CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

21.08.2021


1.- Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la Palabra y la entiende. (24 Jul 2013)

En la condescendencia de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas. A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quién él se dice en plenitud. Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de dios y del Cuerpo de Cristo. En la Sagrada Escritura la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente la Palabra de Dios.

Dios es el autor de la Sagrada Escritura. Sin embargo, la fe cristiana no es una "religión del libro". El cristianismo es la religión de la "Palabra" de dios, no de un verbo escrito y mudo, sino del Verbo encarnado y vivo. Para que las Escrituras no queden en letra muerta, es preciso que Cristo, Palabra eterna del Dios vivo, por el Espíritu Santo, nos abra el espíritu a la inteligencia de las mismas.

2.- El hijo del hombre es señor del sábado. (07 sept 2013)

El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor. La Escritura hace a este propósito memoria de la creación: Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contiene, y el séptimo descansó; por eso bendijo el día del sábado y lo hizo sagrado. La Escritura ve también en el día del Señor un memorial de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto: Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor, tu Dios, te ha mandado guardar el día del sábado.

Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara como signo de la alianza inquebrantable. El sábado es para el Señor, está santamente reservado a la alabanza de Dios, de su obra de creación y de sus acciones salvíficas a favor de Israel. El Evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. Con compasión, Cristo proclama que es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla. El sábado en el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios. El Hijo del hombre es Señor del sábado.

3.- El día del Señor: día de la resurrección, de la nueva creación, del sábado al día del Señor. (09 sept 2013)

Jesús resucitó de entre los muertos el primer día de la semana. En cuanto es el primer día,el día de la resurrección de Cristo recuerda la primera creación. En cuanto es el "octavo día" que sigue al sábado, Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas, el día del Señor (dies dominica), el domingo.

El domingo se distingue expresamente del sábado, al que sucede cronológicamente cada semana, y cuya prescripción litúrgica reemplaza para los cristianos. Realiza plenamente, en la Pascua de Cristo, la verdad espiritual del sábado judío y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios.

4.- Los símbolos del Espíritu Santo: el fuego. (24 oct 2013)

Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la vida dada en el Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. El profeta Elías, que surgió como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha, con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo, figura del fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista anuncia a Cristo como el que bautizará en el Espíritu Santo y el fuego, Espíritu del cual Jesús dirá: He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡Cuánto desearía que ya estuviese encendido! Bajo la forma de lenguas de fuego, el Espíritu se posó sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él. La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo: No extingáis el Espíritu.

Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mismo no ha sido glorificado por su muerte y su resurrección. Solamente cuando ha llegado la hora en que él va a ser glorificado, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su muerte y su resurrección serán el cumplimiento de la promesa hecha a los Padres: El Espíritu de la verdad, el otro Paráclito, será dado por el Padre en virtud de la oración de Jesús, será enviado por el Padre en nombre de Jesús, Jesús lo enviará de junto al Padre porque él ha salido del Padre.

5.- Creo en la resurrección de la carne(10 nov 2013).

Creemos firmemente, y así lo esperamos, que, del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos y vive para siempre, igualmente los justos, después de su muerte, vivirán para siempre con Cristo resucitado y él los resucitará en el último día. Creer en la resurrección de los muertos ha sido, desde sus comienzos, un elemento esencial de la fe cristiana: "La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella" (Tertuliano).¿ Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también nuestra fe. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que murieron.

La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza de la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. Los fariseos y muchos contemporáneos del Señor esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan, responde: Vosotros no conocéis ni las escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error. La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que no es un Dios de muertos sino de vivos.

6.- Velad. (12 nov 2013).

Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes. La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra desvelará el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne.

La Iglesia sólo entrará en la gloria del reino, a través de esta última Pascua, en la que seguirá a su Señor en su muerte y en su resurrección. El reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios, sobre el último desencadenamiento del mal que hará, descender desde el cielo a su Esposa. El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal, tomará la forma de juicio final, después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa.

7.- Cristo volverá con gran gloria (28 nov 2013).

Como Señor, Cristo es también la cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo. Elevado al cielo y glorificado, habiendo cumplido así su misión, permanece en la tierra en su iglesia. La Iglesia, o el reino de Cristo presente ya en misterio, constituyen el germen y el comienzo de este reino en la tierra. Desde la ascensión, el designio de Dios ha entrado en su consumación. Estamos ya en la última hora. El reino de Cristo, presente ya en su Iglesia, sin embargo, no está todavía acabado con gran poder y gloria con el advenimiento del Rey a la tierra. Este reino aún es objeto de los ataques del poder del mal, a pesar de que estos poderes hayan sido vencidos en su raíz por la Pascua de Cristo. Hasta que todo le haya sido sometido, y mientras no haya nuevos cielos y nueva tierra en los que habite la justicia, la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, la imagen de este mundo que pasa. Ella misma vive entre las criaturas que gimen en dolores de parto hasta ahora y que esperan la manifestación de los hijos de Dios. Por esta razón, los cristianos piden, sobre todo en la Eucaristía, que se apresure el retorno de Cristo cuando suplican: Ven, Señor Jesús.

8.- ¿Has venido a acabar con nosotros? (14 ene 2014).

Y líbranos del mal: en esta petición del Padrenuestro, el mal no es una abstracción, sino que designa a una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El "diablo" (diábolos) es aquel que "se atraviesa" en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo. Homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira, Satanás, el seductor del mundo, es aquel por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo, y por cuya definitiva derrota toda la creación entera será liberada del pecado y de la muerte.

Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta ultima petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en aquel que tiene las llaves de la muerte y del Hades, el Dueño de todo, aquel que es, que era y que ha de venir.

9.- Conoceréis la verdad. (09 abr 2014).

El comienzo del pecado y de la caída del hombre fue una mentira del tentador que indujo a dudar de la palabra de Dios, de su benevolencia y de su fidelidad. La verdad de Dios, de su sabiduría que rige todo el orden de la creación y del gobierno del mundo. Dios, único Creador del cielo y de la tierra, es el único que puede dar el conocimiento verdadero de todas las cosas creadas en relación con él. Dios es también verdadero cuando se revela: la enseñanza que viene de Dios es una doctrina de verdad. Cuando envíe su Hijo al mundo, será para dar testimonio de la verdad: sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al verdadero.

A lo largo de la historia, Israel pudo descubrir que Dios sólo tenía una razón para revelársele y escogerlo entre todos los pueblos como pueblo suyo: su amor gratuito. E Israel comprendió, gracias a sus profetas, que también por amor Dios no cesó de salvarlo y de perdonarle su infidelidad y sus pecados. El amor de Dios a Israel es comparado al amor de un padre a su hijo. Este amor es más fuerte que el amor de una madre a sus hijos. Dios ama a su pueblo más que un esposo a su amada; este amor vencerá incluso las peores infidelidades; llegará hasta el don más precioso: Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único.

10.- Les confía sus bienes. (30 ago 2014).

La apropiación de los bienes es legítima para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, para ayuda a cada uno a atender sus necesidades fundamentales y las necesidades de los que están a su cargo. Debe hacer posible que s viva una solidaridad natural entre los hombres. El derecho a la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo, no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes continúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio.

"El hombre, al servirse de esos bienes, debe considerar las cosas externas que posee legítimamente no sólo como suyas, sino también como comunes, en el sentido de que han de aprovechar no sólo a él, sino también a los demás" (GS 69,1). La propiedad de un bien hace de su dueño un administrador de la providencia para hacerlo fructificar y comunicar sus beneficios a otros, ante todo a sus próximos. Los bienes de producción -materiales o inmateriales- como tierras o fábricas, profesiones o artes, requieren los cuidados de sus posesores para que su fecundidad aproveche al mayor número de personas. Los poseedores de bienes de uso y consumo deben usarlos con templanza, reservando la mejor parte al huésped, el enfermo, al pobre.

11.- ¿Has venido a acabar con nosotros? (13 ene 2015).

Detrás de la elección desobediente de nuestros primeros padres se halla una voz seductora, opuesta a Dios, que, por envidia, los hace caer en la muerte. La escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado Satán o diablo. La Iglesia enseña que primero fue un ángel bueno, creado por Dios. La Escritura habla de un pecado de estos ángeles. Esta "caída" consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su reino. Es el carácter irrevocable de su elección, y no un defecto de la infinita misericordia divina, lo que hace que el pecado de los ángeles no pueda ser perdonado. Dice san Juan Damasceno: "No hay arrepentimiento para ellos después de la caída, como no hay arrepentimiento para los hombres después de la muerte".

La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama homicida desde el principio y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo. La más grave consecuencia de estas obras ha sido la seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios. Sin embargo, el poder de Satán no es infinito. No es más que una criatura, poderoso por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre criatura: no puede impedir la edificación del reino de Dios.

12.- Cristo se da así mismo en alimento. (14 feb 2015).

La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús. Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, vivificada por el Espíritu Santo y vivificante, conserva acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimento por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dada como viático.

La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es entregado por nosotros, y la Sangre que debemos es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Como el alimento corporal sirve para restaurar la pérdida de fuerzas, la Eucaristía fortalece la caridad que, en la vida cotidiana, tiende a debilitarse; y esta caridad vivificada borra los pecados veniales. Por la misma caridad que enciende en nosotros, la Eucaristía nos preserva de futuros pecados mortales.

13.- Antes de la Pascua, la gran fiesta de los judíos. (17 abr 2015).

En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero reciben también una nueva significación en el contexto del Éxodo: los panes ácimos que Israel como cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios. Finalmente, el pan de cada día es el fruto de la tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. El cáliz de bendición, al final del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz.

Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para alimentar a la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en Caná anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo convertido en Sangre de Cristo.

14.- Vendrán muchos de Oriente y de Occidente y serán recibidos en el reino de los cielos. (27 jun 2015).

La palabra "católica" significa "universal" en el sentido de "según la totalidad" o "según la integridad". La Iglesia es católica en un doble sentido: es católica porque Cristo está presente en ella. Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia católica. En ella subsiste la plenitud del Cuerpo de Cristo unido a su Cabeza, lo que implica que ella recibe de él la plenitud de los medios de salvación que él ha querido: confesión de fe recta y completa, vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía.

Es católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano: todos los hombres están invitados al pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos. Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma que preside en la caridad.

15.- Desde entonces Jesús empezó a predicar: Convertíos porque está cerca el reino de los cielos. (14 jul 2015).

El bautismo es el lugar principal de la conversión de Cristo a la conversión sigue resonando en la vida de los cristianos. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia que "recibe en su propio seno a los pecadores" y que, siendo "santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante busca sin cesar la penitencia y la renovación" (LG 8). Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. Es el movimiento del corazón contrito, atraído y movido por la gracia a responder al amor misericordioso de Dios que nos ha amado primero.

El corazón del hombre es torpe y duro. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo. La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: Conviértenos, Señor y nos convertiremos. Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron.

16.- Purifica primero el interior de tu alma. (25 ago 2015).

La confesión de los pecados, incluso desde un punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra reconciliación con los demás. Por la confesión, el hombre se enfrenta a los pecados de los que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo futuro. La confesión de los pecados hecha al sacerdote constituye una parte esencial del sacramento de la penitencia.

Según el mandamiento de la Iglesia, "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez al año, fielmente sus pecados graves". Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia. En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en el vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso. "Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras, porque repruebas la tuyas malas...Prácticas la verdad y vienes a la luz" (san Agustín; Jn 12, 13).

17.- Creo en la resurrección de la carne. (21 nov 2015).

Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones. "En ningún punto la fe cristiana encuentra más contradicción que en la resurrección de la carne". Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero, ¿ cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?

¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y del cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la resurrección de Jesús.

¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: Los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación.

¿Cómo? Cristo resucitó con su `propio cuerpo: Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo; pero él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en él todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora, pero este cuerpo será transfigurado en cuerpo de gloria, en cuerpo espiritual.

¿Cuándo? El último día, al fin del mundo. En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la parusía de Cristo.

18.- ¡Levántate! (15 ene 2016)

Nos hallamos aún en nuestra morada terrena, sometida al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva de hijo de Dios puede ser debilitada e incluso perdida por el pecado. El Señor Jesucristo, Médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo, quiso que su Iglesia continuase, en la fuerza del espíritu Santo, su obra de curación y de salvación. Ésta es la finalidad de los dos sacramentos de curación: del sacramento de la penitencia y de la unción de los enfermos.

Toda la fuerza de la penitencia consiste en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con él con profunda amistad. El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios. En los que reciben el sacramento de la penitencia con un corazón contrito y con una disposición religiosa, tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual. En efecto, el sacramento de la reconciliación con Dios produce una verdadera "resurrección espiritual", una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios.

19.- El Dios de los vivientes. (01 jun 2016).

La Sagrada Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y celebrar esta verdad fundamental: "El mundo ha sido creado para gloria de Dios". "Dios ha creado todas las cosas", dice san Buenaventura, "no para añadir nada a su gloria sino para manifestar y comunicar esta gloria". Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y bondad. "El amor es la llave que ha abierto la mano de Dios para crear todo lo que existe" (santo Tomás de Aquino).

La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad en vista de las cuales ha sido creado el mundo. Hacer de nosotros hijos adoptivos por Jesucristo: éste fue el designio benevolente de su voluntad a la alabanza de su gloria y su gracia. "Porque la gloria de Dios es el hombre viviente, y la vida del hombre es la visión de Dios: si la revelación de Dios por la creación procura la vida a todos los seres que viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procura la vida a aquellos que ven a Dios" (san Ireneo). El fin último de la creación es que Dios, "el creador de todos los seres, llegue a ser todo en todos procurando a la vez su gloria y nuestra bienaventuranza" (Concilio Vaticano II).

20.- Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. (26 jul 2016).

En el mismo instante en que el hombre comete l pecado que destruye la comunión del hombre con Dios y entre ellos mismos, empieza la convocación del pueblo de Dios: la convocación de la iglesia es, por decirlo de alguna manera, la reacción de Dios al caos provocado por el pecado. Esta reunificación se realiza secretamente en el seno de todos los pueblos. La convocación remota del pueblo de Dios empieza con la vocación de Abrahán, al que Dios promete que será padre de una multitud de pueblos. La preparación inmediata comienza con la elección de Israel como pueblo de Dios. por su elección, Israel debe ser el signo de la convocación futura de todas las naciones.

Compete al Hijo realizar en la plenitud del tiempo el plan de salvación de su Padre. Éste es el motivo de su misión. Cristo inaugura el reino de los cielos en la tierra. La Iglesia es el reino de Cristo misteriosamente presente ya ahora. La Iglesia llegará a su consumación al final de llos tiempos, cuando el retorno de Cristo glorioso. La Iglesia espera ansiosa esta venida del reino en plenitud. Esta consumación gloriosa de la Iglesia, y a través de ella, del mundo, no se realizará sin grandes pruebas. Sólo así "todos los justos, desde Adán, desde Abel, el justo, hasta el último elegido se encontrarán reunidos en la Iglesia universal junto al Padre.

21.- Al llegar Jesús a la casa de Pedro, encontró a su suegra acostada con fiebre. (31 ago 2016).

Si Dios Padre todopoderoso tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa, no se puede dar una respuesta simple. El conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus Alianzas, con la encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal.

¿Por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor. Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo "en estado de vía" hacia su perfección últims. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto, lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza, también las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección.

22.- El esposo está con ellos. (02 sep 2016)

Todo coopera al bien de los que aman a Dios. El testimonio de los santos no cesa de confirmar esta verdad. Así, santa Catalina de Siena dice a los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede: "Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin". Y santo Tomás Moro, poco antes de su martirio, consuela a su hija "Nada puede pasarme que Dios no quiera. Y todo lo que él quiere, por muy malo que nos parezca, es en realidad lo mejor". Y Juliana de Norwich. Yo comprendí, pues, por la gracia de Dios, que era preciso mantenerme firmemente en la fe y creer con no menos firmeza que todas las cosas serán para bien".

Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios cara a cara, nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado. Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.

23.- Jesús encuentra la fe en un centurión romano. (12 sep 2016).

El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios: y Dios no cesa de atraer al hombre hacía sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar... De múltiples maneras, en su historia, y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias y sus comportamientos religiosos. A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso.

Pero esta "unión íntima y vital con Dios" puede ser olvidada, desconocida e incluso rechazada explícitamente por el hombre. Tales actitudes pueden tener orígenes muy diversos: la rebelión contra el mal en el mundo, la ignorancia o la indiferencia religiosas, los afanes del mundo y de las riquezas, el mal ejemplo de los creyentes, las corrientes del pensamiento hostiles a la religión, y finalmente esa actitud del hombre pecador que, por miedo, se oculta de Dios y huye ante su llamada. Alégrese el corazón de los que buscan a Dios. Si el hombre puede olvidar o rechazar a Dios, Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha. Pero esta búsqueda exige del hombre todo el esfuerzo de su inteligencia, la rectitud de su voluntad, un corazón recto, y también el testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.

24.- Las vías de acceso al conocimiento de Dios. (22 sep 2016).

Las "vías" para acercarse a Dios tienen como punto de partida la creación: el mundo material y la persona humana. El mundo: a partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo. San Pablo afirma refiriéndose a los paganos: Lo que de Dios se puede conocer está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad. El hombre: con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En todo esto se perciben signos de su alma espiritual...; su alma, no puede tener origen más que en Dios.

El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal. Pero para que conocer la existencia de un Dios personal. Pero para que el hombre pueda entrar en la intimidad de Dios, él ha querido revelarse al hombre y darle la gracia de poder acoger en la fe esa revelación. Sin embargo, las pruebas de la existencia de Dios pueden disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana.

25.- El dedo de Dios. (07 oct 2016).

"Espíritu Santo", tal es el nombre propio de aquel que adoramos y glorificamos con el Padre y el Hijo. La Iglesia ha recibido este nombre del Señor y lo profesa en el bautismo de sus nuevos hijos. El término "Espíritu" traduce el término hebreo Ruah, que en su primera acepción significa soplo, aire, viento. Jesús utiliza precisamente la imagen sensible del viento para sugerir a Nicodemo la novedad transcendente del que es personalmente el Soplo de Dios, el Espíritu divino. Por otra parte, Espíritu y Santo son atributos divinos comunes a las Tres Personas divinas, Jesús, cuando anuncia y promete la venida del Espíritu Santo, l llama el "Paráclito", que se traduce habitualmente por "Consolador", siendo Jesús el primer consolador. El mismo Señor, llama al Espíritu Santo Espíritu de Verdad.

Además de su nombre propio, que es el más empleado en el libro de los Hechos y en las cartas de los apóstoles, en san Pablo se encuentran los siguientes apelativos: el Espíritu de la promesa, el Espíritu de adopción, el Espíritu de Cristo, el Espíritu del Señor, el Espíritu de Dios, y en san Pedro, el Espíritu de gloria. El himno Veni Creador invoca al Espíritu Santo como "dedo de la diestra del Padre"

26.- He venido a prender fuego al mundo. (20 oct 2016)

El fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu Santo. El profeta Elías, que surgió como el fuego y cuya palabra abrasaba como antorcha, con su oración, atrajo el fuego del cielo sobre el sacrificio del monte Carmelo, figura del fuego del Espíritu Santo que transforma lo que toca. Juan Bautista, que precede al Señor con el espíritu y el poder de Elías, anuncia a Cristo como el que bautizará en el Espíritu Santo y el fuego, Espíritu del cual Jesús dirá: He venido a traer fuego sobre la tierra y ¡Cuánto desearía que ya estuviese encendido! Bajo la forma de lenguas como de fuego, el Espíritu se posó sobre los discípulos la mañana de Pentecostés y los llenó de él. La tradición espiritual conservará este simbolismo del fuego como uno de los más expresivos de la acción del Espíritu Santo: No extingáis el Espíritu.

Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mimo no ha sido glorificado por su muerte y su resurrección... Solamente cuando ha llegado la hora en que él va a ser glorificado, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su muerte y su resurrección serán el cumplimiento de la promesa hecha a los Padre... Jesús entrega su Espíritu en las manos del Padre en el momento en que por su muerte es vencedor de la muerte, de modo que resucitado de los muertos por la gloria del Padre, en seguida da a sus discípulos el Espíritu Santo dirigiendo sobre ellos su aliento.

27.- Creo en la comunión de los santos. (01 nov 2016)

"¿Qué es la Iglesia, sino la asamblea de todos los santos?" (San Nicetas de Remesiana). La comunión de los santos es precisamente la Iglesia...

La comunión de la Iglesia del cielo y de la tierra: "La unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe. Más aún, según la constante fe de la Iglesia, se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales" (LG 49). La intercesión de los santos: "Por el hecho de que los de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la sanidad [...] No dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra [...] Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad" (LG 49): "No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida" (Santo Domingo; cf. Jordán de Sajonia). "Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra" (Santa Teresa del Niño Jesús).

La Iglesia es comunión de los santos": esta expresión designa primeramente las "cosas santas" (sancta), y ante todo la Eucaristía, "que significa y al mismo tiempo realiza la unidad de los creyentes, que forman un solo cuerpo en Cristo" (LG 3). Este término designa también la comunión entre las "personas santas" (sancti) en Cristo que ha muerto por todos, de modo que lo que cada uno hace o sufre en y por Cristo da fruto para todos.

28.- Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. (24 may 2017)

El Espíritu Santo hace de la Iglesia el Templo del Dios vivo. "En efecto, es a la misma Iglesia a la que ha sido confiado del don de Dios. Es en ella donde se ha depositado la comunión con Cristo, es decir, el Espíritu Santo, arras de la incorruptibilidad confirmación de nuestra fe y escala de nuestra ascensión hacia Dios... Porque allí donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios, está la Iglesia y toda gracia" (san Ireneo de Lyón).

El Espíritu Santo actúa de múltiples maneras en la edificación de todo el cuerpo en la caridad: por la Palabra de Dios, que tiene el poder de construir el edificio, por el bautismo, mediante el cual forma el Cuerpo de Cristo; por los sacramentos que hacen crecer y curan a los miembros de Cristo; por la gracia concedida a los apóstoles que entre estos dones destaca, por las virtudes que hacen obrar según el bien, y por las múltiples gracias especiales (llamadas "carismas") mediante las cuales los fieles quedan preparados y dispuestos a sumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir más y más la Iglesia. Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Espíritu Santo, que tienen directa o indirectamente una utilidad eclesial; los carismas están ordenados a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.

29.- Todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. (16 ago 2017).

Al hacer partícipes a los apóstoles de su propio poder de perdonar los pecados, el Señor les da también la autoridad de reconciliar a los pecadores con la Iglesia. Esta dimensión eclesial de su tarea se expresa particularmente en las palabras solemnes de Cristo a Simón Pedro: A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. "Consta también el colegio de los Apóstoles, unido a su cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro" (LG 22).

La fórmula de absolución en uso en la Iglesia latina expresa el elemento esencial de este sacramento: el Padre de la misericordia es la fuente de todo perdón. Realiza la reconciliación de los pecadores por la Pascua de su Hijo y el don de su Espíritu, a través de la oración y el ministerio de la Iglesia: "Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo". Cristo actúa en cada uno de los sacramentos. Se dirige personalmente a cada uno de los pecadores: "Hijo, tus pecados están perdonados"; es el médico que se inclina sobre cada uno de los enfermos que tienen necesidad de él para curarlos.

30.- ¿Has venido para acabar con nosotros? (05 sep 2017).

Los ángeles y los hombres, criaturas inteligentes y libres, deben caminar hacia su destino último por elección libre y amor de preferencia. Por ello pueden desviarse. De hecho pecaron. Y fue así como el mal moral entró en el mundo, incomparablemente más grave que el mal físico. Dios no es de ninguna manera, ni directa ni indirectamente, la causa del mal moral. Sin embargo, lo permite, respetando la libertad de su criatura, y, misteriosamente, sabe sacar de él el bien. Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra redención. Sin embargo, no por esto el mal se convierte en un bien.

En todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman. El testimonio de los santos no cesa de confirmar esta verdad. Así santa Catalina de Siena dice a "los que se escandalizan y se rebelan por lo que les sucede": "Todo procede del amor, todo está ordenado a la salvación del hombre, Dios no hace nada que no sea con este fin". Juliana de Norwich afirma: "Yo comprendí, pues, por la gracia de Dios, que era preciso mantenerse firmemente en la fe y creer con no menos firmeza que todas las cosas serán para bien. Tú misma verás que todas las cosas serán para bien". Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos.

     31.- El Hijo del hombre es señor del sábado. (09 sep 2017).

"El día del Señor, el día de la resurrección, el día de los cristianos, es nuestro día. Por eso es llamado día del Señor: porque es en este día cuando el Señor subió victorioso junto al Padre. Si los paganos lo llaman día del sol, también lo hacemos con gusto; porque hoy ha amanecido la luz del mundo, hoy ha aparecido el sol de justicia cuyos rayos traen la salvación.

El domingo es el día por excelencia de la asamblea litúrgica, en que los fieles "deben reunirse para, escuchando la Palabra de Dios y participando en la Eucaristía recordar la pasión, la resurrección y loa gloria del Señor Jesús y dar gracias a Dios, que los hizo renacer a la esperanza viva para la resurrección de Jesucristo de entre los muertos": "Cuando meditamos, [oh Cristo], las maravillas que fueron realizadas en este día del domingo de tu santa y gloriosa resurrección, decimos: Bendito es el día del domingo, porque en él tuvo comienzo la creación, la salvación del mundo, la renovación del género humano; en él, el cielo y la tierra se regocijaron. Bendito es el día del domingo, porque en él fueron abiertas las puertas del paraíso para que Adán y todos los desterrados entren en él sin temor".

32.- ¡Alégrate, llena de gracia! (08 dic 2017).

Para ser Madre del Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan importante. El ángel Gabriel en el momento de la anunciación la saluda como llena de gracia. En efecto, para poder dar el asentamiento libre de su fe al anuncio de su vocación era preciso que ella estuviese totalmente conducida por la gracia de Dios. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María llena de gracia por Dios había sido redimida desde su concepción. Es lo que confiesa el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Pío IX: "La bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo".

Esta resplandeciente santidad del todo singular de la que ella fue enriquecida desde el primer instante de su concepción le viene toda entera de Cristo: ella es redimida de la manera más sublime en atención a los méritos de su Hijo. El Padre la ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo más que a ninguna otra persona creada. Él la ha elegido en él antes de la creación del mundo para ser santa e inmaculada en su presencia, en el amor.

33.- También vosotros daréis testimonio. (07 may 2018).

Jesús es el Cristo, es decir, "el ungido" porque el Espíritu es su unción, y todo lo que le sucede a partir de la encarnación deriva de esta plenitud. Finalmente, cuando Cristo es glorificado puede, a su vez, desde el Padre enviar el Espíritu a los que creen en él; les comunica su gloria, es decir, el Espíritu Santo que le glorifica. La misión conjunta se desarrolla desde entonces en los hijos adoptados por el Padre en el Cuerpo de su Hijo: la misión del Espíritu de adopción será la de unirlos a Cristo y hacerles vivir en él...

La misión de Cristo y del Espíritu Santo se lleva a cabo en la Iglesia, cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo. Esta misión conjunta asocia, ya desde ahora, am los fieles de Cristo en su comunión con el Padre en el Espíritu Santo; el Espíritu es el que prepara a los hombres, les previene con su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor resucitado, les recuerda su palabra, y les abre el espíritu a la comprensión de su muerte y resurrección. Les hace presente el misterio de Cristo en ellos, eminentemente en la Eucaristía, a fin de reconciliarlos y ponerlos en comunión con Dios y hacer que den mucho fruto.

34.- Creo, pero aumenta mi fe. (21 may 2018).

El acto de fe es voluntario por su propia naturaleza. "Ciertamente, Dios llama a los hombres a servirle en espíritu y en verdad. Por ello, quedan vinculados en conciencia, pero no coaccionados... Esto se hizo patente, sobre todo, en Cristo Jesús" (Concilio Vaticano II, 11). En efecto, Cristo invitó a la fe y a la conversión, él no forzó jamás a nadie... Creer en Cristo Jesús y en Aquel que lo envió para salvarnos es necesario para obtener esa salvación.

La fe es un don gratuito que Dios hace al hombre. Este don inestimable podemos perderlo; san Pablo advierte a Timoteo: Combate el buen combate, conservando la fe y la conciencia recta; algunos, por haberla rechazado, naufragaron en la fe. Para vivir, crecer y perseverar hasta el fin en la fe debemos alimentarla con la Palabra de Dios; debemos pedir al Señor que nos la aumente; debe actuar por la caridad, ser sostenida por la esperanza y estar enraizada en la fe de la Iglesia.

35.- El mismo David le llama Señor. (15 jun 2018).

Muy a menudo, en los evangelios, algunas personas se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título hace patente el respeto y la confianza de los que se acercaban a Jesús y esperaban de él ayuda y curación. Bajo la moción del Espíritu Santo, este título expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús. En el encuentro con Jesús resucitado, es adoración: ¡Señor mío y Dios mío! Es entonces cuando adquiere una connotación de amor y de afecto que será característica de la tradición cristiana: ¡Es el Señor!

Atribuyendo a Jesús el titulo divino de Señor, las primeras confesiones de fe de la Iglesia afirman, desde el origen, que el poder, el honor y la gloria debidos a Dios Padre corresponden también a Jesús, ya que él es de condición divina y el Padre ha manifestado esta soberanía de Jesús resucitándolo de entre los muertos y elevándolo a su gloria. Desde el comienzo de la historia cristiana, la afirmación del señorío de Jesús sobre el mundo y sobre la historia significa también el reconocimiento de que el hombre no debe someter su libertad personal, de manera absoluta, a ningún poder de la tierra, sino solamente a Dios Padre y a Jesucristo, el Señor. También la oración cristiana está marcada por el título "Señor", ya sea en la invitación a la plegaria "el Señor esté con vosotros", ya sea en la conclusión "por Jesucristo nuestro Señor" y aún en el grito lleno de confianza y esperanza: ¡Amén. Ven, Señor Jesús!

36.- Nuestro pan en el desierto: la Eucaristía, prenda de la gloria que ha de venir. (05 dic 2018).

Y os digo que desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el reino de mi Padre. Cada vez que la Iglesia celebra la Eucaristía recuerda esta promesa y su mirada se dirige hacia el que viene. En su oración, implora su venida: Marana tha. Ven, Señor Jesús, que tu gracia venga y que este mundo pase. La Iglesia sabe que, ya ahora, el Señor viene en su Eucaristía y que está ahí en medio de nosotros. Sin embargo, esta presencia está velada. Por eso celebramos la Eucaristía "mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo", pidiendo entrar "en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria; allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, porque, al contemplarte como tú eres, Dios nuestro, seremos para siempre semejantes a ti y cantaremos eternamente tus alabanzas, por Cristo, Señor nuestro".

De esta gran esperanza, la de los cielos nuevos y la tierra nueva en los que habitará la justicia, no tenemos prenda más segura, signo más manifiesto que la Eucaristía. En efecto, cada vez que se celebra este misterio, "se realiza la obra de nuestra redención" y "partimos un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto para no morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre".

37.- Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. (18 mar 2019).

Cristo, al instituir a los doce, formó una especie de colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él. Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el romano pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles.

El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella; lo instituyó pastor de todo el rebaño. El papa, obispo de Roma y sucesor de san Padre, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles. El pontífice romano, en efecto, tiene en la Iglesia, en virtud de su función de vicario de Cristo y pastor de toda la Iglesia, la potestad plena, suprema y universal, que puede ejercer siempre con entera libertad. El colegio o cuerpo episcopal no tiene ninguna autoridad si no se le considera junto con el romano pontífice, sucesor de Pedro, como Cabeza del mismo. Como tal, este colegio es también sujeto de la potestad suprema y plena sobre toda la Iglesia que no se puede ejercer... a no ser con el consentimiento del romano pontífice.

38.- El que me ve a mí ve al que me ha enviado (03 may 2019).

La invocación de Dios como "Padre" es conocida en muchas religiones. La divinidad es con frecuencia considerada como "padre de los dioses y de los hombres". Jesús ha revelado que Dios es "Padre" n un sentido nuevo: no lo es solo en cuanto creador, es eternamente Padre en relación con su Hijo único, que recíprocamente solo es Hijo en relación con su Padre: Nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Por eso los apóstoles confiesan a Jesús como el Verbo que en el principio estaba junto a Dios y que era Dios como la imagen del Dios invisible, como el resplandor de su gloria y la impronta de su esencia.

Después de ellos, siguiendo la tradición apostólica, la Iglesia confesó en el año 325 en el primer concilio ecuménico de Nicea, que el Hijo es "consustancial" al Padre, es decir, un solo Dios con él. El segundo concilio ecuménico, reunido en Constantinopla en el año 381, conservó esta expresión en su formulación del Credo de Nicea y confesó "al Hijo único de Dios, engendrado del Padre antes de todos los siglos, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, consustancial al Padre".

39.- Trinidad de Personas y unidad de naturaleza. (16 jun 2019).

El Misterio de la Trinidad es el misterio central de la fe y la vida cristianas. Solo Dios nos puede revelar su conocimiento, revelándose como Padre, Hijo y Espíritu Santo. La encarnación del hijo revela que Dios es el Padre eterno y que el Hijo es de la misma naturaleza del Padre, es decir, que está en él y con él, el mismo y único Dios. La misión del Espíritu Santo enviado por el Padre en nombre del Hijo y por el Hijo desde el Padre revela que es, con ellos, el único Dios. "Con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria" (Credo).

Por la gracia del bautismo "en nombre del padre, del Hijo, del Espíritu Santo", somos llamados a participar en la vida de bienaventurada Trinidad, aquí en la tierra en la oscuridad de la fe, más allá de la muerte en la luz eterna. Inseparable entre sí, las personas divinas son también inseparables en su obrar. Pero en la única actividad divina, cada persona manifiesta lo que le es propio en la Trinidad, sobre todo en las misiones divinas de la encarnación del Hijo y del don del Espíritu Santo.

40.- El novio estaba con ellos. (06 jul 2019).

Es en la Iglesia que Cristo ha realizado y revelado su propio misterio como el fin último del designio de Dios: recapitulado todo en él. San pablo llama gran misterio a la unión esponsal de Cristo con la Iglesia. Unida a Cristo como a su Esposo, la Iglesia llega a ser ella misma misterio. Contemplando el misterio de la Iglesia, san Pablo exclama; Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. María nos precede a todos en la santidad que es el misterio de la Iglesia, La Esposa sin mancha ni arruga. Por eso "la dimensión mariana de la Iglesia es anterior a su dimensión petrina" (Juan Pablo II).

La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza y miembros del Cuerpo, implica también la distinción de ambos en una relación personal. Este aspecto y la esposa. El tema de Cristo Esposo de la Iglesia ha sido preparado por los profetas y anunciado por Juan Bautista. El mismo Señor se ha designado como el Esposo. El apóstol Pablo describe a la Iglesia y a cada fiel, miembro de su Cuerpo, como a una esposa presentada como "novia" a Cristo Señor, con el fin de formar con él un solo Espíritu. La Iglesia es la Esposa inmaculada del cordero inmaculado que Cristo ama. Por ella se ha entregado a fin de santificarla, se la ha asociado con una alianza eterna, y nunca deja de tener cuidado de ella como a su propio Cuerpo. 

     41.- Creo en la Iglesia una, santa, católica y apostólica. (30 jul 2019).

Mientras que Cristo, santo, inocente, sin mancha, no conoció el pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. Todos los miembros de la Iglesia, incluso sus ministros, deben reconocerse pecadores. En todos, la cizaña del pecado todavía se encuentra mezclada con la buena semilla del evangelio hasta el fin de los tiempos.

La iglesia, pues, congrega a pecadores alcanzados ya por la salvación de Cristo, pero aún en vías de santificación: la Iglesia es, pues, santa aunque abarque en su seno pecadores; porque ella no goza de otra vida que de la vida de la gracia; sus miembros, ciertamente, si se alimentan de esta vida, se santifican; si se apartan de ella, contraen pecados y manchas del alma que impiden que la santidad de ella se difunda radiante. Por ello se aflige y hace penitencia por aquellos pecados, teniendo poder de librar de ellos a sus hijos por la sangre de Cristo y el don del Espíritu Santo.

42.- El Hijo del hombre es señor del sábado. (07 sept 2019).

El tercer mandamiento del Decálogo proclama la santidad del sábado: El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor.

La Escritura hace a este propósito memoria de la creación: Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado. La Escritura ve también en el día del Señor un "memorial de la liberación de Israel" de la esclavitud de Egipto: Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado.

Dios confió a Israel el sábado para que lo guardara "como signo de la alianza" inquebrantable. El sábado es para el Señor, santamente reservado a la alabanza de Dios de su obra de creación y de sus acciones salvíficas a favor de Israel... El evangelio relata numerosos incidentes en que Jesús fue acusado de quebrantar la ley del sábado. Pero Jesús nunca falta a la santidad de este día, sino que con autoridad da la interpretación auténtica de esta ley: El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. Con compasión, Cristo proclama que es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla. El sábado es el día del Señor de las misericordias y del honor de Dios.

43.- Hijo, tus pecados quedan perdonados. (17 ene 2020).

"Creo en el `perdón de los pecados": El Símbolo de los apóstoles vincula la fe en el perdón de los pecados a la fe en el Espíritu Santo, pero también a la fe en la Iglesia y en la comunión de los santos. Al dar el Espíritu Santo a los apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

"Un solo bautismo para el perdón de los pecados": nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al bautismo: Id por todo el mundo y proclamad la buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará. El bautismo es el primer y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, a fin de que vivamos también una vida nueva. En el momento en que hacemos nuestra primera profesión de fe, al recibir el santo bautismo que nos purifica, es tan pleno y tan completo el perdón que recibimos, que no nos queda absolutamente nada para borrar, sea de la falta original, sea de las faltas cometidas por nuestra propia voluntad, ni ninguna pena que sufrir para expiarlas... Sin embargo, la gracia del bautismo no libra a la `persona de todas las debilidades de la naturaleza. Al contrario, todavía nosotros tenemos que combatir los movimientos de la concupiscencia que no cesan de llevarnos al mal.

44.- Cristo se da a sí mismo en alimento. (15 feb 2020).

La comunión acrecienta nuestra unión con Cristo. Recibir la Eucaristía en la comunión da como fruto principal la unión íntima con Cristo Jesús: Quien come mi Carne y bebe mi Sangre habita en mí y yo en él. La vida en Cristo encuentra su fundamento en el banquete eucarístico: Lo mismo que me ha enviado el Padre, que vive, y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Lo que el alimento material produce en nuestra vida corporal, la comunión lo realiza de manera admirable en nuestra vida espiritual. La comunión con la Carne de Cristo resucitado, vivificante, conserva, acrecienta y renueva la vida de gracia recibida en el bautismo. Este crecimiento de la vida cristiana necesita ser alimentado por la comunión eucarística, pan de nuestra peregrinación, hasta el momento de la muerte, cuando nos sea dada como viático.

La comunión nos separa del pecado. El Cuerpo de Cristo que recibimos en la comunión es entregado por nosotros, y la Sangre que bebemos es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Por eso, la Eucaristía no puede unirnos a Cristo sin purificarnos al mismo tiempo de los pecados cometidos y preservarnos de futuros pecados. Cada vez que lo recibimos, anunciamos la muerte del Señor. Si anunciamos la muerte del Señor, anunciamos también el perdón de los pecados.

45.- No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. (18 mar 2020).

Según la tradición cristiana, la ley santa, espiritual y buena es todavía imperfecta. Como un pedagogo, la ley indica lo que hay que hacer, pero no da por sí misma la fuerza, la gracia del Espíritu, para ponerlo por obra. A causa del pecado, que la ley no puede borrar, esta sigue siendo una ley de servidumbre. Es una preparación al evangelio. La ley nueva o a la ley evangélica es la perfección aquí en la tierra de la ley divina, natural y revelada. Es obra de Cristo que se expresa particularmente en el sermón de la montaña. Es también obra del Espíritu Santoy, por él, se convierte en la ley interior de la caridad: Yo concluiré con el pueblo de Israel y de Judá una alianza nueva. Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

La ley nueva es la gracia del Espíritu Santo concedida a los fieles por la fe en Cristo. Ella cumple, afina, sobrepasa u conduce a su perfección la ley antigua. En las bienaventuranzas cumple las promesas divinas elevándolas y ordenándolas hacia el reino de los cielos. La ley evangélica se dirige a aquellos que están dispuestos a acoger con fe esta esperanza nueva: los pobres, los humildes, los afligidos, los de corazón puro, los perseguidos por causa de Cristo. Así señalan el camino sorprendente del reino.

46.- Antes de la Pascua, la gran fiesta de los judíos. (24 abr 2020).

En la Antigua Alianza, el pan y el vino eran ofrecidos como sacrificio entre las primicias de la tierra en señal de reconocimiento al Creador. Pero reciben también una nueva significación en el contexto del Éxodo: los panes ácimos que Israel como cada año en la Pascua conmemoran la salida apresurada y liberadora de Egipto. El recuerdo del maná del desierto sugerirá siempre a Israel que vive del pan de la Palabra de Dios. Finalmente, el pan de cada día es el fruto de la Tierra prometida, prenda de la fidelidad de Dios a sus promesas. El cáliz de bendición, al final del banquete pascual de los judíos, añade a la alegría festiva del vino una dimensión escatológica, la de la espera mesiánica del restablecimiento de Jerusalén. Jesús instituyó su Eucaristía dando un sentido nuevo y definitivo a la bendición del pan y del cáliz.

Los milagros de la multiplicación de los panes, cuando el Señor dijo la bendición, partió y distribuyó los panes por medio de sus discípulos para alimentar a la multitud, prefiguran la sobreabundancia de este único pan de su Eucaristía. El signo del agua convertida en vino en Caná anuncia ya la Hora de la glorificación de Jesús. Manifiesta el cumplimiento del banquete de las bodas en el reino del Padre, donde los fieles beberán el vino nuevo convertido en Sangre de Cristo.

47.- Dios de los vivos. (17 may 2020).

Es una verdad fundamental que la Escritura y la Tradición no cesan de enseñar y de celebrar: "El mundo ha sido creado para la gloria de Dios". Dios ha creado todas las cosas, explica san Buenaventura, "no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla". Porque Dios no tiene otra razón para crear que su amor y su bondad: "Abierta su mano con la llave del amor, surgieron las criaturas" (Tomás de Aquino).

La gloria de Dios consiste en que se realice esta manifestación y esta comunicación de su bondad para las cuales el mundo ha sido creado. Hacer de nosotros hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia: "Porque la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios: si ya la revelación de Dios por la creación procuró la vida a todos los seres que viven en la tierra, cuánto más la manifestación del Padre por el Verbo procurará la vida a los que ven a Dios"(San Ireneo). El fin último de la creación es que Dios, Creador de todos los seres, se hace por fin todo en todas las cosas, procurando al mismo tiempo su gloria y nuestra felicidad.

48.- Creo en la Iglesia... apostólica. (19 may 2020).

Jesús es el enviado del Padre. Desde el comienzo de su ministerio instituyó doce para enviarlos a predicar. Desde entonces, serán sus "enviados" (apóstol¡). En ellos continúa su propia misión: Como el Padre me envió, también yo os envío. Por tanto, su ministerio es la continuación de la misión de Cristo: Quien a vosotros os recibe a mí me recibe, dice a los doce. Jesús los asocia a su misión recibida del Padre: como el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino que todo lo recibe del Padre que le ha enviado, así, aquellos a quienes Jesús envía no pueden hacer nada sin él, de quien reciben el encargo de la misión y el poder para cumplirla.

En el encargo dado a los apóstoles hay un aspecto intransmisible: ser los testigos elegidos de la resurrección del Señor y los fundamentos de la Iglesia. Pero hay también un aspecto permanente de su misión. Cristo les ha prometido permanecer con ellos hasta el fin de los tiempos. "Esta misión divina confiada por Cristo a los apóstoles tiene que durar hasta el fin del mundo, pues el evangelio que tienen que transmitir es el principio de toda la vida de la Iglesia. Por eso los apóstoles se preocuparon de instituir sucesores" (LG 20).

49.- Cuando Jesús vuelva. (21 may 2020).

Jesús no revela plenamente el Espíritu Santo hasta que él mismo no ha sido glorificado por su muerte y su resurrección. Sin embargo, lo sugiere poco a poco... A sus discípulos les habla de él abiertamente a propósito de la oración y del testimonio que tendrán que dar.

Solamente cuando ha llegado la hora en que va a ser glorificado, Jesús promete la venida del Espíritu Santo, ya que su muerte y su resurrección serán el cumplimiento de la promesa hecha a los Padres: el Espíritu de Verdad, el otro Paráclito, será dado por el padre en virtud de la oración de Jesús; Será enviado por el Padre en nombre de Jesús; Jesús lo enviará de junto al Padre porque él ha salido al Padre. El Espíritu Santo vendrá, nosotros lo conoceremos, estará con nosotros par siempre, permanecerá con nosotros; nos lo enseñará todo y nos recordará todo lo que Cristo nos ha dicho, y dará testimonio de él; nos conducirá a la verdad completa y glorificará a Cristo. En cuanto al mundo, lo acusará en materia de pecado, de justicia y de juicio.

50.- No es Dios de muertos, sino de vivos. (03 jun 2020).

"Creo en la resurrección de la carne"... Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. "La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella" (Tertuliano)... La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su pueblo. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la tierra es también aquel que mantiene fielmente su alianza con Abrahán y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza la fe en la resurrección.

Los fariseos y muchos contemporáneos del Señor esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan, responde: Vosotros no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error. La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que no es un Dios de muertos sino de vivos. Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: Yo soy la resurrección y la vida. Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él, y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre.

     51.- El mismo David lo llama Señor. (05 jun 2020).

En la traducción griega de los libros del Antiguo Testamento. El nombre inefable con el cual Dios se ha revelado a Moisés, YHWH, es sustituido por el de Kyrios (Señor). Desde entonces, Señor ha sido siempre el nombre habitual para designar la divinidad del Dios de Israel. El Nuevo Testamento utiliza este sentido fuerte del título "Señor", tanto cuando se refiere al Padre, como también -y esta es la novedad- cuando se refiere a Jesús, reconociendo así como Dios. Jesús mismo se atribuye, veladamente, este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del salmo 110; pero también de una manera explícita cuando se dirige a los apóstoles. A lo largo de su vida pública, sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y sobre el pecado demuestran su soberanía divina.

Muy a menudo, en los evangelios, algunas personas se dirigen a Jesús llamándole "Señor". Este título hace patente el respeto y la confianza de los que se acercaban a Jesús y esperaban de él ayuda y curación. Bajo la moción del Espíritu Santo, este título expresa el reconocimiento del misterio divino de Jesús. En el encuentro con Jesús resucitado, es adoración: ¡Señor mío y Dios mío! Es entonces cuando adquiere una connotación de amor y de afecto que será característico de la tradición cristiana: ¡Es el Señor!

52.- Vendrán muchos de oriente y de occidente y serán recibidos...en el reino de los cielos. (27 jun 2020).

La Iglesia es católica en un doble sentido: es católica porque Cristo está presente en ella... La Iglesia, en este sentido fundamental, era católica el día de Pentecostés y lo será siempre hasta el día de la Parusía. Es también católica porque ha sido enviada por Cristo en misión a la totalidad del género humano; todos los hombres están invitados l pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así se cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos...

Las Iglesias particulares son plenamente católicas a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma que preside en la caridad. "Porque con esta Iglesia en razón de su origen más excelente debe necesariamente acomodarse toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes" (san Ireneo)... La rica variedad de disciplinas eclesiásticas, de ritos litúrgicos, de patrimonios teológicos y espirituales propios de las Iglesias locales con un mismo objetivo muestra muy claramente la catolicidad de la Iglesia indivisa.

53.- El sentido del Sabbat. (30 oct 2020).

En la creación, Dios puso un fundamente y unas leyes que permanecen estables, en los cuales el creyente podrá apoyarse con confianza, y que son para él el signo y garantía de la fidelidad inquebrantable de la Alianza de Dios. Por su parte, el hombre deberá permanecer fiel a este fundamento y respetar las leyes que el Creador ha inscrito en la creación. La creación está hecha con miras al "Sabbat" y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios. El culto está inscrito en el orden de la creación. "Nada se anteponga a la dedicación a Dios", dice la regla de san Benito indicando así el recto orden de las preocupaciones humanas. El "Sabbat" pertenece al corazón de la ley de Israel. Guardar los mandamientos es corresponder a la sabiduría y a la voluntad de Dios, expresadas en su obra de creación.

"El octavo día". Pero para nosotros ha surgido un nuevo día: el día de la resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación. Y el octavo día comienza la nueva creación. Así, la obra de la creación culmina en una obra todavía más grande: la redención. La primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa el de la primera.

54.- Has venido a acabar con nosotros. (12 ene 2021).

Y líbranos del mal: En esta petición del Padre nuestro, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios... La victoria sobre el príncipe de este mundo se adquirió de una vez por todas en la hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte por darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo ha sido echado abajo. Él se lanza en persecución de la Mujer, pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, llena de gracia del Espíritu Santo, es librada del pecado y de la corrupción de la muerte... Entonces, despechado contra a Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos. Por eso el Espíritu y la Iglesia oran: Ven, Señor Jesús, ya que su venida nos librará del Maligno.

Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente 'para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros, de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humanidad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquel que tiene las llaves de la muerte y del Hades, el Dueño de todo, Aquel que es, que era y que ha de venir.

55.- Timoteo y Tito, sucesores de los apóstoles. (26 ene 2021).

Toda la Iglesia es apostólica mientras permanezca, a través de los sucesores de san Pedro y de los apóstoles, en comunión de fe y de vida con su origen. Toda la Iglesia es apostólica en cuanto que ella es enviada al mundo entero; todos los miembros de la Iglesia, aunque de diferentes maneras, tienen parte en este envío. La vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado. Se llama "apostolado" a toda la actividad del Cuerpo místico que tiende a propagar el reino de Cristo por toda la tierra.

Siendo Cristo, enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado, tanto el de los ministros ordenados como el de los laicos, depende de su unión vital con Cristo. Según sean las vocaciones, las interpretaciones de los tiempos, los dones variados del Espíritu Santo, el apostolado toma las formas más diversas. Pero siempre es la caridad, alimentada sobre todo en la Eucaristía que es como el alma de todo apostolado. La Iglesia es una, santa, católica y apostólica en su identidad profunda y última, porque en ella existe ya y será consumado al fin de los tiempos el reino de los cielos, el reino de Dio, que ha venido en la persona de Cristo y que crece misteriosamente en el corazón de los que le son incorporados hasta su plena manifestación escatológica.

56.- Los que creen ven los milagros. (15 feb 2021).

La fe es cierta, más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir. Ciertamente, las verdades reveladas pueden parecer oscuras a la razón y a la experiencia humanas, pero "la certeza que da la luz divina es mil dificultades no hacen una sola duda".

"La fe trata de comprender", es inherente a la fe que el creyente desee conocer mejor a aquel en quien ha puesto su fe, y comprender mejor lo que le ha sido revelado... Fe y ciencia. "A pesar de que la fe esté por encima de l razón, jamás puede haber contradicción entre ellas. Puesto que el mismo Dios que revela los misterios e infunde la fe otorga al espíritu humano la luz de la razón; Dios no puede negarse a sí mismo no lo verdadero contradecir jamás a lo verdadero". "Por eso, la investigación metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo metódica en todas las disciplinas, si se procede de un modo realmente científico y según las normas morales, nunca estará realmente en oposición con la fe, porque las realidades profanas y las realidades de fe tienen su origen en el mismo Dios. Más aún, quien con espíritu humilde y ánimo constante se esfuerza por escrutar lo escondido de las cosas, aun sin saberlo, está como guiado por la mano de Dios, que, sosteniendo todas las cosas, hace que sean lo que son"

57.- El reino de Dios ha llegado a vosotros. (04 jun 2021).

Jesús acompaña sus palabras con numerosos milagros, prodigios y signos que manifiestan que el reino está presente en él. Ellos atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado. Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado. Invitan a creer en Jesús. Concede lo que le piden a los que acuden a él con fe. Por tanto, los milagros fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: estas testimonian que él es Hijo de Dios. Pero también pueden ser ocasión de escándalo. No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos. A pesar de tan evidentes milagros, Jesús es rechazado por algunos, e incluso sele acusa de obrar movido por los demonios.

Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre, de la injusticia, de la enfermedad y de la muerte, Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo, sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado, que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas. La venida del reino de Dios es la derrota del reino de Satanás: Pero si por el Espíritu de Dios yo expulso los demonios, es que ha llegado a vosotros el reino de Dios.

58.- El cumplimiento de la Ley. (09 jun 2021).

No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Jesús, el Mesías de Israel, por lo tanto el más grande en el reino de los cielos, se debía sujetar a la Ley cumpliéndola en su totalidad hasta en los menores preceptos, según sus propias palabras. Incluso es el único en poderlo hacer perfectamente. El cumplimiento perfecto de la Ley no podía ser sino obra del divino Legislador que nació sometido ala Ley en la persona del Hijo. En Jesús, la Ley ya no aparece grabada en tablas de piedra, sino en el fondo del corazón del Siervo, quien, por aportar fielmente el derecho, se ha convertido en la Alianza del pueblo.

Jesús cumplió la Ley hasta tomar sobre sí mismo la maldición de la Ley eb la que habían incurrido los que no practican todos los preceptos de la Ley, porque ha muerto para remisión de las trasgresiones de la Primera Alianza. Jesús enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. La misma Palabra de Dios que resonó en el Sinaí para dar a Moisés la Ley escrita es la que en él se hace oír en el monte de las Bienaventuranzas: esta palabra no revoca la Ley, sino que la perfecciona aportando de modo divino su interpretación definitiva: Habéis oído también que se dijo... pero yo os digo. Con esta misma autoridad divina, desaprueba ciertas tradiciones humanas de los fariseos que anulan la Palabra de Dios.    

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