SAN ASTERIO DE AMASEA
1.-Si tu
hermano te ofende.......lo perdonarás.
(11 nov 2013)
Vosotros, que sois ásperos e incapaces de dulzura, aprended de la bondad de vuestro Creador y no seáis para vuestros compañeros de servivio jueces y árbitros desabridos, sino esperad a que venga el que va a desvelar los recoveco del corazón y que sea él mismo, el Todopoderoso, quien señale a cada uno su lugar en la otra vida. No juzgueis severamente ppara que no seais juzgados de la misma forma y traspasados por las palabras de vuestra propia boca como si fueran dientes afilados. Porque contra esta clase de mal parece nos quiere poner en guardia esta palabra del Evangelio: No juzguéis y no sereis juzgados.
Al decir esto no se quiere rechazar ni el discernimiento ni la sabiduría; lo que él llama juicio es una condenación demasiado severa. Aligera, pues tanto como te sea posible, el peso de tu medida si quieres que tus actos no pesen demasiado en la balanza cuando nuestra vida sea pesada como sobre una balanza, en el juicio de Dios. No rechaces ser misericordioso a fin de que no seas excluido del perdón cuando tengas necesidad de él.
2.- Imitar la paciencia de Dios. (28 feb 2016).
Si queréis pareceros a Dios, vosotros que habéis sido creados a su imagen y semejanza, imitad a vuestro modelo. Sois cristianos y este nombre significa "amigos de los hombres": imitad el amor de Cristo.Considrad los tesoros de su bondad. ¿Cómo acogía a los que se acercaron a él? Les concedía fácilmente el perdón de sus pecados, los libraba al instante inmediatamente, de sus sufrimientos. Imitemos la actitud pastoral del Maestro.
Contemplo en las parábolas el pastor de las cien ovejas. Una de entre ellas se ha descarriado y separado del rebaño. El pastor no se quedó con aquellas que estaban en el buen camino. Se fue en busca de la descarriada, bajando a los barrancos y precipicios, escalando las cimas rocosas, afrontando intrépido los desiertos hasta que la encontró. Y habiéndola encontrado, sin golpearla ni empujarla violentamente hacia el rebaño, se la echa a los hombros, lleno de alegría, y la conduce entre sus compañeras, más contento por ella que por todas las demás. No desesperemos de las personas, no dejemos en el abandono a los que están en peligro. Busquemos ardientemente a aquel que está amenazado reconduciéndolo al buen camino, alegrémonos de su regreso introduciéndolo de nuevo en la comunidad de los creyentes.
