SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO
1.- Los que
querían matar al niño. (29
dic 2013).
Un ángel se apareció a José en sueños y le hizo saber que Herodes buscaba al Niñopara matarle: Levántate, le dijo, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Jesús justo recién nacido es perseguido a muerte. José obedeció al ángel inmediatamente e informó a su esposa. María tomó en sus brazos a Jesús y, mientras seguía llorando, los dos esposos, cerrando la puerta, tomaron el camino de noche.
Mi amado Jesús, tú eres el Rey del cielo, y ahora te veo como un fugitivo errante bajo los rasgos de un niño. ¿Qué buscas? Dímelo. Me emociono y me conmuevo viendo tu pobreza y tu anonadamiento; pero lo que más profundamente me aflige es la negra ingratitud con la que eres tratado por los mismos que tú has venido a salvar. Lloras, y yo también lloro por haber sido uno de los que te han menospreciado y perseguido; pero quiero que sepas que ahora prefiero tu gracia a todos los reinos de este mundo.
Perdóname todos los ultrajes que te he hecho. En el viaje que hago desde esta vida hasta la eternidad, permíteme llevarte en mi corazón, siguiendo el ejemplo de María, que te llevó en sus brazos en el camino de huida a Egipto. Mi amado Redentor, a menudo te he echado fuera de mi alma, pero ahora sé que tú has tomado posesión de ella. Te lo suplico: únela estrechamente a ti con las dulces cadenas de tu amor.
2.- Todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo. (23 ene 2014).
Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis, el mismo dios vendrá a salvaros. Se ha realizado esta profecía.¡alegraos, hijos de Adán, alegraos; lejos de vosotros todo desánimo! Desterrad de vosotros todo temor, Dios mismo vendrá y os salvará. ¿Cómo ha venido él mismo y os ha salvado? Dándoos la fuerza necesaria para hacer frente y superar todos los obstáculos para vuestra salvación. ¿Y cómo os ha procurado el Redentor esta fuerza? Siendo fuerte y todopoderoso, se hizo débil; cargó sobre él nuestra debilidad y os comunicó su fuerza.
Las heridas que el pecado provocó en el hombre lo debilitaron de tal manera que quedó incapacitado para resistir a sus enemigos. ¿Qué es lo que ha hecho el Verbo eterno, la Palabra de Dios? De fuerte y todopoderoso que era, se hizo débil; se revistió de la debilidad corporal del hombre para procurar al hombre, a través de sus méritos, la necesaria fuerza de alma; se hizo niño. Finalmente, al término de su vida, con la cruz sobre los hombros, falto de fuerza, cayó a lo largo del camino. Clavado en la cruz, no pudo liberarse. ¿Somos débiles? Pongamos toda nuestra confianza en Jesucristo y lo podremos todo: Todo lo que puedo en aquel que me conforta, decía el apóstol Pablo. Todo lo puedo no por mis propias fuerzas, sino con las que me han obtenido los méritos de mi Redentor.
3.- El Hijo del hombre no tiene dónde reposar su cabeza. (30 jun 2014).
Dios es él mismo su riqueza, porque él es el bien infinito. Este Dios, siendo rico, se hizo pobre haciéndose hombre, con el fin de enriquecernos a nosotros, miserables pecadores. Esto es lo que dice expresamente el apóstol san Pablo: Jesús se hizo pobre, siendo rico, con el fin de enriquecernos con su pobreza. ¿Cómo? ¡Un Dios llega al extremo de hacerse pobre! ¿Con qué intención? Difícil de comprender.
Los bienes de la tierra no pueden ser más que tierra y fango; pero este fango ciega totalmente a los hombres para que no vean los bienes verdaderos. Antes de la venida de Jesucristo, el mundo estaba totalmente en tinieblas, porque estaba lleno de pecados: Toda carne ha pervertido su conducta, es decir: todos los hombres habían oscurecido en ellos la Ley natural grabada en su interior por Dios. Vivían como bestias, únicamente preocupados en buscar placeres y bienes de aquí abajo, ignorando totalmente la existencia de bienes eternales. Por la divina misericordia el Hijo de Dios vino a disipar estas profundas tinieblas: Sobre aquellos que habitaban en tinieblas y sombras de muerte la luz ha resplandecido. Más este divino Maestro ha tenido que instruirnos, no sólo por la palabra, sino por los ejemplos de su vida.
4.- El primer mandamiento. (22 ago 2014).
Para poder amar mucho a Dios en el cielo, es necesario, en primer lugar, amarlo mucho en la tierra. El grado de nuestro amor a Dios, al final de nuestra vida, será la medida de nuestro amor de Dios durante la eternidad. ¿Queremos tener la certeza de no separarnos de este soberano Bien en la vida presente? Estrechémosle cada vez más por los vínculos de nuestro amor, diciéndole con la esposa del Cantar de los cantares: Encontré al amor de mi alma: lo abracé y no lo soltaré. ¿Cómo ha apresado la esposa sagrada a su amado? Con el brazo de la caridad; "es con el brazo de la caridad con lo que se apresa a Dios", afirma san Ambrosio.
Dichoso aquel que podrá escribir con san Pablo: Que los ricos posean sus riquezas, que los reyes posean sus reinos: pero para nosotros, ¡nuestra gloria, nuestra riqueza y nuestro reino es Cristo! Y con san Ignacio: "Dame sólo tu amor y tu gracia, eso me basta". Haz que te ame y que yo sea amado por ti; no deseo ni desearé otra cosa.
5.- Se lo has revelado a los más pequeños. (02 dic 2014).
¡Oh amable Jesús, tan despreciado por mí!, bajasteis del cielo para rescatarnos del infierno y daros por completo a nosotros, y ¿cómo pudimos tantas veces despreciaros y volveros las espaldas? ¡Ay de mí, que fui peor que los demás, por haber sido más amado y más ingrato!
Dijisteis que, cuando el pecador se arrepiente, os olvidáis de todos los ultrajes recibidos: ninguno de los pecados que cometió le será recordado. Si en lo pasado no os amé, en lo futuro no quiero hacer más que amaros. Ya que os disteis completamente a mí, os doy, a cambio, toda mi voluntad; con ella os amo, os amo, os amo y quiero repetir siempre: os amo, os amo. Quiero vivir siempre repitiendo lo mismo, y así quiero morir, lanzando el postrer suspiro con estas suaves palabras: Dios mío, os amo, para comenzar desde el punto en que entre en la eternidad con un amor continúo hacia vos que durará eternamente, sin dejar ya de amaros.
Entre tanto, Señor mío, único bien y único amo mío, me propongo anteponer vuestra voluntad a todos mis placeres. Venga todo el mundo, que yo lo rechazo, que no quiero ya dejar de amar a quien me ha amado tanto; ya no quiero disgustar a quien merece infinito amor. Secundad, Jesús mío, este deseo mío con vuestra gracia.
6.- Responder a la llamada de Dios para acoger al Salvador. (12 dic 2014).
Con un corazón ardiente, digamos con san Agustín: "Inflama nuestras almas". Verbo encarnado, te hiciste hombre para encender en nuestros corazones el fuego del amor divino, no ahorraste nada para hacerte amar; llegaste a sacrificar tu sangre y tu vida. ¿De dónde viene que los hombres permanecieran insensibles a tantos beneficios? ¿Acaso los ignoran? No, saben y creen que, por amor a ellos, viniste del cielo revestido de carne humana y cargaste con sus miserias; saben que, por amor para ellos, quisiste llevar una vida de continuos sufrimientos y sufrir una muerte ignominiosa.
Entonces, ¿cómo explicar que viven en un olvido completo e tu extrema bondad? Quieren a sus parientes, quieren a sus amigos, aman incluso a los animales. ¡Sólo hacia ti no muestran amor ni recogimiento! Pero ¿qué digo? Acusando a otros de ingratitud, yo mismo me condeno, ya que mi conducta hacia ti fue peor que la suya. No obstante, tu misericordia me devuelve el coraje; sé que me sostuvo mucho tiempo, con el fin de perdonarme y de abrasarme en tu amor, con la única condición de que quiera arrepentirme y quererte. María, Madre mía, eres la Madre del Amor hermoso, obtenme la gracia de amar a mi Dios; es lo que espero de ti.
7.- El hombre se levantó y lo siguió. (17 ene 2015).
Mi querido Redentor, he aquí mi corazón, te lo doy entero; ya no me pertenece, es tuyo. Entrando en el mundo, te ofreciste al Padre eterno, como nos dices por boca de David: Está escrito de mí, en el libro de la Ley, aquí estoy para hacer tu voluntad. Es lo que siempre he querido, oh Dios mío. De la misma manera, mi querido Salvador, te ofrezco hoy toda mi voluntad. En otro tiempo te fue rebelde, te ofendía. Ahora siento de todo corazón el uso que hice de ella, todas las faltas que miserablemente me privaron de tu amistad. Me arrepiento profundamente, y esta voluntad te la consagro sin reserva.
Señor, ¿Qué quieres que haga? Señor, dime qué me pides: estoy dispuesto a hacer todo lo que deseas. Dispón de mí y de lo que me pertenece como gustes: lo acepto todo, consiento en todo. Sé que buscas mi mayor bien: pongo, pues, totalmente mi alma en tus manos. Por tu misericordia, ayúdala, consérvala, haz que te pertenezca siempre y sea toda tuya, ya que la rescataste, Señor, Dios de la verdad, al precio de tu sangre.
8.- Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón. (13 mar 2015).
Los grandes de la tierra se vanaglorian de poseer reinos y riquezas. Jesucristo toda su felicidad en reinar sobre nuestros corazones; es el reino que ansía y que decidió conquistar por su muerte en la cruz. Tertuliano dice que mientras los monarcas de la tierra "llevan el cetro en la mano y la corona sobre la cabeza como emblemas de su poder, Jesucristo llevó la cruz sobre sus hombros. Y la cruz fue el trono donde subió para fundar su reinado de amor". Apresurémonos, pues, a consagrarse todo el amor de nuestro corazón a este Dios que, para obtenerlo, sacrificó su sangre, su vida, a él mismo.
Si conocieras el don de Dios, decía Jesús a la Samaritana, y quién es el que te dice: "Dame de beber", es decir: Si supieras la grandeza de la gracia que recibes de Dios. ¡Si el alma comprendiera qué gracia tan extraordinaria le hace Dios cuando reclama su amor en estos términos: Amarás al Señor, tu Dios! ¿Quién al escuchar a su príncipe decirle: "Ámame" no quedaría cautivado por esta invitación? ¿No ganaría Dios nuestro corazón si nos lo pidiera con tanta bondad: Hijo mío, dame tu corazón? Pero este corazón, Dios no lo quiere a medias; lo quiere entero, sin reserva; éste es su mandamiento: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón.

9.- Muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis. (1 dic 2015).
El Hijo de Dios se hizo pequeño para darnos su grandeza; se entregó a nosotros con el fin de que nosotros nos entregáramos a él; vino a demostrarnos su amor con el fin de que respondamos con el nuestro. Jesús vino bajo la apariencia de un niño para mostrarnos su gran deseo de colmarnos de sus bienes, pues en él están encerrados todos los tesoros. ¿Deseamos la luz? Ha venido a alumbrarnos. ¿Deseamos más fortaleza para resistir a nuestros enemigos? Vino a fortalecernos. ¿Deseamos el perdón y la salvación? Vino a perdonarnos y salvarnos. ¿Deseamos, en fin, el don supremo, el don del amor divino? Ha venido a abrasar nuestros corazones.
Se hizo niño porque quiso mostrársenos en un estado muy pobre y muy humilde para desterrar de nosotros todo temor y ganar nuestro afecto. Todos los niños provocan el afecto de quienes los rodean; así pues, ¿quién no amará con gran ternura a un Dios hecho niño, tiritando de frío, pobre, despreciado, abandonado, lloroso y gimiente en un pesebre, sobre paja? Este espectáculo empujaba a san Francisco a exclamar: "¡Amemos al Niño de Belén!" Venid, cristianos, venid a adorar a un Dios hecho niño, que se ha hecho pobre por nosotros, un Dios todo amor, bajado del cielo para dársenos por entero.
10.- El Hijo del hombre vino para dar su vida. (25 may 2016).
El Señor eterno se ha dignado presentarse ante nosotros, primero como un niño en un establo, después como un simple obrero en un taller, más tarde como un criminal muriendo en la horca, y finalmente como pan en una ofrenda. Aspectos éstos que no tienen más que un objetivo: el de mostrar el amor que tiene por nosotros. Oh, Señor, ¿puedes inventar alguna cosa más para que te amemos? Almas redimidas, dad a conocer por todas partes las obras de amor de este Dios lleno de amor. Él las concibió y realizó para que todos los hombres se amaran, él que, tras haberlos colmado de sus favores, se donó a sí mismo, ¡y de tantas maneras!
Decía san Ambrosio: "Enfermo o herido, ¿deseas curarte? Jesús es la medicina: él te sana con su sangre. ¿La fiebre te quema? Él es la fuente refrescante. ¿Te atormentan las pasiones y problemas de este mundo? Él es la fuente de los consuelos espirituales y del verdadero bienestar. ¿Temes a la muerte? Él es la vida. ¿Aspiras a llegar al cielo? Él es el camino". Jesucristo no sólo se dio a todos los hombres en general; él se da también a cada uno en particular. Por eso san Pablo dijo: Él me amó y se entregó a sí mismo por mí. Y san Juan Crisóstomo afirma que "Dios nos ama tanto a cada uno de nosotros como a toda la humanidad". Así, mi querido hermano, si hubieras estado solo en el mundo, el divino Redentor habría venido, habría dado su sangre y su vida sólo por ti.
11.- El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza. (27 jun 2016).
Hay sobre la tierra príncipes compasivos, para los que es una alegría dedicar sus tesoros al alivio de los pobres; ¿pero hemos encontrado alguna vez un rey que, para aliviar a los pobres, adoptara su condición, como lo hizo Jesucristo? Contamos como un prodigio de caridad que el rey san Eduardo, encontrando en su camino a un mendigo paralítico y abandonado por todos, lo tomó afectuosamente sobre sus hombros y lo llevó a la iglesia. Pero después de este acto, san Eduardo no abandonó la realeza, ni las riquezas que poesía.
Por el contrario, Jesús, Rey del cielo y de la tierra, para salvar al hombre, su oveja perdida, no se contenta con descender del cielo en su búsqueda y ponerla sobre su hombro: no duda en librarse de su majestad, de sus riquezas y de sus honores. Se hace pobre, el más pobre de todos los hombres. San Pedro Damián dice que esconde su púrpura, es decir, su majestad divina, bajo la apariencia de un pobre obrero. Santo Gregorio Nacianceno exclama: "El mismo que da a los ricos sus riquezas escoge la pobreza con el fin de obtenernos por sus méritos no los bienes terrenales y perecederos de aquí abajo, sino los bienes celestes que son inmensos y eternos". Su ejemplo nos invita a desprendernos de las riquezas de este mundo que nos ponen en peligro d perdernos para siempre.
12.- Dará a luz a un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. (18 dic 2016).
El nombre de Jesús es nombre divino, anunciado a María de parte de Dios por el arcángel san Gabriel; y por esto dijo san Pablo, que era nombre sobre todo nombre, en el que solamente se halla la salvación. Este nombre es comparado por el Espíritu Santo al aceite, por la razón, dice san Bernardo, de que así como el aceite es luz y comida, y también medicina; así el nombre de Jesús es luz para el entendimiento, alimento para el corazón y medicina para el alma.
Es luz para el entendimiento, pues con este nombre se convirtió el mundo, sacándole de las tinieblas de la idolatría a la luz de la fe. Nosotros que hemos nacido en estas regiones, donde antes de la venida de Jesucristo, todos nuestros antepasados eran gentiles, seríamos aún tales, si no hubiese venido el Mesías a iluminarlos. ¡Cuánto, pues, debemos agradecer a Jesucristo el don de la fe!...
Es también el nombre de Jesús alimento que nutre nuestros corazones; porque él nos recuerda lo que Jesús ha hecho por salvarnos. De aquí es que nos consuela este nombre en las tribulaciones, nos da fuerza para andar por el camino de la salvación, nos anima en las desconfianzas, nos enciende para amar, recordando lo que ha padecido nuestro Redentor por salvarnos.
Este nombre, finalmente, es medicina para el alma, haciéndola fuerte contra las tentaciones de nuestros enemigos. Tiembla el infierno, y huye al invocar este santo nombre, según aquello que dice el Apóstol: Al nombre de Jesús se doblará toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos. El que es tentado y llama a Jesús, no cae, y quien siempre le invocare no caerá y se salvará.

13.- He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
(04 ene 2017).
Señor, yo soy la oveja que, por andar tras mis placeres y caprichos, me he perdido miserablemente; más tú, Pastor y juntamente Cordero divino, eres aquel que ha venido del cielo a salvarme, sacrificándote como víctima sobre la cruz en satisfacción de mis pecados. Si quiero enmendarme, ¿qué debo temer? ¿Por qué no debo confiarlo todo a vos, mi Salvador, que has nacido a propósito para salvarme? ¿Qué mayor señal de misericordia podías darme, oh dulce Redentor mío, para inspirarme confianza, que darte tu mismo?
Yo te he hecho llorar en el establo de Belén; pero si has venido a buscarme, yo me arrojo confiado a tus pies; y aunque te vea afligido y envilecido en ese pesebre, reclinado sobre la paja, te reconozco por mi Rey y Soberano. Oigo ya esos dulces vagidos tuyos, que me convidan a amarte, y me piden el corazón. Aquí lo tienes, Jesús mío. Hoy lo presento a tus pies; múdalo, inflámalo tú, que a este fin has venido al mundo, para inflamar los corazones con el fuego de tu santo amor. Oigo también que desde ese pesebre me dices: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. Y yo respondo: ¡Ah, Jesús mío! Y si no te amo a ti, que eres mi Dios y Señor ¿a quién he de amar?
14.- Vieron al niño, con María su madre, y cayendo de rodillas, lo adoraron. (06 ene 2021).
Niño digno de amor, bien pobre y despreciado; pero la fe me enseña que tú eres mi Dios bajado del suelo para mi salvación. Te reconozco como mi soberano Señor y mi Salvador; te proclamo como a tal, pero no tengo nada para ofrecerte. No tengo el oro del amor, puesto que amo las cosas de este mundo; solo amo mis caprichos en lugar de amarte a ti, infinitamente digno de amor. Tampoco tengo incienso de la oración porque, por desgracia, he vivido sin pensar en ti. Tampoco tengo la mirra de la mortificación, puesto que por no haberme abstenido de placeres miserables, he entristecido numerosas veces a tu bondad infinita. ¿Qué puedo ofrecerte, pues?
Jesús mío, te ofrezco mi corazón, muy sucio, completamente desprovisto como está; acéptalo y cámbialo, puesto que has venido hasta nosotros para lavar con tu sangre nuestros corazones culpables, y así transformamos de pecadores en santos. Dame, pues, ese oro, ese incienso, esa mirra que me faltan. Dame el oro de tu santo amor; dame el incienso, el espíritu de oración; dame la mirra, el deseo y las fuerzas para mortificarme en todo lo que no te complace. Oh Virgen santa, tú has acogido a los piadosos reyes magos con vivo afecto y los has llenado: dígnate acogerme y consolarme también a mí, siguiendo su ejemplo, vengo a visitar y ofrecerme a tu Hijo.
15.-El hombre se levantó y lo siguió. (16 ene 2021).
Mi querido Redentor, he aquí mi corazón. te lo doy entero: ya no me pertenece, es tuyo. Entrando en el mundo, te ofreciste al Padre eterno, ofreciste y diste toda tu voluntad, como nos enseñas por boca de David: De mí está escrito en el Libro de la ley, que cumpliré tu voluntad. Es lo que siempre he querido, mi Dios. De la misma manera, mi querido Salvador, te ofrezco hoy toda mi voluntad. En otro tiempo te fue rebelde, por ella te ofendía. Ahora, me arrepiento de todo corazón por el uso que hice de ella, y de todas ls faltas que miserablemente me privaron de tu amistad. Me arrepiento profundamente, y esta voluntad te la consagro sin reserva.
Señor, ¿qué quieres que haga? Señor, dime qué me pides: estoy dispuesto a hacer todo lo que deseas. Dispón de mí y de lo que me pertenece como gustes: lo acepto todo, consiento en todo. Sé que buscas mi mayor bien: pongo, pues, totalmente mi alma en tus manos. Por tu misericordia, ayúdala, consérvala, haz que te pertenezca siempre, y sea toda tuya, ya que la rescataste, Señor, Dios de la verdad, al precio de tu sangre.
16.-Todos los que sufrían de algo, se abalanzaban para tocarlo. (21 ene 2021).
¡Alegraos, hijos de Adán, alegraos; lejos de vosotros todo desánimo! Viendo vuestra debilidad e impotencia para resistir a tantos enemigos, desterrad de vosotros todo temor, Dios mismo vendrá y os salvará. ¿Cómo vino y os ha salvado? Dándoos la fuerza necesaria para superar todos los obstáculos para vuestra salvación. ¿Y cómo os ha procurado esta fuerza el Redentor? Siendo fuerte y todopoderoso, se hizo débil; cargó, sobre sí nuestra debilidad y nos comunicó su fuerza.
Las heridas que el pecado provocó en el hombre lo debilitaron de tal manera que se quedó incapaz de resistir a sus enemigos. ¿Qué hizo el Verbo eterno, la Palabra de Dios? Siendo fuerte y todopoderoso, se revistió de la debilidad corporal del hombre para procurar al hombre, a través de sus méritos, la necesaria fuerza del alma: se hizo niño. Finalmente, al término de su vida, con la cruz sobre los hombros, falto de fuerzas, cae a lo largo del camino. Clavado en la cruz, no puede liberarse. ¿Somos débiles? Pongamos toda nuestra confianza en Jesucristo y lo podremos todo: Todo lo puedo en aquel que me conforta, decía el apóstol Pablo. Todo lo puedo, no por mis propias fuerzas, sino con las que me han abtenido los méritos de mi Redentor.
