decir muchas palabras; pero la voz del dolor -quizá sorda y desconocida para los demás-, del dolor ofrecido por amor, es la palabra más fuerte, la que hiere al cielo.

Si sufres, sumerge tu dolor en el suyo: di tu misa. Y si el mundo no comprende estas cosas, no te turbes; basta con que te comprendan Jesús, María y los santos. Vive con ellos y deja que corra tu sangre en beneficio de la humanidad: ¡como él! ¡La Misa! ¡Demasiado grande para que se comprenda! Su Misa, nuestra Misa.

2.- La voluntad de Dios. (28 ene 2014).

"Que se haga la voluntad de Dios" es una expresión que, en la mayor parte de los casos, dicen los cristianos en momentos de dolor, cuando no hay otra salida. Ante el inevitable fracaso de lo que pensábamos, deseábamos o queríamos, sale a flote nuestra fe y aceptamos lo que Dios ha establecido. Pero no es sólo así como hay que hacer la voluntad de Dios. En el cristianismo no existe sólo la "resignación cristiana".

La vida del cristiano es un hecho que tiene raíces en el cielo además de en la tierra. Por su fe, el cristiano puede y debe estar siempre en contacto con Otro que conoce su vida y su destino. Y ese Otro no es de esta tierra, sino de otro mundo. Y no es un juez despiadado o un soberano absoluto, que exige sólo servicio. Es un Padre. Es Padre porque está en relación con otros, en este caso con hijos, hijos adoptados por el único Hijo, que habita con él desde la eternidad. Por eso la vida del cristiano no es ni puede establecerse sólo según su propia voluntad y previsiones. Por desgracia, muchos cristianos se despiertan por la mañana decaídos y apáticos ante la jornada que empieza. Se lamentan de muchas cosas pasadas, futuras y presentes, porque son ellos mismos los que se programan la vida; este plan, al ser fruto de la inteligencia humana y de previsiones estrechas, no puede satisfacer plenamente al hombre, ávido de infinito. Se ponen ellos mismos en el lugar de Dios, al menos en lo que les afecta y, como el hijo pródigo, piden su parte y se la gastan a su modo, sin el consejo de su padre y sin estar injertados en la familia.

3.- La cruz. (21 mar 2014).

Quizá se pueda entender algo del amor de Dios a través del amor materno, porque el amor de una madre no es sólo caricias y besos; es, sobre todo, sacrificio. De la misma manera, a Jesús el amor lo llevó a la cruz, cosa que muchos consideran una locura. Pero sólo esa locura salvó a la humanidad y ha forjado santos. En efecto los santos son hombres capaces de comprender la cruz. Hombres que, siguiendo a Jesús, el Hombre-Dios, han tomado la cruz de cada día como lo más precioso de la tierra, la han esgrimido como un arma y se han hecho soldados de Dios, la han amado toda su vida y han conocido y experimentado que la cruz es la llave, la única llave que abre un tesoro, el tesoro. Abre poco a poco las almas a la comunión con Dios...

La cruz es, en resumen, el instrumento necesario por medio del cual penetra lo divino en lo humano y el hombre participa con más plenitud en la vida de Dios, elevándose desde el reino de este mundo al reino de los cielos. Pero es preciso tomar la cruz, despertarse por la mañana esperándola, sabiendo que sólo por medio de ella nos llegan esos dones que el mundo no conoce; esa paz, ese gozo y ese conocimiento de las cosas divinas que se escapa a la mayoría. La cruz..., algo tan común. Tan fiel, que no falta ningún día a la cita. Bastaría cogerla para hacernos santos. La cruz, emblema del cristianismo, que el mundo no quiere porque cree que, huyendo de ella, huye del dolor y no sabe que ella abre de par en par el alma de quien la ha comprendido al reino de la luz y del amor, de ese amor que el mundo tanto busca, pero que no tiene.

4.- Uno por uno. (27 may 2014).

Necesitamos dilatar el corazón a la medida del corazón de Jesús.¡Cuánto trabajo! Pero es lo único necesario. Hecho esto está hecho todo. Se trata de amar a cada uno que se nos acerca como Dios lo ama. Y dado que estamos sujetos al tiempo, amemos l prójimo uno por uno, sin conservar en el corazón ningún resto de afecto por el hermano con el que acabamos de estar, ya que es al mismo Jesús a quien amamos en todos. Pues si quedase algún residuo, quiere decir que hemos amado al hermano por nosotros o por él, no por Jesús. Y aquí está el error.

Nuestra obra más importante es mantener la castidad de Dios, es decir, mantener el amor en el corazón tal como ama Jesús. De modo que para ser puros no es preciso frenar el corazón y reprimir el amor; lo que hace falta es dilatarlo según el corazón de Jesús y amar a todos. Y así como basta una hostia santa entre los millones de hostias de la tierra para alimentarse de Dios, basta un hermano -el que la voluntad de dios nos pone al lado- para unirnos en comunión con la humanidad, que es Jesús místico. Y comulgar con el hermano es el hermano segundo mandamiento, el que viene inmediatamente después del amor Dios y como expresión suya.

5.- Bienaventurados. (09 jun 2014).

La vida de los santos es única, aunque muy variada. Por haberse entregado a Dios, él los cuida de modo especial como sumo artista y sumo amor, y realiza en ellos obras de arte divinas. Saben comprenderlos los espíritus angélicos y los ojos de los santos, o bien la inteligencia iluminada por una gracia singular de los que deben juzgarlos en la Iglesia. Por los demás, por lo general, son invisibles en su ser íntimo, incomprendidos, porque en el santo vive más Dios que el hombre, y sólo los puros de corazón ven a Dios.

La vida del santo está formada de abismos y cumbres: profundos abismos, noches negras como el infierno, galerías tenebrosas donde el alma, invadida por una luz absolutamente superior, se ve deslumbrada en una oscura contemplación e inmersa en un mar de angustia, o casi de desesperación, por la certeza evidente de su propia nada y de su propia miseria. El santo pasa meses o años en los que su único anhelo sería morir en el seno de Dios, del cual se siente a veces irremediablemente separado. La vida es una muerte atroz y el sueño es un alivio, una tregua, casi una caricia para el alma llagada. El santo pasa un largo período en el cual grita invocando el perdón, la salvación, él, que ya nada tiene en su corazón sino a Dios, a su Dios.

6.- Sal de la tierra (10 jun 2014).

Después, tras un prolongado y lento trabajo, en un crisol comparable al purgatorio, el alma del santo es atraída lentamente por su divino Artífice hacia una vida serena, plena, luminosa, laboriosa e invulnerable a cualquier golpe; pero en ella ahora ya no vive ella, sino que vive, glorioso y fuerte, honrado y escuchado, el Creador y Señor de todo corazón humano. Es el m omento en que florece en el santo un vigor divino, desconocido e insólito, que sintetiza en su espíritu las virtudes más contrapuestas: la mansedumbre y la fuerza, la misericordia y la justicia, la sencillez y la prudencia. Goza de la vida en Dios y ofrece a su Señor sacrificios de júbilo con una alegría que el mundo no conoce.

Y se siente obligado a decir que ningún sueño se puede comparar con la Vida con que él posee: divina y fantástica -porque está llena de amor-, armoniosa y muy fructífera. Y Dios se sirve de él para sus grandes obras, que componen y adornan la ciudad celestial, la Iglesia, destinada a volver a Dios como bella y digna Esposa de Cristo, que la ha fundado. Al hombre se le ha dado una vida sola, y le convendría a cada uno ponerla en manos de aquel que se la ha dado; esto, en un hombre sensato y libre, sería el mayor acto de inteligencia y el modo de mantener y llevar su libertad a un plano divino; sería la deificación de su ser miserable en nombre de aquel que dijo: ¡Sois dioses, sois todos hijos del Altísimo!

7.- Dar el primer paso. (27 ago 2014).

Otro paso del arte de mar, quizá el más difícil de todos, que pone a prueba su autenticidad y su pureza, requiere ser el primero en amar, tomando siempre la iniciativa, sin esperar a que el otro dé el primer paso.

Este modo de amar nos expone en primera persona, pero si queremos amar a imagen de Dios y desarrollar esta capacidad de amor que Dios nos ha puesto en el corazón, debemos actuar como él, que no esperó a ser amado por nosotros, sino que nos ha demostrado siempre mil maneras que él es el primero en amarnos, sea cual sea nuestra respuesta. Hemos sido creados como un don los unos para los otros, y realizamos esta modo nuestro de ser comprometiéndonos por nuestros hermanos con ese amor que precede a cualquier gesto de amor del otro.

8.- Aprender a amar. (17 sep 2014).

La caridad es una virtud importantísima, lo es todo Por ello, será bueno comprometerse desde ahora mismo a vivirla un poco mejor. Y para hacerlo, hace falta conocer cuáles son las cosas que la hacen especial. Dice un pensador: "Amar está bien; saber amar lo es todo". Sí, saber amar, porque el amor cristiano es un arte y es necesario conocer este arte.

El verdadero arte de amar brota enteramente del Evangelio de Cristo. Y ponerlo en práctica es el primer paso que hay que dar, imprescindible para poder desencadenar esa revolución pacífica, pero tan incisiva y radical que lo cambia todo. Afecta no sólo al ámbito espiritual, sino también al humano, y renueva todas sus expresiones: cultural, filosófica, política, económica, educativa, científica, etc. El secreto de esa revolución es lo que permitió a los primeros cristianos invadir el mundo entonces conocido. Un arte comprometido, con fuertes exigencias. Es un arte que requiere que se supere el estrecho horizonte del amor simplemente natural, que suele estar dirigido casi únicamente a la familia, a los amigos. Aquí el amor va dirigido a todos: al simpático y al antipático, al guapo y al feo, al de mi patria y al extranjero, de mi religión o de otra, de mi cultura o de otra, sea amigo, adversario o enemigo.

9.- Pobres de espíritu. (05 nov 2014).

"Hacerse uno" ¿Qué significan y qué exigen estas dos breves palabras, tan importantes que expresan el modo de amar? No podemos entrar en el alma de un hermano para comprenderlo, entenderlo y compartir su dolor si nuestro espíritu está absorbido por una preocupación, un juicio, un pensamiento..., por cualquier cosa. El "hacerse uno" exige espíritus pobres, ser pobres de espíritu. Sólo con ellos es posible la unidad. Y entonces, en quién nos fijamos para aprender este gran arte de ser pobres de espíritu, un arte que contiene -lo dice el evangelio- el reino de Dios, el reino del amor, el amor en el alma? Nos fijamos en Jesús abandonado. Nadie es más pobre que él: él, después de haber perdido a casi todos sus discípulos, después de haber entregado a su madre, dio también la vida por nosotros y tuvo la terrible sensación de que hasta su Padre lo abandonaba.

Mirándolo a él, comprendemos que hay que darlo p posponerlo todo por amor a los hermanos: hay que dar y posponer las cosas de la tierra, y también -si es necesario- en cierto modo los bienes del cielo. En efecto, mirándolo a él, que se siente abandonado por Dios, es posible cualquier renuncia que nos requiera el amor a los hermanos (y puede sucedernos incluso con frecuencia), el dejar -como se suele decir- a Dios por Dios (a Dios en la oración, por ejemplo, para "hacernos uno" con un hermano necesitado). Mirándolo a él es posible cualquier renuncia. El "hacerse uno" implica esa renuncia.

CHIARA LUBICH
CHIARA LUBICH

10.- Nos visitará el sol que nace de lo alto. (24 dic 2014).

¿Has observado que, si te falta el conocimiento del alfabeto y de las pocas reglas gramaticales que se enseñan en Primaria, te quedas analfabeta para toda la vida, sin saber leer ni escribir aunque tengas inteligencia y voluntad? Del mismo modo, si no sabemos asimilar una a una las Palabras de vida que Jesús ha esculpido en el evangelio, aunque seamos "buenos cristianos", seremos "analfabetos del evangelio", incapaces de escribir a Cristo con nuestra vida.

A medida que avanzo, veo más claramente la belleza de la Palabra de vida. Es la píldora donde se concentra todo lo que Jesús trajo a la tierra: el mensaje evangélico. Trataré de ser también hoy Palabra viva. Así como en la Hostia Santa está Jesús completo, pero también en un trocito de ella, en el evangelio está todo Jesús, pero también en cada una de sus Palabras, Sus Palabras son Palabras de un Dios, cargadas de una fuerza revolucionaria insospechada. Si las sabemos asimilar a nuestro espíritu, generemos a Cristo incluso espiritualmente en nuestro corazón. Sí, esto es lo que debemos hacer: nutrirnos de la Palabra de Dios y, así como todo el alimento necesario para el cuerpo se puede tomar ya en una sola píldora, también podemos nutrirnos de Cristo viviendo una sola de sus Palabras cada vez. Pues él está presente en cada una de ellas. De este modo, si es el ser lo que cuenta y no el tener -tal como hoy se afirma-, y si es el ser lo que cuenta más que el hacer -como podríamos añadir- debemos estar seguros de que, con la Palabra, el Señor por excelencia está en nuestro corazón; es más. Crece en nuestro corazón. Dios es Aquel que es. Será el Ser, pues, el que podrá obrar en nosotros.

11.- Te he encontrado. (10 ene 2015).

¡Te he encontrado en muchos lugares, Señor! Te he sentido palpitar en el silencio profundo de una ermita alpina, en la penumbra del sagrario de una catedral vacía, en el palpitar unánime de una muchedumbre que te ama y llena las arcadas de tu iglesia de cantos y de amor. Te he encontrado en la alegría. Te he hablado más allá del firmamento estrellado, mientras, de noche y en silencio, volvía del trabajo a casa. Te busco y a menudo te encuentro. Pero donde siempre te encuentro es en el dolor.

Un dolor, cualquier dolor, es como el toque de campana que llama a la esposa de Dios a la oración. Cuando la sombra de la cruz aparece, el alma se recoge en el sagrario de su intimidad y, olvidando el tintineo de la campana, "te ve" y te habla. Eres tú que vienes a visitarme. Y yo te respondo: "Heme aquí, Señor. A ti te quiero, a ti te he querido". Y en este encuentro mi alma no siente su dolor, pues está como embriagada de tu amor, invadida por ti, impregnada de ti: yo en ti y tú en mí a fin de que seamos uno. Y luego vuelvo a abrir los ojos a la vida -a la menos verdadera-, divinamente aguerrida, para librar tu batalla.

12.- La pequeña semilla. (28 ene 2015).

¿No has visto alguna vez, en una senda abandonada pero acariciada por la primavera, cómo despunta la hierbecilla y vuelve a florecer sin descanso la vida? Lo mismo le sucede a la humanidad a tu alrededor si dejas de mirarla con ojos de esta tierra y la reconfortas con el rayo divino de la caridad. El amor sobrenatural en tu espíritu es un sol que no admite tregua en el florecer de la vida.Es una vida que hace de piedra angular en tu pequeña vida. No hace falta nada más para elevar el mundo, para llevarlo de nuevo a Dios.

El habla elegante, la finura del trato, el fulgor del arte, el peso de la cultura y la experiencia de años son dotes que ciertamente no hay que descuidar. Pero para el reino eterno vale lo que tiene más vida. Es buena y fragante, sabrosa y vivaz una manzana cortada en trozos; pero si se entierra, muere y no queda ni rastro. En cambio, la pequeña semilla, que no agrada al paladar por insípida e insulsa, si se entierra, produce más manzanas. Así es la vida de Dios, la vida del cristiano, el camino incandescente de la Iglesia. Alta y solemne, descansa sobre columnas que los siglos llamaron insensatas, necias y dementes; sobre las que se lanzó la furia del príncipe del mundo para destruir hasta el último vástago. Pero perduraron. El Padre las podó para que unidas a la vid, dieran abundantes frutos; y las exaltó, gloriosas, en el reino de la vida.

Tú y yo, el lechero, el campesino, el portero, el pescador, el obrero, el vendedor de periódicos... y todos los demás, idealistas desencantados, madres abrumadas, enamorados a punto de casarse, ancianas consumidas en espera de la muerte, muchachos ardorosos, todos... Todos son materia prima para la sociedad de Dios: basta con que en ellos un corazón que mantenga alta, derecha, apuntando a Dios, la llama del amor.

CHIARA LUBICH
CHIARA LUBICH

13.- Dos cosas secretas. (28 may 2015).

Hay dos cosas que tengo que mantener en secreto:

el amor y el dolor.

Porque el amor es el amor con el cual él me ama

o se ama en mí,

y el dolor es el amor con el cual yo lo amo a él.

Lo que sí hay que dar es la Luz.

14.- Gratuidad. (26 jun 2015).

En el amor humano, generalmente uno ama porque es amado; e incluso cuando el amor es noble, se ama en el otro algo de uno mismo. En el amor humano hay siempre algo de egoísmo, o esperamos para amar a que el interés nos mueva a ello.

En cambio, el amor divino sobrenatural es gratuito, es el primero en amar. Por tanto, si queremos dejar vivir en nosotros al "hombre nuevo", si queremos dejar encendida en nosotros la llama del dolor sobrenatural, también nosotros tenemos que amar a todos y ser los primeros en amar.

15.- Llevar las cargas de los demás. (07 ago 2015).

Hay que entender el amor en el sentido más verdadero, del modo más justo. La persona se siente amada de verdad por otra si está consigue darle gusto. Así pues, comprendemos que a veces nuestro amor no es verdadero, por ejemplo, cuando nos explayamos en temas, mantenemos actitudes detalles que no le interesan al otro. El verdadero comportamiento que interpreta las palabras "amor" es el hacerse uno, el ir al encuentro del hermano, de sus necesidades, cargar completamente con sus exigencias y también con los sufrimientos. Entonces tendrá sentido dar de comer, de beber, ofrecer un consejo o una ayuda.

Y ¿qué sucede si nos comportamos así? Sucede como cuando, al ver los grandes problemas de tantas regiones del tercer y cuarto mundo, atenazadas por la mordaza de la misma, de la falta de casa, de ropa, de trabajo, etc., comprendemos que no podemos pretender que esas personas piensen, por ejemplo, en cultivarse o en elevar su espíritu con la oración; antes hay que hacer lo posible por aliviarlas del peso de la miseria que les agobia, y luego podremos pensar en todo lo que se refiere a la vida de la persona humana: su educación, su desarrollo integral. Etc. Lo mismo sucede con cada persona cuando la amamos "haciéndonos uno"

De ese modo, las liberamos completamente de lo que las preocupa y que puede ser motivo de angustia. Entonces se dan cuenta de que llevamos el peso que las agobia, y se sienten libres. Y al sentirse aliviadas, libres, sin preocupaciones, están dispuestas a acoger el mensaje de amor y de paz que queremos llevarles. Y se verán atraídas por esta vida nueva, evangélica, que descubren en nosotros y que, en el fondo del corazón, todos anhelan, pues Dios la concibió para todos sus hijos.

16.- Aprender a amar. (21 ago 2015).

Hay que amar a todos, como hace el Padre del cielo, que manda el sol y la lluvia sobre buenos y malos. Es un amor que empuja a dar siempre el primer paso, sin esperar a ser amados. Como hizo Jesucristo, el cual dio la vida por nosotros cuando aún éramos "malos", es decir, no dignos de amor. Es un amor que considera al otro como a uno mismo, que se ve a sí mismo en el otro. Decía Gandhi: "Tú y yo somos un todo, no puedo hacerte daño sin herirme".Este amor no es sólo palabras y sentimientos; es concreto. Exige que nos "hagamos uno" con los demás que "vivamos al otro" en cierto modo, en sus sufrimientos, en sus alegrías y en sus necesidades, para comprenderlo y poder ayudarlo eficazmente.

Este arte exige que amemos a Jesús en la persona amada. En efecto, aunque este amor esté dirigido a ese hombre o a esa mujer en particular, Cristo considera hecho a él todo lo bueno y lo malo que les hacemos a ellos. Así lo dijo y lo repitió cuando habló de la grandiosa escena del juicio final: A mí me lo hicisteis. Este arte de amar, vivido por varias personas, trae además el amor recíproco a la familia, al trabajo, a los grupos, a la sociedad; el amor recíproco: la perla del evangelio, el mandamiento nuevo de Cristo, que construye la unidad. Éstas son las características del amor verdadero. Las exigencias que lo hacen especial y que sacamos del evangelio.

CHIARA LUBICH
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17.- Una ciudad no basta. (29 oct 2015).

Si quieres conquistar una ciudad al amor de Cristo, si quieres transformar un país en reino de Dios, haz tus cálculos. Reúne amigos que tengan tus mismos sentimientos, únete a ellos en el nombre de Cristo y pídeles que lo pospongan todo a Dios. Luego haz un pacto con ellos: prometeos amor perpetuo y constante a fin de que el Conquistador del mundo esté siempre en medio de vosotros y os conduzca, de modo que, destruido vuestro yo en el amor, la Madre del Amor hermoso os sostenga a cada paso, os enjugue cada lágrima y os sonría en cada alegría.

Tómale luego las medidas a la ciudad. Busca al jefe espiritual de la misma. Ve a verlo con tus amigos. Exponle tu plan, y si él no consiente, no des ni un paso, pues lo estropearías todo. Si él te aconseja y te ofrece normas, acéptalas como mandato y tenlas como contraseña para ti y tus compañeros. Exprésale tu estima, porque Cristo te lo ha ordenado, y ofrécete a ayudarlo -con tu aportación espiritual- en su grave cometido. Interésate después por los más miserables, los andrajosos, los abandonados, los huérfanos, los presos. Sin dar tregua a la acción, corre con los tuyos a visitar a Cristo en ellos, a confortarlos, a revelarles que el amor de Dios está cerca y vela por ellos. Si alguien tiene hambre, llévale de comer, y si está desnudo, llévale con qué vestirse. Si no tienes ropa o alimentos, pídeselos con fe al Padre eterno porque los necesita su Hijo, Cristo, a quien tú quieres servir en cada hombre. Y él te escuchará.

18.- Si entras en el evangelio. (08 oct 2016).

Si entras en el evangelio -y esta es una bella aventura para ti-, te encuentras de golpe como en la cresta de una montaña. Es decir, ya en lo alto, ya en Dios; aunque si miras a los lados, ves que la montaña no es una montaña, sino una cadena de montañas, y la vida para ti consiste en caminar por la cresta de la montaña hasta el final. Cada Palabra de Dios es lo mínimo y lo máximo que él te pide. Por eso, cuando lees: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, tienes la máxima medida de la ley fraterna. Vivamos la Palabra, que es el amor verdadero y el verdadero amor.

19.- Unidad en la verdad del evangelio. (21 ene 2017).

El testamento de Jesús lo comprendíamos de un modo que sin duda estaba iluminado por una gracia especial. Una vez comprendido -tal como Dios quiso, y en la medida que él dispuso-, nos resultó más fácil entender el resto del evangelio.

En efecto, muchas veces poníamos este ejemplo: imaginad el evangelio como una llanura, una tierra en la que están escritas todas las palabras; y por debajo, el testamento de Cristo, que las resume todas. El Señor, al enseñarnos la unidad en la que se ensartan todas las verdades evangélicas, es como si hubiera perforado el terreno para que podamos penetrar y comprender el resto del evangelio desde dentro, captándolo desde la raíz de cada palabra, en su sentido más verdadero.

El que vive la unidad, ve el evangelio con el ojo de Dios y penetra en él con profundidad mayor o menor según su experiencia, es decir, según la santidad recogida en su vida de unidad y según la intensidad con que vive el momento presente.

20.- Hacer florecer una comunidad cristiana. (25 jun 2017).

No solo vivíamos la Palabra de Dios individualmente, cada una por su cuenta. Las experiencias útiles, las iluminaciones, las gracias obtenidas al vivirla las poníamos en común, había que ponerlas en común, por la exigencia de la espiritualidad de la unidad, que requiere que nos santifiquemos juntos. Sentíamos el deber de comunicar a los demás lo que experimentábamos, porque éramos conscientes de que al donar la experiencia, permanecí como edificación de nuestra vida interior; pero si no la donábamos, el alma se empobrecía lentamente. Cambiaron todas las relaciones con Dios y con los hermanos y floreció una comunidad cristiana con la Palabra y por la Palabra.

Personas que antes ni siquiera se conocían, se convirtieron en hermanas, hasta hacer entre ellas la comunión de los bienes materiales y espirituales; gente hasta ayer dispersa, se convirtió en pueblo, en comunidad, en una porción de la Iglesia viva. Y cualquiera de nosotros, sin sutilezas ni razonamientos, creía en sus Palabras con el encanto de un niño y las ponía en práctica, y gozaba de este paraíso anticipado que es el reino de Dios en medio de los hombres que están unidos en su nombre.

CHIARA LUBICH
CHIARA LUBICH

21.- Mis palabras no pasarán. (28 jul 2017).

Nosotros, en Dios, somos más íntimos a Dios que él mismo, porque somos cada uno Palabra de Dios, una Palabra de Dios; y así como una palabra está en la Palabra, nosotros estamos tanto en Dios, que somos la intimidad de Dios. Él nos ha visto, nos ve y nos verá en el Verbo, en el corazón del Verbo, es decir, en lo más íntimo de la Trinidad... Dios me pronunció desde sí mismo, como pronunció ab aeterno al Hijo suyo, porque viéndome en si me amó y me dio vida plasmándome de Espíritu Santo. Ama a Dios el que observa su Palabra. Durante el día debemos pensar que al paraíso no nos llevaremos ni las alegrías, ni los dolores (sin caridad, ni siquiera vale el entregar el cuerpo a las llamas), ni las obras de apostolado Sin caridad, ni siquiera vale el conocer la lengua de los ángeles).

Al paraíso nos llevaremos cómo hayamos vivido todo esto: es decir, si ha sido según la Palabra de Dios, que nos da el modo de expresar nuestra caridad a Dios. Por ello, levantémonos cada día felices, ya truene o haga sol, y recordaremos que de nuestra jornada valdrá lo que hayamos "comido" de la Palabra de Dios durante toda ella. Si lo hacemos, en ese día Cristo habrá vivido en nosotros y él habrá dado valor también a las obras que realicemos, o con nuestra aportación directa, o por la oración o el sufrimiento, y al final estas nos seguirán.

22.- La familia y el amor. (18 ago 2017).

¿Qué es la familia? Sociólogos, moralistas, educadores, políticos y psicólogos podrían dar de ella las más variadas definiciones. Pero estoy convencida de que a todos vosotros os interesa conocer, ante todo, un pensamiento sobre la familia: el pensamiento de Dios. ¿Qué es la familia para Dios? Partamos de una simple comprobación. Cuando Dios creó, modeló una familia. Al encarnarse, se rodeó de una familia. Cuando Jesús empezó su misión y manifestó su gloria, estaba participando en la fiesta de una nueva familia. Bastaría esto para comprender qué es la familia en el pensamiento de Dios.

La familia no es más que un mecanismo, un cofre, un misterio de amor: amor nupcial, materno, paterno, filial, fraterno, amor de la abuela a los nietos, de las nietas al abuelo, a las tías, a los primos... Solo el amor compone, une, hace que la familia exista. Y si la familia ha fracasado en el mundo es porque ha faltado el amor. Cuando se apaga el amor, la familia se deshace. Por esta razón las familias tienen que acudir adonde está la fuente del Amor. Dios Amor es quien sabe lo que es la familia y la ha concebido como obra maestra del amor, signo, símbolo y modelo de todos sus demás designios. Si él ha creado la familia modelándola con el amor, él podrá volver a restaurarla con el amor.

23.- La familia y el amor. (25 may 2018).

La comunión conyugal está enraizada en la complementariedad natural entre el hombre y la mujer, que en el matrimonio se expresa en la entrega total de uno mismo. Es una entrega exclusiva y propia de la unión conyugal, en la cual ambos donan no una cosa, sino a sí mismos, hasta llegar a ser uno solo. Es un itinerario marcado por leyes de la naturaleza, pero que evoca y concreta leyes propiamente divinas.

Además, impulsados por el amor recíproco de cada uno hacia el otro, el hombre y la mujer se adhieren en el matrimonio a la vocación universal a la unidad. En el recíproco llegar a ser uno solo por parte de los esposos, abierto a los hijos -según el teólogo Klaus Hemmerle-, se da el mismo tiempo el encuentro y la compenetración del hombre y de la mujer con el mundo. Y en esa relación hombre-mundo se puede reconocer también la aportación específica de cada uno de los dos: la masculina, orientada a la construcción del mundo; la femenina, al proceso de humanización del mundo, propio de la mujer.

24.- Fraternidad universal. (05 nov 2018)

Por encima de cualquier otra cosa, hay que dirigir siempre la mirada al único Padre de muchos hijos. Y luego mirar a todas las criaturas como hijas del único Padre. Superar siempre con el pensamiento y con el afecto del corazón, cualquier límite que imponga la vida simplemente humana y aspirar constantemente y por hábito a la fraternidad universal en un solo Padre: Dios.

Jesús, modelo nuestro, nos enseñó solo dos cosas que son una: a ser hijos de una solo Padre y a ser hermanos los unos de los otros.

CHIARA LUBICH
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25.- La voluntad de Dios. (28 ene 2020).

"Que se haga la voluntad de Dios" es una expresión que, en la mayor parte de los casos, dicen los cristianos en momentos de dolor, cuando no hay otra salida. Ante el inevitable fracaso de lo que pensábamos, deseábamos o queríamos, sale a flote nuestra fe y aceptamos lo que Dios ha establecido. Pero no es solo así como hay que hacer la voluntad de Dios. En el cristianismo no existe solo la "resignación cristiana".

La vida del cristiano es un hecho que tiene raíces en el cielo además de en la tierra. Por su fe, el cristiano puede y debe estar siempre en contacto con Otro que conoce su vida y su destino. Y ese otro no es de esta tierra, sino de otro mundo. Y no es un juez despiadado o un soberano absoluto, que exige solo servicio. Es un Padre. Por eso la vida del cristiano no es ni puede establecerse solo según su propia voluntad y previsiones. Por desgracia, muchos cristianos se despiertan por la mañana, decaídos y apáticos ante la jornada que empieza. Se lamentan de muchas cosas pasadas, futuras y presentes, porque son ellos mismos los que se programan la vida; y este plan, al ser fruto de la inteligencia humana y de previsiones estrechas, no puede satisfacer plenamente al hombre, ávido de infinito. Se ponen ellos mismos en el lugar de Dios, al menos en lo que les afecta y, como el hijo pródigo, piden su parte y se la gastan a su modo, sin el consejo de su padre y sin estar injertados en la familia.

26.- Vida trinitaria. (07 jun 2020)

Comprendimos desde los inicios que el vivir la fidelidad al amor recíproco según el modelo de Jesús crucificado y abandonado (¡este es el cómo!) desembocaría en la unidad según la vida de la Santísima Trinidad. "¿Sabes hasta que punto tenemos que amarnos? -nos dijimos un día sin haber descubierto todavía el Testamento de Jesús-: hasta fundimos en uno". Igual que Dios, que, por ser Amor, es Trino y Uno. Es "la ley del cielo -escribí entonces- que Jesús trajo a la tierra. Es la vida de la Santísima Trinidad, que debemos tratar de imitar amándonos entre nosotros, con la gracia de Dios, como se aman entre sí las Personas de la Santísima Trinidad". Y el dinamismo de la vida intratrinitaria es don de uno mismo recíproco e incondicional, es total y eterna comunión (Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío) entre el Padre y el Hijo en el Espíritu.

Observamos que Dios había imprimido en la relación entre los hombres algo análogo. "He sentido -escribimos también- que yo he sido creada como un don para quien está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mí. Como el Padre en la Trinidad es todo para el Hijo y el Hijo es todo para el Padre". Y "la relación entre nosotros es el Espíritu Santo, la misma relación que hay entre las Personas de la Trinidad".

27.- El reino de Dios en medio de los hombres. (20 ago 2020)

Jesús en medio de nosotros: ¡fue una experiencia formidable! Quizá nunca podamos decir cuándo está él en medio de nosotros, pues él supone la vida de la gracia en nosotros, y nadie está seguro de si está o no en gracia de Dios. Pero es cierto que cuando nuestro vivir juntos estaba basado en el propósito sincero de estar dispuestas a morir las unas por las otras, como Jesús quiere, y conformábamos a ello toda nuestra acción -ya que debemos tener ante todo la mutua y continua caridad-, muy a menudo nos parecía percibir con sencillez su presencia. De este modo: como se siéntenla alegría y el dolor, la angustia y la duda, así -pero en una esfera superior del alma- la presencia espiritual de Jesús entre nosotros daba a nuestras almas esa paz que es solo suya, esa alegría plena que solo en él se encuentra, esa fuerza y convicción que, más que de razonamiento o de voluntad, es fruto de una ayuda especial de Dios.

Su presencia premiaba de modo sobreabundante cualquier sacrificio que hiciésemos, justificaba cada uno de nuestros pasos por este camino hacia él y por él, daba el justo sentido a las cosas, a las circunstancias, confortaba en los dolores, atemperaba la demasiada alegría. Y cualquiera entre nosotros, sin sutilezas ni razonamientos, creía en sus palabras con el encanto de un niño y las ponía en práctica, y gozaba de este paraíso anticipado que es el reino de Dios en medio de los hombres unidos en su nombre.  

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